martes, 21 de abril de 2015

San Jorge

La leyenda de San Jorge, forjada en Oriente y difundida en Occidente de forma amplia a raíz de las Cruzadas, aúna la descripción del martirio del santo y el mito pagano de la victoria sobre el dragón, cristianizado a su vez por las fuentes medievales. La versión más antigua de la pasión del mártir es la de Pasícrates, tachada de extravagante por la Iglesia. Incluye sin embargo un dato de importancia: el martirio de San Jorge tuvo lugar el octavo día antes de las calendas de mayo a la hora sexta; es decir el 23 de abril al mediodía.

La Iglesia prefirió las denominadas Actas Griegas de San Jorge, conservadas en la edición de Lipomano y Surio, según un manuscrito vaticano en latín. No obstante la popularización de San Jorge vino definitivamente con la difusión de La Leyenda Dorada de Santiago de La Vorágine en el siglo XIII.

San Jorge parece ser el trasunto de un personaje histórico poco conocido, no obstante. La reinterpretación legendaria mezcla dichas reminiscencias con mitos. San Jorge habría nacido en Capadocia y habría sido instruido en la piedad cristiana por su madre, con la que marchó a Palestina, tras la muerte del padre. Por su origen noble fue nombrado tribuno militar. Rico heredero, al morir su madre, entró al servicio del emperador romano. Pero cuando ve las crueldades a que son sometidos los cristianos, reparte su riqueza y se enfrenta a las autoridades y al propio emperador.

Las fuentes hagiográficas recogen con variantes los terribles martirios a que San Jorge es sometido por defender su fe: atado a una rueda de cuchillos, arrojado a cal viva, sumergido en plomo ardiente, obligado a beber veneno, y finalmente, tras provocar conversiones y resurrecciones, es decapitado. La leyenda del dragón convirtió a San Jorge en un caballero vencedor de la tiranía. La ciudad Libia de Silca estaba domeñada por un terrible dragón que se ocultaba en un gran lago. El monstruo despedía un terrible hedor que infestaba todos los alrededores. Había que alimentarlo para que no fuese a reclamar su comida a la ciudad. 

Llegó un momento que no hubo más alimento para el dragón que los propios habitantes de Silca, quienes debían sortearse el sacrificio. Un día la mala suerte recayó en la hija del rey. La princesa, resignada a su destino, se disponía ya a cumplir su terrible deber, cuando apareció San Jorge. La doncella le contó la terrorífica historia y el santo caballero se enfrentó al dragón al que doblegó y entrego prisionero y moribundo a la princesa para que lo condujera a la ciudad. Cuando todos los habitantes de Silca se hubieron convertido, San Jorge mató al dragón.

Este episodio del dragón llega a Occidente desde Siria en el siglo XI por medio de los cruzados. Simbólicamente el dragón enlaza con la idea oriental, especialmente sumerias, del gran adversario, y del caos primigenio de la cosmología mesopotámica. En el texto de la Leyenda Dorada alude a la peste, a las frecuentes y mortíferas plagas medievales.

La idea de enemigo primordial, y de la lucha heroica desplegada contra él, está además en relación con todos los mitos solares del Mediterráneo oriental, y es por extensión la representación del enemigo de Cristo y su pueblo. Enlaza por tanto con la lucha de la reconquista en territorio peninsular y con el milagro de la Batalla de Alcoraz en tierras aragonesas.

La batalla de Alcoraz tuvo lugar en el año 1096 en las cercanías de Huesca.  El ejército aragonés asediaba la ciudad, dirigido por el rey Sancho Ramírez, desde el campamento establecido en el cerro de San Jorge. El combate queda trabado cuando llegan las tropas musulmanas desde Zaragoza y en él pierde la vida el rey Sancho Ramírez. La tradición asegura la aparición de San Jorge en la batalla, ganada por los cristianos.

Tras Alcoraz, y sobre todo a partir del siglo XIII, se populariza la protección de San Jorge sobre la Corona de Aragón, dando lugar a nuevas tradiciones sobre apariciones en combates. Jaime I, cronista y rey, cuenta que en la campaña contra Valencia algunos nobles y caballeros entre aragoneses y catalanes le explicaron que cuando ellos "estuviesen en un monte que ahora se llama Santa María del Puig, y contra ellos viniese toda la morisma, en la gran batalla se que se entabló entre ellos, se apareció San Jorge con muchos caballeros del paraíso que ayudaron a vencer en la batalla en la que no murió cristiano alguno".

El mismo Jaime I narra que en la conquista de Mallorca, "según le contaron los sarracenos, estos vieron entrar primero a caballo a un caballero blanco con armas blancas". Para el rey este caballero fue San Jorge, "pues encuentro en otras historias que en otras batallas lo han visto muchas veces cristianos y sarracenos".

Aragón quedó ligado a la figura de San Jorge a raíz de la tradición de la aparición del santo caballero en la batalla de Alcoraz. Alusiva a este episodio es la divisa de la cruz de San Jorge (cruz roja sobre fondo blanco) y las cuatro cabezas de moros. La divisa, convertida en la de Aragón, será citada en las Ordinaciones de Pedro IV el Ceremonioso, rey devoto de San Jorge.

Con ocasión del enfrentamiento con Pedro I de Castilla, el Ceremonioso envío cartas a sus ejércitos para que portasen "señeras con la señal de San Jorge" (1356-1359). Los reyes aragoneses adoptarán además como emblema el dragón - el drac- que aparecerá en las cimeras de sus vestimentas ornamentales. San Jorge presidirá la capilla del palacio zaragozano de La Aljafería y será invocado en todas las iglesias del Reino buscando su intercesión en favor de las victorias aragonesas. También será el patrón de la expedición a Grecia.

La devoción a San Jorge era casi exclusiva del monarca y los caballeros. Durante el siglo XIII las modas caballerescas favorecen la aparición de cofradías y órdenes militares, muchas de ellas bajo el patronazgo del santo. En la renovación de la caballería desempeñará un papel importante una obra, atribuida a Pedro IV, titulada "Obra de mosén Jordí e de cavalleria". Anterior a 1371 es la "empresa" también de Pedro IV que establece que "al servicio de Dios y de nuestra dueña Santa María y en reverencia del bienaventurado mosén San Jorge, se haga una empresa de nobles y de caballeros escritos en la forma que se dice y que se llame a los inscritos caballeros de San Jorge". De especial importancia fue también la fundación en Huesca de la Cofradía de San Jorge, mencionada ya en 1243. Otra cofradía dedicada a San Jorge se instituyó en Teruel en 1263 con la protección del rey Jaime I.

En el siglo XV se constituye en Zaragoza la cofradía de Justadores, bajo el patrocinio de San Jorge. Cuando a comienzos del siglo XVI, Fernando II confirma su normativa, se ha convertido ya en el Capítulo de Caballeros e Infanzones de San Jorge. Llegó a reunir a la baja y alta nobleza aragonesa.

El influjo de la tradición Georgina se advierte en la misma Diputación del Reino aragonés, que adoptará la simbología del santo en los sellos de validación de sus documentos, erigirá una capilla en su honor y dará su nombre a la sala principal del palacio, donde en un lugar privilegiado se colocará una imagen de San Jorge.

martes, 14 de abril de 2015

San Gregorio de Narek

Se le supone nacido en Armenia hacia el 944, y murió en Narek, sobre el lago Van (Turquía), en 1010. Fue hijo del obispo de Ansevatsik, que se llamaba Cosroes. Desde muy pequeño lo tomó bajo su protección su tío materno, Ananías el Filósofo, que era abad del monasterio de Narek. Allí fue instruido de modo especial en el conocimiento de las Santas Escrituras, se distinguió por su rigor ascético, y por su espíritu de oración. Gregorio pasó toda su vida tras los muros del monasterio.

Después de ser ordenado sacerdote, lo hicieron formador de los novicios que deseaban entrar en la vida monástica. Su fama de santidad y sabiduría trascendió las paredes de Narek, pasó a los monasterios vecinos y se convirtió sin pretenderlo en reformador de monjes. Por la envidia de su sabiduría, y debido también a la estricta observancia de las normas de vida conventual, se ganó la enemistad de algunos que abrieron contra él una auténtica persecución; le llegaron a acusar injustamente de herejía, y aquella campaña terminó con la deposición de sus cargos.

Es uno de los grandes poetas de la literatura universal. Su obra poético-literaria se encuentra dispersa en el extensísimo Libro de oraciones; sus más de veinte mil versos, los compuso en poco más de tres años. Cuenta el sinaxario armenio, que los obispos desearon conocer la clase de herejía que profesaba Gregorio de Narek; comisionaron a dos monjes sabios de su total confianza para que se entrevistaran con él y descubrieran sus errores. Aquellos buenos delegados temían una entrevista formal con quien tenía fama de recto y sabio; prefirieron hacer otras cuentas y someterlo a una especie de juicio de Dios. Idearon hacerle un exquisito paté de pichón y dárselo a comer en cuaresma; el asunto consistía en que, si Gregorio se comía el paté, sería hereje; si lo rechazaba, demostraría su fidelidad a la doctrina.

