miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿En qué año nació Jesús?

Cuando Jesús vino al mundo nadie lo estaba esperando. A pesar de su nacimiento había sido anunciado durante siglos por los profetas, y anhelado ansiosamente por el pueblo, y los dirigentes de Israel, ni siquiera trascendió la noticia, como para quedar registrada. Después de su muerte, los primeros cristianos no se preocuparon en averiguar la fecha de su cumpleaños, sino en salir a predicar el Reino que él acaba de fundar.

Y a esta tarea se abocó de lleno la Iglesia durante siglos, sin interesarse por los detalles históricos de su vida. Mientras tanto, ¿Qué calendario empleaban los miles y miles de cristianos que