Se refiere que, nada más verlos entrar en su celda, Gregorio dejó su oración, se puso en pié, abrió la ventana y dio unas palmadas en el aire, mientras gritaba a los pájaros: "Venid, pajaritos, a jugar con el pescado que se come hoy". Entendieron aquellos monjes que el modo de resolverse la trampa era testimonio más que evidente de su santidad, y tomaron buena cuenta de su inocencia, porque un hereje nunca hubiera podido realizar tal gesto. Y bien pudo ser así; porque, aunque el premio prometido comienza a disfrutarse detrás de los linderos de esta vida, algunas veces el buen Dios concede un anticipo tanto para mostrar su grandeza, como para dar un respiro de justicia a los que le son fieles.

Van Morrison: Duets

El álbum elegido para el programa de esta semana es: Van Morrison: Duets

Frank Sinatra, Tony Bennett, Barbra Streisand, Nat King Cole, B.B. King, Smokey Robinson… Grandes de la música del último siglo tienen su correspondiente CD de duetos. ¿Por qué no Morrison, alguien con una trayectoria que puede competir con los citados? El proyecto surgió hace dos años, cuando participó en un festival de blues con Bobby Womack, Mavis Staples y Natalie Cole. Desde entonces, “quería trabajar con ellos”. Con este trío nació el proyecto de duetos, pero “problemas de agenda” lo han dilatado en el tiempo. “Ha sido difícil y se ha quedado gente fuera porque si no el disco habría sido doble o triple”, explica Morrison.

Elegida la gente, de varias generaciones y estilos, había que dilucidar qué canciones -de sus alrededor 360- compartiría. De entrada, optó por renegar de sus éxitos. En Duets no están Caravan, Bright side of the road, Moondance, Into the mystic… “La idea era trabajar mi repertorio de otra manera. Tenía que ver con pasarlo bien grabándolo y trabajar algunas canciones más olvidadas. Si no, nadie lo iba a hacer”, apostilla el irlandés, que incluye temas desde 1970 a alguno del último lustro.

‘Duets’ fue grabado a lo largo de 2014 entre Belfast y Londres, utilizando nuevos arreglos y con la participación de numerosos músicos Duets, subtitulado Re-working the catalogue, fue grabado en su ciudad natal de Belfast y Londres a lo largo de 2014, utilizando nuevos arreglos y acompañándose de una variedad de músicos, bajo la producción de los reputados Don Was y Bob Rock. El irlandés -de “la escuela de John Lee Hooker”, uno de sus ídolos, con quien llegó a colaborar- abogó por “entrar en el estudio, grabar rápido y salir a comer algo, como sucedió con George Benson”, recuerda.

En la mayoría de los casos, compartió estudio y micrófono con los invitados -“era lo ideal, lo hicimos siempre que pudimos, no el caso de Steve Winwood, un buen amigo mío desde los 60”- y, en el caso de Benson, utilizó el grupo del guitarrista, en lugar del propio. “Estaba en Londres con toda la banda y salió muy bien”, apostilla.

Duets se abre y se cierra con dos artistas míticos. Se inicia con Van y Bobby Womack compartiendo Some peace of mind, con el ritmo reforzado, preciosas cuerdas y el aroma soul que imprime Womack, fallecido el año pasado. Y concluye en clave blues compartiendo How can a poor boy con la voz y la armónica de Taj Mahal. En el camino hay de todo, con piezas sobresalientes, como Lord, if I ever needed someone, clásico del disco His Band and the Street Choir, junto a la mítica Mavis Staples, en clave baladón soul de espíritu y letra gospel.

Igualmente mágicas suenan The eternal Kansas City, de A period of transition (1977), con Gregory Porter, un swing poderoso con puente a lo Big Band; Get on with the show, con su sabor retro, a guateque, compartido con su excolaborador Georgie Fame y un final divertidísimo; y Streets of Arklow, con Mick Hucknall (cantante de Simple Red), que evoca al aroma de su juventud con una flauta deliciosa, la voz dotada de Mick y la capacidad de sugestión de aquellas imágenes poderosas de Van en los 70, donde Dios, los gitanos, la mística, el amor y la naturaleza confluían de manera armónica.

El disco mantiene el tipo también con sus dos curiosidades: la participación de la hija de Van, Shana Morrison, en Rough God goes riding, lírica y folkie -con aita a la guitarra acústica-, igual que Irish heartbeat, con Knopfler; y la de P.J. Proby en el tema que le dedicó el irlandés, Whatever happened to P.J. Proby. No menos disfrutables son Born to sing, con el veterano y exThunderbirds Chris Farlowe y Real real gone, con Michael Bublé, un r&blues pegadizo y comercial que remite a James Brown, Sam Cooke, Wilson Picket y Solomon Burke. Por el contrario, encandilan menos las colaboraciones con Natalie Cole o las jóvenes Jess Stone y Clare Teal.

Material gentileza de Jazz46
Para pedidos: jazz46@redesdelsur.com

La Orden de los Benedictinos

Es la orden religiosa, dedicada a la contemplación, fundada por Benito de Nursia, que sigue la Regla dictada por éste a principios del siglo VI para la abadía de Montecassino. Benito de Nursia contribuyó decididamente a la evangelización cristiana de Europa, por lo que es patrón de Europa. Actualmente la Orden está extendida por todo el mundo, con monasterios masculinos y femeninos.

Siguiendo su ejemplo e inspiración, diversos fundadores de órdenes religiosas han basado la normativa de sus monasterios en la Regla dejada por Benito, cuyo principio fundamental es Ora et labora, es decir, Oración y Trabajo. Los monasterios benedictinos están siempre dirigidos por un superior que, dependiendo de la categoría del monasterio, puede llamarse prior o abad; este es escogido por el resto de la comunidad. El ritmo de vida benedictino tiene como eje principal el Oficio Divino, también llamado Liturgia de las Horas, que se reza siete veces al día, tal como San Benito lo ordenó. Junto con la intensa vida de oración en cada monasterio, se trabaja arduamente en diversas actividades manuales, agrícolas, etc., para el sustento y el autoabastecimiento de la comunidad.

Durante el transcurso de su historia, la Orden Benedictina ha sufrido numerosas reformas, debido a la eventual decadencia de la disciplina en el interior de los monasterios. La primera reforma importante fue la hecha por Odón de Cluny en el siglo X; esta reforma, llamada cluniacense (nombre proveniente de Cluny, lugar de Francia donde se fundó el primer monasterio de esta reforma, en el que Odón fue el segundo abad), llegó a tener un gran influjo, hasta el punto que durante gran parte de la Edad Media prácticamente todos los monasterios benedictinos estaban bajo el dominio de Cluny.

Tanto poder adquirido llevó a la decadencia de la reforma cluniacense, que encontró una importante contraparte en la reforma cisterciense, palabra proveniente de Císter, lugar de Francia donde se estableció el primer monasterio de esta reforma. San Roberto de Molesmes, san Alberico y san Esteban Harding fueron los fundadores de la Abadía de Císter en 1098. Buscaban apartarse del estilo cluniacense, que había caído en la indisciplina y el relajamiento de la vida monástica. El principal objetivo de los fundadores de Císter fue imponer la práctica estricta de la Regla de San Benito y el regreso a la vida contemplativa.

La reforma cisterciense subsiste hasta hoy como orden benedictina independiente, dividida igualmente en dos ramas: la Orden del Císter y la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, también conocidos como Trapenses. Se les llama también "benedictinos blancos", debido al color de su hábito, en contraposición a los demás monjes de la Orden de San Benito, a quienes se llama "benedictinos negros".

Después de agitados períodos de la historia, como la Reforma en Alemania y los Países Bajos, la expulsión o ejecución de religiosos católicos por Enrique VIII en Inglaterra o, mucho después, del período revolucionario en Francia, así como también la decadencia de la disciplina en los monasterios, llevó a que se diezmara la población de monjes. Después de la Revolución francesa y a partir de 1833, hubo un nuevo renacer de la orden benedictina en Solesmes, Francia.

El Bombardeo de Guernica


Llamada (Operación Rügen) fue un ataque aéreo realizado sobre esta población vasca el 26 de abril de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española, por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor de los sublevados. Las estimaciones actuales de víctimas cifran los fallecidos en un rango que abarca de los 120 a los 300 muertos, 126 según el estudio más reciente y exhaustivo.

Este no fue el primer bombardeo en alfombra para destruir una población civil, pues de hecho constituía un objetivo militar vital en ese momento, a fin de cortar la retirada y el aprovisionamiento a las tropas del Frente Popular en la campaña de Vizcaya. Sin embargo, gracias a la calificación como "ataque a la población civil", la repercusión internacional que alcanzó este bombardeo unido a su utilización propagandística, ha hecho que sea una masacre mundialmente conocida y considerada como un icono antibélico.

Debido a ello, la tragedia fue instrumentalizada por ambos bandos y mitificada con fines propagandísticos. En un principio los sublevados atribuyeron la destrucción de la ciudad a los republicanos, como había sucedido en Eibar e Irún, pero pronto se reveló al mundo la realidad de los hechos debido a la presencia en Bilbao de varios periodistas ingleses de importancia como George Steer (The Times). El gobierno de Juan Negrín utilizó el bombardeo como insignia del antifranquismo, adaptando Pablo Picasso uno de sus cuadros para la Exposición Internacional de París de 1937. Esta obra se convertiría en uno de los iconos más sobresalientes de la pintura del siglo XX y del antibelicismo.

Tampoco fue el primer bombardeo contra civiles que habían llevado a cabo los aliados de los nacionales en Vizcaya, dado que un mes antes aviones italianos habían bombardeado Durango el 31 de marzo durante 20 minutos, causando unos 294 muertos). Tampoco fue la primera vez que la población civil fue atacada (en febrero de 1937, la misma Legión Cóndor había ametrallado a la columna de refugiados civiles en la carretera entre Málaga y Almería causando cientos de víctimas). Ni tampoco fue la última, puesto que en 1938 las ciudades de Barcelona, con los bombardeos de marzo y Alicante, con el bombardeo del 25 de mayo, fueron también los civiles los objetivos. Del mismo modo, cabe señalar que la aviación republicana ya había realizado bombardeos sobre poblaciones bajo control "nacional" como Oviedo, Zaragoza o Córdoba, en agosto de 1936, y en 1938 arrasaría la población de Cabra.

Guernica, capital cultural e histórica vasca, tenía antes del ataque una población de unas 5.000 personas, a las que habría que añadir un gran número de tropas, que se retiraban para preparar la defensa de Bilbao, y refugiados que huían del avance de las tropas franquistas. En ese momento no tenía ningún tipo de defensa antiaérea, aunque sí tenía tres fábricas de armas, una de ellas de bombas de aviación.

La Legión Cóndor tenía como jefe del Estado Mayor al Teniente Coronel Wólfram von Richthofen (primo del histórico aviador de la Primera Guerra Mundial Manfred von Richthofen, más conocido como el Barón Rojo), que ordenó, al parecer, el bombardeo y que en su diario personal admitía que en Guernica se había portado "muy maleducadamente". El ataque empezó a las 4:30 de la tarde. Aunque posteriormente se dijo que el objetivo de la operación era la simple voladura de un puente, el hecho real es que tanto el puente como una fábrica de armas, situada en las afueras de la población, resultaron intactos, siendo muy improbable que las bombas lanzadas a 3.600 metros de altura impactaran en un puente de 15 metros y habida cuenta de que los aviones cargaban además bombas incendiarias.

La Legión Cóndor alemana era la encargada de llevar a cabo misiones aéreas por toda España, como apoyo de la Alemania nazi a las tropas de Franco. Al parecer, el objetivo del bombardeo fue simplemente aterrorizar a la población civil y desmoralizar al bando republicano.

Sin embargo, el ataque fue devastador: los bombarderos lanzaron una gran cantidad de bombas medianas de 250 Kg., livianas de 50 Kg. y más de tres mil proyectiles incendiarios de aluminio de 1 Kg. sobre el casco urbano de la ciudad. Los cazas Heinkel He 51, entretanto, disparaban en vuelo rasante a las tropas que huían del lugar.

La destrucción fue tan grande que provocó un intenso humo, por lo que los últimos bombarderos, al no poder ver los objetivos, descargaron las bombas a ciegas. A las 7:30 de la tarde terminó el ataque, no pudiéndose apagar totalmente el incendio hasta el día siguiente, en gran parte debido a la inexistencia de un parque de bomberos (que los dirigentes nacionalistas vascos consideraban innecesario)

Nunca ha llegado a saberse cifras oficiales de víctimas ni existen datos fiables sobre el número exacto, pues la propaganda de entonces, impulsada por periódicos ingleses, quería dar una imagen "de lo que iba a ocurrir con Hitler en el futuro", exagerando el número de víctimas y elevándolos incluso a tres mil. Siguiendo esta línea, hay versiones que hablan de entre cien y mil seiscientos, y hay estimaciones que la cifra más probable sea de mil muertos. Sin embargo, los datos más actuales apuntan entre 250 y 300 muertos.

El 70% de los edificios de la ciudad fue totalmente destruido por el incendio, que no se pudo apagar hasta el día siguiente, y el 20% gravemente dañados. Los lugares históricos vascos, la Casa de Juntas de Guernica (histórico lugar de reunión de las asambleas que regían Vizcaya y sede de su archivo histórico) y el anexo Árbol de Guernica, símbolo ancestral del pueblo vasco, no fueron afectados por el bombardeo. El cercano puente que se afirmó luego era el objetivo, quedó intacto.

Se dio la circunstancia de que el Árbol de Guernica iba a ser talado por uno de los soldados de las tropas del bando sublevado. En aquel momento, el batallón carlista se dirigió a la Casa de Juntas donde rindió honores al Árbol de Guernica, poniéndole una guardia de honor como símbolo de los fueros. Antes de que llegaran los requetés, sin embargo, ya se había montado una protección en torno a la Casa de Juntas y el Árbol, a cargo de soldados marroquíes de Regulares de Tetuán nº 1. Cumplían órdenes del general Emilio Mola, jefe del Ejército del Norte, indignado por el bombardeo y que había dado órdenes estrictas de proteger los símbolos forales. Los requetés, al mando del capitán navarro Jaime del Burgo, relevaron a los soldados de Regulares.

Otros sostienen que Guernica constituía un centro clave de comunicaciones para las tropas republicanas. Existía también una discrepancia entre el mando alemán y el español sobre la dirección de las operaciones. Los alemanes preconizaban un avance más rápido, basado en la capacidad destructiva de la aviación, y estimaron que la destrucción del puente del barrio de Rentería de Guernica, el último antes de la ría, dejaría bloqueados en la ribera derecha el material pesado y los pertrechos de las fuerzas enemigas en retirada. El mando español, por el contrario, era más prudente en el avance por un terreno de orografía difícil y frente a un enemigo que nunca dejaron de respetar.

El ejército alemán utilizó los efectos del bombardeo como arma política en la guerra fría que mantenía con Inglaterra, y les interesó que la prensa mundial exagerase los resultados. Así, Guernica habría sido una especie de ensayo de lo que luego serían los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial. Se suele afirmar también que el bombardeo fue una venganza por el linchamiento por parte de la población civil de Adolf Herman, un piloto de un bombardero, derribado en 1937.

El bombardeo de Guernica se ha convertido en un símbolo de los horrores de la guerra para todo el mundo. El hecho tuvo un gran impacto en su época, inspirando a Pablo Picasso su más famoso cuadro, el Guernica, que expuso por primera vez en el pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937, y al ilustre escritor Blas de Otero que escribió un poema del mismo nombre, como también la chilena y premio Nóbel de Literatura Gabriela Mistral, que escribió un poema titulado Árbol de Guernica.

Genocidio Armenio

Fue la deportación forzosa y masacre de un número indeterminado de civiles armenios, calculado aproximadamente en la muerte de entre un millón y medio y dos millones de personas, durante el gobierno de los Jóvenes Turcos, en el Imperio otomano, desde 1915 hasta 1923, durante la Primera Guerra Mundial.

Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a muchos de los deportados. Otros grupos étnicos también fueron masacrados por el Imperio otomano durante este período, entre ellos los asirios y los griegos de Ponto. Algunos autores consideran que estos actos son parte de la misma política de exterminio.

La fecha del comienzo del genocidio se conmemora el 24 de abril de 1915, el mismo día en que las autoridades otomanas detuvieron a unos 800 intelectuales armenios que eran líderes de la comunidad de armenios en Estambul. Posteriormente los militares otomanos expulsaron a los armenios de sus hogares y les obligaron a marchar cientos de kilómetros -por el desierto de lo que hoy es Siria- privados de alimentos y agua. Las masacres no respetaron la edad o el sexo de las víctimas, y las violaciones y otros tipos de abusos sexuales eran frecuentes.

Aunque la República de Turquía, sucesora del Imperio otomano, no niega que las masacres de civiles armenios ocurrieran realmente, no admite que se tratase de un genocidio, arguyendo que las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo dispuesto por el Estado otomano, sino que se debieron a las luchas interétnicas, las enfermedades y el hambre durante el confuso periodo de la Primera Guerra Mundial. A pesar de esta tesis, casi todos los estudiosos -incluso algunos turcos- opinan que los hechos encajan en la definición actual de genocidio.

Es generalmente considerado el primer genocidio sistemático moderno; de hecho, es el segundo caso más estudiado de genocidio, después del Holocausto. Hasta la fecha 22 Estados han reconocido oficialmente el genocidio.

Primeras razones para el genocidio armenio: la población musulmana del Imperio Otomano junto a sus mandatarios islamistas radicales sentían desprecio por los habitantes armenios (cristianos) del Imperio. En 1915 el Imperio otomano entra en guerra junto con los Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría), debido a que Alemania ofrece todos los territorios rusos que conquisten y así Rusia tendría que luchar en dos frentes a la vez, lo cual debilitaría su ejército y causaría su colapso. Pero esto no se produjo. En 1916 se comete el genocidio armenio por los turcos en plena guerra. Se secuestraba a los armenios y al día siguiente eran ejecutados.

Al principio se ejecutaba a los varones de edad militar, entre 16 y 45 años. Sólo tenían de 15 a 30 minutos para abandonar sus hogares. Eran deportados hacia Irak y Siria. Lo que básicamente convirtió la deportación de los armenios en genocidio fue las condiciones en las que se llevó a cabo la deportación. Por ejemplo, una gran parte de la población fue enviada al desierto para morir de hambre y sed. Otros eran asesinados por el ejército turco. Mujeres y niños fueron raptados y brutalmente abusados. Toda la riqueza del pueblo armenio fue expropiada.

Entre 1894 y 1897 se produjeron las llamadas "Masacres hamidianas", llamadas así por el nombre del sultán otomano bajo cuyo mandato se perpetraron, Abdul Hamid II, conocido por esta razón como el "Sultán Rojo". El número de víctimas armenias en las matanzas hamidianas fue calculado por el etnógrafo William Ramsay en unas 200.000, aunque actualmente muchos señalan como más acertada la cifra de 300.000.

Se calcula que existieron unos 26 campos de concentración para confinar a la población Armenia, situados cerca de las fronteras con Siria e Irak. Según fuentes armenias algunos de ellos pudieron haber sido únicamente lugares de emplazamiento de fosas comunes y otros lugares de confinamiento donde morían de epidemias e inanición.

La fuerzas de ocupación británicas estuvo implicada activamente en la creación de una contra propaganda en tiempos de guerra (durante la Primera Guerra Mundial el Imperio otomano luchó integrado en la coalición de las "Potencias Centrales", compuesta por Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria).

Eitan Belkind un espía británico y miembro de la red de espionaje judía que apoyaba a Gran Bretaña frente al Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial, que se infiltró en el ejército otomano como funcionario. Fue destinado a la oficina central de Hamal Paşa. Asegura haber presenciado la incineración de 5.000 armenios en tal campo. Según fuentes armenias, entre el 24 y el 25 de abril de 1915 fueron apresados unas 650 personalidades, escritores, poetas, abogados, médicos, sacerdotes, políticos; luego fueron deportados y asesinados en los meses siguientes.

Turquía niega que las muertes acaecidas en 1915 fueran el resultado de un plan organizado por el Estado para eliminar a la población Armenia bajo su soberanía, requisito para considerar un delito de genocidio, y defiende una postura que se basa en que el Imperio otomano luchó contra la sublevación en su territorio soberano de la milicia Armenia, respaldada ésta por el gobierno ruso.

Turquía también critica las semejanzas con el Holocausto indicadas por ciertos sectores, afirmando que, a diferencia de los armenios, la población judía de Alemania y Europa no hizo campaña en pro de una separación ni se rebeló aliándose con potencias extranjeras. El gobierno de Ankara también ha criticado la exigencia del Parlamento Europeo de que Turquía reconozca la existencia del genocidio armenio. En un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores turco, Ankara niega la existencia del genocidio y afirma que "las controversias históricas deben ser evaluadas por los historiadores".

Existe asimismo un desacuerdo en cuanto al número de muertes. Varios estudiosos ofrecen una perspectiva alternativa en el sentido de que, según estudios demográficos de la época, eran menos de 1,5 millones los armenios que vivían en el Imperio otomano, insinuando, pues, que las cifras publicadas relativas a la muerte de millón de armenios pueden haber sido exageradas en demasía e incluso afirman que en ese periodo murieron 3 millones de turcos.

Medios oficiales turcos creen que el número de víctimas puede situarse entre 200.000 y 600.000. En dichos cálculos, se estima que un total de 56.000 armenios fallecieron durante dicho período debido a las terribles condiciones derivadas de la Primera Guerra Mundial, y que menos de 10.000 fueron asesinados realmente. En otra de sus investigaciones, mantiene que cerca de 500.000 turcos fueron asesinados por armenios, sin fundamento ni identificación alguna. A pesar de que el gobierno turco ha publicado oficialmente en fechas recientes las cifras de los turcos supuestamente asesinados por los armenios, todavía otras investigaciones aseveraban que menos de 10.000 armenios fueron asesinados, sigue estando ausente de las publicaciones oficiales turcas en el extranjero.

Como respuesta a la continua negación del genocidio armenio por el gobierno turco, muchos activistas de las comunidades en la diáspora Armenia han presionado para conseguir el reconocimiento oficial del genocidio armenio a través de varios gobiernos de todo el mundo. 20 países y 42 Estados de EE.UU. han aprobado mediante resolución de carácter formal de buena fe, el reconocimiento del genocidio armenio como un acontecimiento histórico.

Los países y territorios que han reconocido oficialmente el genocidio armenio son: Argentina, Armenia, Bélgica, Canadá, Chile, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Líbano, Lituania, Holanda, Polonia Rusia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Uruguay, El Vaticano y Venezuela. También las regiones de Escocia, Irlanda del Norte y Gales (Reino Unido), País Vasco y Cataluña (España), Ontario y Quebec (Canadá), Australia Meridional y Nueva Gales del Sur (Australia), Crimea (Ucrania), Ceará y São Paulo (Brasil) han reconocido la existencia del genocidio.

jueves, 2 de abril de 2015

¿Por qué lo mataron a Jesús? - Segunda Parte

Todos saben cómo murió Jesús: crucificado. Pero casi nadie sabe por qué lo mataron, cuál fue el motivo determinante de su muerte. Durante su vida pública, Jesús tuvo serios enfrentamientos con las autoridades de su tiempo por diversas razones. Porque no respetaba el sábado (Mc 2,27), no observaba las normas de pureza (Mc 7,1-23), modificaba la ley de Moisés (Mt 5,20-48), se rodeaba de gente excomulgada (Mc 2,13-14), comía con personas de mala fama (Mc 2,15-17), tocaba a los leprosos y a los muertos (Mc 1,41; 5,41). Y varias veces las autoridades estuvieron a punto de apresarlo y darle muerte, pero no pudieron hacerlo por temor a la reacción de la gente. Sin embargo en cierto momento Jesús hizo algo que colmó la paciencia de los gobernantes, y los obligó a tomar la decisión de acabar con su vida. ¿Cuál fue ese incidente?

La versión de Mateo es diferente (Mt 21,12-17). Él escribe para lectores de origen judío, que esperaban la llegada de un futuro Mesías. Por eso adapta el relato a esta mentalidad. Ante todo, dice que Jesús expulsó a los vendedores del Templo el mismo día en que entró en Jerusalén, y no al día siguiente como indica Marcos. Se trata de un detalle muy importante. Porque el día de su entrada en Jerusalén es el día en que la ciudad entera lo había aclamado como Rey y Mesías. De este modo, Mateo quiere decir que el Jesús que acaba de ingresar en el Templo es el Mesías que ellos esperaban.

¿Y qué viene a hacer el Mesías al Templo? Según la creencia judía, el Templo de Jerusalén estaba impuro desde hacía muchos años. En efecto, en el año 167 a.C., un rey de Siria llamado Antíoco Epífanes había invadido Jerusalén y había ofrecido en su Santuario sacrificios a los dioses paganos. Desde entonces los judíos sentían que su Templo estaba manchado, y vivían consternados por eso, pero no podían hacer nada. Sólo les quedaba aguardar que, según una antigua profecía (Mal 3,1-3), llegara el Mesías a purificarlo (1Mac 4,44-46). Mateo, al presentar a Jesús como Mesías, y además purificando el Templo, sugiere que lo purifica no sólo de los vendedores y cambistas, sino de su antigua y vergonzosa mancha.

Para reafirmar esta idea, agrega dos detalles propios de él: a) refiere que luego de expulsar a los vendedores se le acercaron unos ciegos y paralíticos, y los curó; porque estas curaciones se esperaban del Mesías cuando viniera (Mt 11,5); b) señala que un coro de niños hebreos se puso a aclamarlo como Mesías; así, ya no quedaba duda alguna de su identidad. A Mateo no le interesa, como a Marcos, el atrio de los paganos (por eso no cuenta el detalle de que Jesús obstaculiza el paso de la gente por el Templo, ni dice que este será casa de oración para todas las naciones). Le interesa el Templo judío propiamente dicho, y mostrar a Jesús que se presenta como el Mesías que viene a tomar posesión de él y a purificarlo. Por eso decidieron matarlo.

La versión de Lucas es la más breve de todas. Apenas tiene dos versículos, y no cuenta casi nada (Lc 19,45-46). Sólo dice que Jesús echó fuera a los vendedores. No hay mesas volcadas, ni puestos de palomas derribados, ni gente bloqueada para que no pase. ¿Por qué Lucas lo acortó tanto? Porque él escribe para una comunidad cristiana formada por ex paganos y ex judíos, que está en crisis, y que amenaza con dividirse por problemas internos. Por eso busca eliminar de su Evangelio (y también del incidente del Templo) casi todas las escenas de violencia y agresión que pudieran aumentar aun más las tensiones que ya había entre sus lectores.

Y para Lucas, ¿que pretendió hacer Jesús aquel día en el Templo? Simplemente lo purificó para convertirlo en un lugar apto para sus enseñanzas (19,47), algo que no irritaba a ninguno de los lectores de su comunidad. Por eso, a partir de ese momento aparecerá Jesús enseñando permanentemente en el Templo (20,1; 21,37.38; 22,53). Y por ese motivo decidieron matarlo.

Aunque con matices distintos, los tres primeros evangelistas coinciden al menos en que la muerte de Jesús se debió a la expulsión de los vendedores del Templo. En cambio san Juan da una explicación totalmente diferente: lo que provocó la muerte de Jesús fue el haber resucitado a Lázaro (Jn 11,45-54). ¿Por qué? La resurrección de Lázaro es el último milagro que Jesús realiza en el cuarto Evangelio, y el más impresionante de todos. Jesús ya había curado a otros enfermos: a un niño con fiebre (4,52), a un paralítico que llevaba treinta y ocho años enfermo (5,5), a un ciego de nacimiento (9,32). Pero nunca había devuelto la vida a un muerto. Con este milagro, el más espectacular de todos, san Juan presenta a Jesús con el poder sorprendente de dar la vida a los muertos; él es la resurrección en persona que ha venido a visitarnos (11,25-26).

Frente a esto, los sumos sacerdotes y los fariseos no pueden tolerar más, y deciden matarlo. Que alguien devuelva la vida a los muertos ya es demasiado; se torna peligroso, y difícil de manejar. Por eso planean eliminarlo (11,45-53). Pero las autoridades no cuentan con una sorpresa: que precisamente matándolo hacen que Jesús devuelva la Vida a los muertos. La muerte de Jesús es la que inaugura los nuevos tiempos, la nueva era de la resurrección y la Vida eterna. A partir de ese momento, todo el que cree en él ya tiene la Vida plena. La gran ironía de san Juan es mostrar que a Jesús le quitan la vida para que él no dé más la Vida; y sin embargo así es como logran que él dé la Vida.

Si para Juan lo que llevó a la muerte a Jesús fue la resurrección de Lázaro, ¿qué pasó con el incidente del Templo? También él lo cuenta, pero al principio de su Evangelio, y con otra intención. Para Juan, al comienzo de su vida pública Jesús subió un día a Jerusalén y se dirigió al Templo. Allí se encontró con los vendedores de animales y los cambistas, y los expulsó (2,13-22). Pero en la versión de Juan, Jesús tiene una intención distinta a la que presentaron los otros tres evangelistas: lo que Jesús quiere hacer aquí es directamente eliminar el Templo, y reemplazarlo por su persona.

Por eso Juan añade detalles propios en su relato, que muestran esta idea. Por ejemplo, además de ahuyentar palomas (como decían los otros tres Evangelios), dice que Jesús también echó afuera bueyes y ovejas. Porque estos eran los animales empleados como sacrificios en el Templo, y al venir ahora Jesús, ya no hacen falta más animales ni más sacrificios que su muerte redentora. También dice Juan (y sólo él) que cuando le preguntaron a Jesús por qué hacía eso él respondió: "Destruyan este Templo y yo lo levantaré en tres días". Es decir, no sólo los sacrificios sino el mismo Templo ya no tienen sentido, con la llegada de Jesús. Todo debe ser eliminado.

Según Juan, pues, en aquel incidente con los vendedores Jesús no pretendió abrir el Templo a los paganos (como decía Marcos), ni purificarlo (como decía Mateo), ni convertirlo en lugar de enseñanzas (como decía Lucas), sino eliminarlo. Es un relato simbólico de la futura abolición del culto y los sacrificios judíos ante la llegada de Jesús, el nuevo Templo de Dios. Por eso lo puso a continuación de las bodas de Caná, donde Jesús también hace desaparecer allí seis cientos litros de agua, de la que usaban los judíos para sus ritos de purificación (es decir, es el culto judío que desaparece), y los convierte en vino. El culto judío ha dejado de tener valor.

Cerca del final de su vida, Jesús tuvo una disputa con los vendedores del Templo que le costó la vida. ¿Por qué? Exactamente no lo sabemos. Pero cada evangelista se encargó de darle al caso su propia interpretación, según su teología y sus destinatarios. Para Marcos, Jesús quiso abrir el Templo a los paganos. Para Mateo, quiso purificarlo. Para Lucas, quiso adaptarlo. Y para Juan, lo que decidió la muerte de Jesús fue el haber dado la vida a Lázaro.

¿Quién es el que está en lo cierto? Todos. Jesús murió para que no hubiera más excluidos (Marcos), para eliminar la impureza de las intenciones torcidas de los creyentes (Mateo), para que lo que enseñamos sea lo que vivimos (Lucas), y para que el mundo tenga una vida mejor (Juan). La muerte de Jesús fue un hecho tan lleno de significado, tan denso e inagotable en sus consecuencias, que aun con todas las explicaciones que los evangelistas nos den no llegamos a desentrañarla del todo. Pero una cosa es cierta: sólo quien se compromete con alguna de esas consecuencias demuestra haber experimentado la Vida que ella ha traído.

Extracto de la nota escrita por el biblista Ariel Álvarez Valdés
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo

Los relatos de la institución de la Eucaristía

La tradición de los apóstoles nos ha transmitido adecuadamente cuatro textos o relatos de la institución de la Eucaristía en la última Cena. Estos son:

Mc 14, 22-24;
Mt 26, 26-28;
Lc 22, 19-20;
1 Co 11 23-26.

La antigüedad de los textos está asegurada, especialmente por Pablo que se refiere a una transmisión hecha a la Iglesia de Corinto al comienzo de su predicación. Pero también por la tradición del arcaico texto de Marcos. Estamos ya muy lejos de tener que construir una apologética sobre la autenticidad de los textos contra la crítica liberal y racionalista que no quería creer, de ninguna manera, en la institución de ritos sacramentales por parte de Jesús.

La actual exégesis sobre los textos de la institución está bastante acorde en la sustancia, exceptuando algunas posiciones minimalistas. El interés de los biblistas es de diverso género: algunos quieren colocar las palabras de Jesús en la última Cena en el contexto de las comidas de Jesús con sus discípulos. Para otros el interés hace referencia a la conciencia que Jesús tenía de su muerte inminente, cuando se alude a ella en las palabras sobre el pan y sobre el cáliz, y por lo tanto, sobre el sentido de su sacrificio existencial próximo. Para otros se trata de tener una comprensión global de los textos a la luz de la tradición judaica tanto de las comidas, como especialmente de la Cena Pascual.

De un simple examen de los textos, podemos sacar algunas conclusiones:

• existe entre ellos una unanimidad sustancial tanto por cuanto hace referencia al hecho mismo de la institución, como por el contenido;

• subsisten variantes que revelan diversas tradiciones.

• son textos ya en uso para la celebración de la Cena del Señor en la comunidad apostólica, según las palabras, los gestos y los elementos de la última Cena, con el significado dado por el Señor, y según su mandato.

Los cuatro textos dependen de una fuente común que sería el texto más primitivo y simple, al cual, seguidamente, se han añadido palabras y detalles de carácter literario, explicativo del sentido de algunos vocablos, para su plena comprensión. Para algunos sería el texto de Marcos. Para otros, la mayoría, el texto de Pablo o incluso un texto primitivo híbrido.

Algunos consideran el texto de Lucas muy primitivo, por su estructura atípica respecto a los otros. De hecho, éste refiere, junto a la palabra escatológica, una primera bendición del cáliz con una súplica escatológica, después la acción de gracias sobre el pan y, después de nuevo, sobre el cáliz (Lc 22, 14-19). En algunos manuscritos (Códice D de Beza, Cambridge), en la Vetus latina y en algunas versiones siríacas faltan los versículos 19 y 20 en el relato de Lucas. De estas omisiones algunos han querido sacar algunas conclusiones de orden doctrinal. Para Lucas no serían si no una reminiscencia de la cena pascual: primero la bendición del cáliz, después el pan; se daría la ausencia de una anamnesis y del sentido sacrificial dado al cáliz. Sin embargo, no se considera hoy de gran importancia esta omisión; más bien revelaría, para algunos, las raíces de una praxis primitiva y de una cena de Jesús en la cual se pueden vislumbrar tres momentos:

– los ritos iniciales (Lc 22, 14-18),

– la cena verdadera y propia (Lc 22, 19)

– y los ritos finales.

La Verónica

Según la tradición católica, fue la mujer que, durante el Viacrucis, tendió a Cristo un velo, lienzo o paño (el paño de la Verónica, lienzo de la Verónica o velo de la Verónica) para que enjugara el sudor y la sangre. En la tela quedaron milagrosamente impresas las facciones del Redentor (el Santo Rostro). Esta escena no se encuentra en la Biblia. Se le suele rendir culto por su vinculación con la figura de Cristo, y es muy común su representación pictórica o escultórica portando el paño. En ocasiones, el personaje de Verónica se identifica con el de la Hemorroísa. El paño de la Verónica sería una de las reliquias que se consideran verdaderas imágenes de Cristo, como el Mandylion de Edesa, la Sábana Santa de Turín o el Santo Sudario de Oviedo.

Según una tradición que ya existía en el siglo VIII, cuando el papa Juan VII consagró en Roma una capilla denominada de sancta María in Verónica, el emperador Tiberio, contemporáneo de Cristo, fue curado milagrosamente de una terrible enfermedad por esta reliquia. Esta sería la imagen que se conserva en la Basílica de San Pedro del Vaticano; aunque en otros tres lugares distintos se conservan reliquias conocidas como el paño de la Verónica: dos en España (la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Jaén, y el Monasterio de la Santa Faz de Alicante) y uno en Francia (la Basílica del Sacré Cœur de París).

La paradoja de la multiplicidad de paños se resolvía con el recurso a la posibilidad de que Verónica doblara el pañuelo dos veces antes de que la sangre de Jesús se secara, con lo que serían cuatro las imágenes obtenidas. La palabra griega tetradiplon ("doblado cuatro veces") se reserva no obstante para la denominación del Mandylion de Edesa. Se ha señalado la coincidencia de que en las leyendas más antiguas, Verónica aparezca citada como una princesa de Edesa.

La etimología del nombre Verónica ha sido interpretada popularmente como proveniente del latín vera icon, 'imagen verdadera', aunque en realidad procede del griego Βερενίκη (Berenice), forma dialectal macedonia de Φερενίκη (Ferenice), "portadora de la victoria". El velo de la Verónica se encuentra en el Santuario del Santo Rostro, en Manoppello, Italia desde el comienzo del siglo XVI. Posiblemente fue robado de la Basílica de San Pedro mientras estaba en construcción. Tras trece años de investigaciones sobre el "velo de la Verónica" (el que, según la tradición, utilizara para enjugar el rostro de Cristo camino del Calvario), el prestigioso historiador alemán P. Heinrich Pfeiffer S.J. certifican su autenticidad. Según Pfeiffer, el rostro de Cristo que aparece en el velo de la Verónica (hoy conservado en Manoppello, Italia), se sobrepone perfectamente a la imagen de la Sábana Santa de Turín.

Los trazos son los mismos: rostro oval ligeramente redondo y asimétrico, cabello largo, un mechón de cabellos sobre la frente, la boca ligeramente abierta, la mirada dirigida a lo alto; rasgos que influyeron en toda la iconografía de Cristo en los siglos posteriores.

Entre los exámenes a los que ha sido sometido el Velo de la Verónica destacan las fotografías digitales realizadas por Donato Vittore, experto de la Universidad de Bari, así como las observaciones bajo luz ultravioleta que confirman la inexistencia de pintura sobre el paño. En efecto, la densidad del color del rostro es muy fuerte sobre el tejido blanco casi transparente, pero estas tomas digitales dejan bien a las claras que no hay pintura. No puede, por lo tanto ser la obra de un artista.

Además, en el rostro se observan dos manchitas y da la impresión de que un líquido, que bien podría ser sangre, se impregnó en las fibras del tejido. El historiador alemán P. Heinrich Pfeiffer S.J expreso que: Las imágenes sobre la "Verónica" no fueron producidas por ninguna técnica conocida. Igual que con el Sudario de Turín, la imagen sirvió de modelo a las representaciones posteriores del rostro de Cristo, incluso las de las catacumbas romanas del siglo IV.

No se sabe mucho de su vida excepto de la escena del Vía Crucis en la que limpia a Jesús su rostro de sudor. En Europa, la mención más temprana hacia la santa procede de los textos de san Gregorio de Tours, hacia finales del siglo VI. San Gregorio la cita como una piadosa mujer palestina, de confesión cristiana, desposada con un centurión romano natural de las Galias que prestaba servicio en el palacio del gobernador romano, Poncio Pilato. Tras la muerte de Jesucristo, el matrimonio cristiano huyó de Jerusalén y acompañó a José de Arimatea hacia las costas francesas.

El episodio de la mujer Verónica no aparece en los evangelios canónicos, como aparece por ejemplo el de Simón Cirineo, San Juan Evangelista, María Magdalena, María la madre de Santiago y Juan, o la Virgen María, en todo lo que los evangelistas narran referente a la Pasión de Cristo. En cambio, sí se cita todo lo que se refiere a la Mujer Verónica en los evangelios apócrifos. En el evangelio apócrifo de Nicodemo la identifica con la Hemorroisa del evangelio de San Mateo. Otras tradiciones orales dicen que era prima de San Juan Bautista y que en su martirio, recogió la sangre al ser decapitado.

martes, 24 de marzo de 2015

¿Por qué se utiliza las Palmas de Olivo en el Domingo de Ramos?

En las tradiciones judías y cristianas, el olivo es símbolo de paz: al final del diluvio la paloma de Noé trae un ramo de olivo. La cruz de Cristo, según una vieja leyenda estaba hecha de olivo y cedro. La palma, el ramo, la rama verde se consideran universalmente símbolos de victoria, de ascensión, de regeneración y de inmortalidad.

Las palmas del domingo de Ramos prefiguran la resurrección de Jesucristo al terminar el drama del Calvario y la esperanza de nuestra propia resurrección significado tiene la palma que llevan los mártires.

Los mitos en torno al olivo, tuvieron origen en aquella lejana época en que los hombres se fueron asentando y creando ciudades en torno al Mediterráneo. Algunos ejemplos de estas relaciones mitológicas son:

Egipto:
Los egipcios atribuían a Isis, esposa de Osiris, dios supremo de su mitología, el haber transmitido a los hombres este árbol sacralizado, su forma de cultivo y la utilización de sus frutos.

Fenicios:
Tanto en la religión fenicia como en la cananea, los cultos a los dioses estaban dominados por las preocupaciones agrarias. Se les pedía protección para que concedieran a sus fieles, trigo, agua, aceite, vino y miel y había fiestas que correspondían al ciclo agrícola de la siembra en primavera, la cosecha en verano, la vendimia en otoño, y la recogida de la aceituna y prensado para la obtención del aceite en invierno. Había una historia legendaria, un mito, para cada lugar sagrado y para cada acto sacro.

Griegos:
Cuenta la leyenda que Atenea y Poseidón se disputaban la soberanía de la ciudad, y esta disputa fue llevada al tribunal de los dioses. Estos decidieron conceder la ciudad a quien produjera la mejor obra. De un golpe de tridente Poseidón hizo nacer de la roca un caballo. Atenea, con un golpe de lanza dado en el suelo, hizo brotar un olivo cubierto de frutos. Los dioses deliberaron en el Olimpo, y Atenea obtuvo la victoria.

Cécrope, fundador de Atenas, bajo los sabios consejos de Atenea hizo la primera poda del olivo: “Toma tu podadera, todo lo que le quites a la madera, se lo darás al fruto, pero hazlo con discreción...” Por gratitud a la diosa, la nueva ciudad implantada en una roca inexpugnable se llamó Atenas.

Los símbolos
Por medio de los símbolos los hombres crean un lenguaje para poder comunicarse con la divinidad.  Los símbolos van cargados de sentimientos e ideas, y representan, de un modo abstracto las propiedades de algunos elementos. El olivo tiene, por todas las cualidades que reúne, una gran riqueza simbólica reconocida desde hace siglos.

Inmortalidad: porque vive, da fruto, y se renueva desde hace miles de años. En el Antiguo Testamento, los hijos felices del padre fecundo se comparan a los renuevos de olivo.

Paz y reconciliación: Noé lo llamó signo de la alianza entre la naturaleza y el hombre al ser el olivo el árbol que no pudrieron ni dañaron las aguas después del diluvio. La paloma, con la ramita de olivo en el pico, ha quedado como símbolo imperecedero de este hecho.

En la Eneida, Virgilio también lo utiliza como símbolo de paz y acuerdo. Cuando Jesús entró en Jerusalén, el pueblo judío salió a su paso con ramas de olivo, poniéndolas a sus pies.

Resurrección y esperanza: Después de que Jerjes incendiara la Acrópolis y su olivo sagrado, cuando los atenienses entraron de nuevo en la ciudad, no había más que un montón de ruinas, pero el olivo sagrado del templo de Erection había crecido un codo en la primera noche, imagen de la rapidez con la que el pueblo de Atenas, lleno de ímpetu, iba a renovarse lleno de esperanza.

Fuerza: es un árbol capaz de resistir las más duras condiciones de sequía y de pobreza del terreno. La maza de Hércules era de madera de olivo y de ella salían raíces, que se convertían en árbol, cuando se clavaba en el suelo.
Sabiduría y virginidad: al tomar los atributos de la diosa Atenea.

Fertilidad: para los helenos, los descendientes de los dioses nacían bajo los olivos, por lo que las mujeres que querían engendrar, dormían bajo su sombra.

Victoria: La Diosa Atenea le otorga este atributo al salir victoriosa de su lucha con Poseidón. En las fiestas Panateneas, a los vencedores en los juegos, además de coronarlos con ramas de olivo, se les concedían toda la cosecha de aceite que se obtuviera en las plantaciones del Ática consagradas a Atenea.

El Huerto de los Olivos donde Jesús oraba y meditaba frecuentemente, era llamado también Getsemaní, que significa “prensa de aceite” y allí siguen dando su sombra de cara a Jerusalén, unos olivos milenarios testigos de acontecimientos históricos. El olivo está unido al drama del Calvario y a las tradiciones evangélicas.

Los primitivos cristianos tomaron al olivo como uno de sus principales símbolos religiosos y lo esculpieron y pintaron en las catacumbas. La rama de olivo adornaba con frecuencia los sarcófagos cristianos y su aromático aceite ardía en las lámparas y ampollas ante las tumbas de los primeros mártires.

En la religión hebrea se empleaba el aceite para las lámparas, sacrificios, ofrendas y fiestas.

La religión islámica, en el Corán, alaba el aceite de oliva y el olivo diciendo:
“Dios es la luz de los cielos y de la tierra. Su luz es a semejanza de una hornacina en la que haya una candileja. La candileja está en un recipiente de vidrio que parece un astro rutilante. Se enciende gracias a un árbol bendito, el olivo, no oriental ni occidental, cuyo aceite casi reluce aunque no lo toque el fuego. Luz de luz.”

Los hallazgos de imágenes de la Virgen en el campo, cerca o dentro de los olivos, árboles u otros objetos, ha sido un hecho frecuente en tiempos pasados.

El olivo se ha utilizado tradicionalmente en ritos y ceremonias por la simbología que encierra.

Los antiguos navegantes se protegían de las iras de Poseidón colocando una rama de olivo entre las manos de su dios tutelar.

En Grecia, cuando nacía un niño, se colocaba una rama de olivo encima de la puerta, si era varón.

El día de los esponsales se adornaba las casas del novio y de la novia con guirnaldas de olivo y laurel.

Durante las ceremonias funerarias, se utilizaban ramas de olivo humedecidas en agua purificada y se ofrecían libaciones de aceite y vino a la persona muerta.

Esta creencia en los poderes mítico-mágicos del olivo y su simbolismo religioso ha trascendido hasta la actualidad.

Los venecianos, por ejemplo, dicen que una rama de olivo puesta en la chimenea, aleja el rayo en las tormentas.

En toda Italia hay una creencia que asegura que una rama de olivo situada en la puerta de la casa no deja entrar a brujas y demonios.

En España, los ramos bendecidos del Domingo de Pasión (Domingo de Ramos) se siguen colocando en muchas ventanas y balcones de las casas.

En los países del Magreb, el olivo se considera sagrado porque creen que el nombre de Alá está escrito en sus hojas.

José de Arimatea

José de Arimatea aparece mencionado en los cuatro evangelios en el contexto de la pasión y muerte de Jesús. Era oriundo de Arimatea, una población en Judá, la actual Rentis, a 10 km al nordeste de Lydda, probablemente el lugar de nacimiento de Samuel (1 S 1,1). Hombre rico (Mt 27,57) y miembro ilustre del sanedrín (Mc 15,43; Lc 23,50), tenía un sepulcro nuevo cavado en la roca, cerca del Gólgota, en Jerusalén. Era discípulo Jesús, pero, como Nicodemo, lo mantenía en oculto por temor a las autoridades judías (Jn 19,38). De él dice Lucas que esperaba el Reino de Dios y no había consentido en la condena de Jesús por parte del sanedrín (Lc23, 51).

En los momentos crueles de la crucifixión no teme dar la cara y pide a Pilatos el cuerpo de Jesús. Concedido el permiso por el prefecto, descuelga al crucificado, lo envuelve en una sábana limpia y, con ayuda de Nicodemo, deposita a Jesús en el sepulcro de su propiedad, que todavía nadie había utilizado. Tras cerrarlo con una gran roca se marchan (Mt 27,57-60, Mc 15,42-46, Lc 23,50-53 y Jn 19,38-42). Hasta aquí los datos históricos. Algunas leyendas, sin fundamento histórico, muestran la importancia que se daba a los primeros discípulos de Jesús. Esos relatos pueden estar vinculado a polémicas de algunas regiones con Roma, pero nada tienen que ver con la verdad histórica. A partir del siglo IV surgieron tradiciones legendarias de carácter fantástico en las que se ensalzaba la figura de José. En un apócrifo del siglo V, las Actas de Pilato, también llamado Evangelio de Nicodemo, se narra que los judíos reprueban el comportamiento de José y Nicodemo a favor de Jesús y que, por este motivo, José es enviado a prisión.

Liberado milagrosamente aparece en Arimatea. De allí regresa a Jerusalén y cuenta cómo fue liberado por Jesús. Más fabulosa todavía es la obra Vindicta Salvatoris del siglo IV, que tuvo una gran difusión en Inglaterra y Aquitania. En este libro se narra la marcha de Tito al frente de sus legiones para vengar la muerte de Jesús. Al conquistar Jerusalén, encuentra en una torre a José, donde había sido encerrado para que muriera de hambre. Sin embargo, fue alimentado por un manjar celestial. En los siglos XI-XIII, la leyenda sobre José de Arimatea fue coloreándose de nuevos detalles en las islas británicas y en Francia, insertándose en el ciclo del santo Grial y del rey Arturo. Según una de estas leyendas, José lavó el cuerpo de Jesús y recogió el agua y la sangre en un recipiente. Después, José y Nicodemo dividieron su contenido.

Otras leyendas dicen que José, fue el encargado de guardar el cáliz donde se recogió la sangre que mano del costado derecho de Jesús, se cuenta que José llevo este relicario, evangelizó Francia (algunos relatos dicen que habría desembarcado en Marsella  con Marta, María y Lázaro), España (donde Santiago lo habría consagrado obispo), Portugal e Inglaterra. En esta última región, la figura de José se hizo muy popular. La leyenda le hace el primer fundador de la primera iglesia en suelo británico, en Glastonbury Tor, donde mientras estaba dormido su báculo echó raíces y floreció. Glastonbury Abbey se convirtió en un importante lugar de peregrinación hasta que ésta fue disuelta con la Reforma en 1539.

Betania y Betfagé

De acuerdo a los evangelios canónicos la Entrada a Jerusalén describe el momento en que Jesús de Nazaret entró triunfalmente a esa ciudad, en medio de una multitud que lo aclamaba como el Hijo de Dios. El Domingo de Ramos conmemora este hecho. La narración de la entrada a Jerusalén está escrita en el Nuevo Testamento, siendo mencionada por todos los evangelios canónicos: (Mateo capítulo 21, 1-9; Marcos capítulo 11, 1-10; Lucas, capítulo 19, 28-40; Juan, capítulo 12, 12-19) Antes de entrar a Jerusalén, Jesús se detuvo en Betania y Betfagé, y Juan añade que cenó con Lázaro y sus hermanas María y Martha.

Betfagé, de origen arameo, significa "casa de los higos". No es seguro si se trata de una finca o pueblo. Eusebio de Cesarea menciona una aldea en el Monte de los olivos, que podría ser Betfagé. El lugar se encuentra cerca de Jerusalén, junto a Betania (Mc 11,1; Lc 19,29), al sur de la antigua calzada romana de Jericó a Jerusalén, en la parte oriental de la cima del Monte de los olivos. Su identificación geográfica no es segura. Hoy día se suele identificar con la localidad de nombre árabe kefr et-tur. Según el Talmud Betfagé estaba considerado como un barrio de Jerusalén en el Monte de los olivos (Mt 21,1; Lc 19,37). Aquí se purificaban los peregrinos antes de entrar en la Ciudad santa.

La mención de Betfagé y Betania así como el orden en que vienen nombrados en el itinerario de Jesús del Domingo de Ramos de Jericó a Jerusalén, según Mc 11,1 y Lc 19,29, plantean algunos problemas a los intérpretes, lo cual se refleja ya en el desacuerdo entre Mateo, Marcos y Lucas. Mateo ha suprimido Betania, dejando sólo Betfagé (Mt 21,1). Algunos manuscritos importantes, al contrario, han omitido en Marcos el nombre Betfagé, dejando sólo Betania. En Jn 12,12 no se mencionan Betfagé ni Betania, pero la venida de Jesús a Jerusalén el Domingo de Ramos parte, según el evangelio de Juan, de Betania (cf. 12,1-1-12).

Este desacuerdo topográfico entre los evangelistas indica que los pormenores del itinerario de la entrada de Jesús en Jerusalén no eran del todo claros ya para los mismos evangelistas: Mateo, amante de la claridad, suprimió Betania, porque no veía cómo era posible que Jesús llegase a Betfagé, estando ya a 1 km. de Jerusalén, para alejarse a Betania, a casi 3 km de la Ciudad Santa. Los manuscritos del evangelio de Marcos que han suprimido Betfagé y están en desacuerdo con la lectura mejor atestiguada de Marcos, ciertamente la original, suprimieron Betfagé probablemente por las siguientes razones: los copistas de estos manuscritos no comprendieron el sentido de Betfagé en el texto de Marcos y en el itinerario de Jesús; Betania tiene para Marcos más importancia que Betfagé, porque en Betania tenía Jesús conocidos, como Simón el Leproso, y al retirarse por la tarde a Betania con sus discípulos no se menciona Betfagé en el itinerario vespertino (Mc 11,11; cf. también v. 12.15.27; 14,3).

Mateo, en cambio, ordena los hechos más lógicamente: la entrada de Jesús adquiere en Mateo un carácter mesiánico más acentuado que en Marcos; después de la purificación del templo se retira Jesús con sus discípulos a Betania. Aquí termina de momento el viaje de Jesús. Admitiendo el texto mejor documentado de Marcos como el original (cf. el mismo orden en Lc 19,28), podemos suponer que, Jesús al venir de Jericó a Jerusalén, pasó primero por Betfagé y, dando un pequeño rodeo, llegó a Betania, que distaba de la ciudad casi 3 km, y, luego, a Betfagé, ya a sólo 1 km. También es posible que el itinerario marcado por Mateo corresponda mejor al seguido por Jesús, ya que el camino de los peregrinos de Jericó a Jerusalén no pasaba por Betania, y que la expresión de Marcos y Lucas "Betfagé y Betania" refleje la forma de hablar habitual de los cristianos que en el tiempo del Nuevo Testamento visitaban estos dos lugares o que Marcos haya añadido Betania porque para él tiene especial importancia.

Betania, era la ciudad donde vivían María, Marta y Lázaro. Su nombre actual es El-Azariyeh (“el lugar de Lázaro”). Esta situada a 3 Km. al este de Jerusalén en la ladera oriental del monte de los Olivos. Las ruinas mas antiguas que allí se encuentran constan de una tumba en forma de cueva, que algunos consideran sea la tumba de Lázaro. La supuesta tumba de Lázaro es una caverna a la cual se llega por medio de unos 25 escalones. Existe poca posibilidad de que ésta hubiera estado relacionada en alguna forma con la sepultura de Lázaro, aunque así se ha indicado desde el año 300 d.C.

¿Por qué lo mataron a Jesús? - Primera Parte

Todos saben cómo murió Jesús: crucificado. Pero casi nadie sabe por qué lo mataron, cuál fue el motivo determinante de su muerte. Durante su vida pública, Jesús tuvo serios enfrentamientos con las autoridades de su tiempo por diversas razones. Porque no respetaba el sábado (Mc 2,27), no observaba las normas de pureza (Mc 7,1-23), modificaba la ley de Moisés (Mt 5,20-48), se rodeaba de gente excomulgada (Mc 2,13-14), comía con personas de mala fama (Mc 2,15-17), tocaba a los leprosos y a los muertos (Mc 1,41; 5,41). Y varias veces las autoridades estuvieron a punto de apresarlo y darle muerte, pero no pudieron hacerlo por temor a la reacción de la gente. Sin embargo en cierto momento Jesús hizo algo que colmó la paciencia de los gobernantes, y los obligó a tomar la decisión de acabar con su vida. ¿Cuál fue ese incidente?

Los Evangelios nos presentan dos explicaciones. Según la primera, dada por Marcos (seguido por Mateo y Lucas), ese incidente fue la expulsión de los vendedores del Templo de Jerusalén por parte de Jesús. En cambio según el Evangelio de san Juan, lo que provocó su muerte fue el hecho de que Jesús resucitara a Lázaro (Jn 11,45-54). ¿Cuál de las dos es la correcta? Podemos deducir, por otros textos del Nuevo Testamento, que es Marcos el que tiene razón. En efecto, cuando Jesús es juzgado ante el Sanedrín, los testigos lo acusan de haber querido destruir el Templo y construir otro (Mc 14,58). Y cuando Jesús está clavado en la cruz, la gente que pasa por el lugar se burla diciendo: "Eh, tú, que destruyes el Templo y lo reconstruyes en tres días" (Mc 15,29). Y cuando más tarde el diácono Esteban es condenado a muerte, los testigos vuelven a decir: "A este hombre le hemos oído decir que Jesús Nazareno destruiría este Templo y cambiaría las costumbres de Moisés" (Hech 6,14).

Lo que determinó la muerte de Jesús, pues, parece haber sido un incidente que él provocó en el Templo, cuando en cierta oportunidad se encontró allí con un grupo de vendedores de animales y cambistas; al verlos se enojó, y los echó del lugar; volcó las mesas de las monedas, y derribó los puestos de animales, mientras les explicaba que el Templo era la casa de Dios para orar. ¿Por qué estaban en el Templo aquellos vendedores? Porque cuando un judío quería ofrecer sacrificios a Dios, no podía llevar un animal cualquiera. Debía ser sin defectos, ni impurezas, ni manchas. Y un animal así no era fácil encontrar. Además, muchos judíos llegaban a Jerusalén desde muy lejos y no les era cómodo venir cargando el animal. Entonces los vendedores del Templo les ahorraban el trabajo, a la vez que les garantizaban la pureza del animal. Por otra parte, los judíos mayores de veinte años debían pagar un impuesto anual al culto. Pero la moneda romana (la única que circulaba en Palestina) no era aceptada en el Templo por tener grabada la imagen del emperador. Tampoco se aceptaban las monedas extranjeras que traían los judíos de otros países. Sólo se admitían unas monedas especiales, acuñadas en la ciudad de Tiro. Y los cambistas proveían a los peregrinos precisamente de tales monedas.

Ese comercio religioso, tolerado por los sacerdotes, que percibían por ello una parte de las ganancias, tenía lugar en el atrio exterior del Templo, llamado atrio de los gentiles, o de los paganos. La expulsión de los vendedores es uno de los episodios más extraños de la vida del Señor, porque nos presenta a un Jesús muy distinto del que estábamos acostumbrados a ver. ¿Cómo es posible armonizar este Maestro violento e intolerante, con aquel otro pacífico y sereno que predicaba en Galilea, capaz de comprender a los pecadores, y actuar con mansedumbre hasta en las situaciones más tensas?

Pero el episodio es extraño sobre todo porque no nos permite entender qué intención tenía Jesús cuando realizó ese gesto. A primera vista parecería que quiso purificar el Templo de las actividades comerciales que ahí se efectuaban. Pero en realidad a Jesús nunca le importó la pureza del Templo. Jamás en los Evangelios lo vemos mostrar interés alguno por el decoro de la liturgia, ni por el recato de los sacerdotes, ni por la exactitud de los ritos que estos ofrecían. Es cierto que frecuentaba el Templo para las grandes fiestas, como cualquier otro judío, y a menudo enseñaba allí a la gente. Pero nunca se preocupó por el culto, ni por su pureza. ¿Por qué ahora se enoja tanto con la presencia de los vendedores?

Además, los vendedores y cambistas no hacían nada malo. Al contrario, ayudaban a los peregrinos a cumplir con sus necesidades para el culto. Y, por otra parte, no estaban ubicados propiamente en el Templo sino en el atrio exterior, no considerado como lugar sagrado. ¿Por qué se molestó entonces Jesús? Hoy resulta difícil saber qué pasó aquel día en el Templo entre Jesús y los vendedores. Pero es probable que no sólo a nosotros nos resulte difícil, sino que ya en los primeros tiempos, cuando las comunidades cristianas transmitían oralmente el Evangelio, tampoco recordaban por qué se había producido ese enfrentamiento. Sabían, sí, que el Señor había tenido un incidente con unos vendedores, y que ese incidente había desencadenado su muerte, pero no conocían la causa del mismo.

Por eso, cuando años más tarde los evangelistas compusieron sus obras, al llegar a este suceso, como no tenían en claro qué había pasado, cada uno trató de entenderlo como pudo, y de contarlo adaptándolo a su propia teología. Por eso cada evangelista trae una versión diferente de ese episodio, con un mensaje distinto. El primero en escribir fue san Marcos. Según la versión de este, unos días antes de su muerte, Jesús se presentó en Jerusalén acompañado por una multitud que lo aclamaba y ovacionaba como Mesías. Ese día no sucedió nada. Pero al día siguiente tuvo lugar el altercado. Marcos lo relata así: "Jesús entró en el Templo, y comenzó a echar de allí a los vendedores y compradores; volcó las mesas de los que cambiaban dinero, y los puestos de los vendedores de palomas; y no permitía que nadie pasara por el Templo llevando cosas. Y se puso a enseñar diciendo: ‘La Escritura dice: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones’. Cuando los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de lo ocurrido, se propusieron darle muerte, porque tenían miedo al impacto que sus enseñanzas producían en la gente" (Mc 11,15-18).

Para entender por qué Marcos cuenta así este episodio, hay que tener presente que él escribe para cristianos de origen pagano. Ahora bien, en el Templo de Jerusalén había dos áreas bien definidas. Una interior, llamada el atrio de los israelitas (donde rezaban exclusivamente los judíos), y otra exterior, llamada el atrio de los gentiles (donde podían pasar a rezar los paganos). A esta zona externa los judíos no la consideraban propiamente como Templo, ni como sagrada, pues la presencia de paganos la volvía impura. Por eso habían permitido que allí se instalaran los vendedores, cambistas y mercaderes que hacían sus negocios, ya que Dios allí no se molestaba en atender a nadie.

Lo que Marcos quiere decir, con la reacción de Jesús, es que para Jesús el atrio de los paganos, donde estaban ubicados los vendedores y cambistas, también debía considerarse Templo, por respeto a los paganos. O sea, donde estos rezaban era tan sagrado como donde rezaban los judíos, porque Dios también escucha la oración de los paganos. Por eso Jesús exclama: "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones". Lo que se propone Jesús (según Marcos) es colocar a todos, judíos y paganos, a un mismo nivel, y convertir el Templo de Jerusalén en un lugar de oración para todas las naciones. Por eso no permite las actividades comerciales en el atrio de los paganos, pues este es tan sagrado como el de los judíos. Esta idea de que la oración de judíos y paganos tenía el mismo valor ante Dios constituía, sin duda, una tesis revolucionaria e inadmisible para los israelitas. Por eso decidieron matarlo.

Extracto de la nota escrita por el biblista Ariel Álvarez Valdés
Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo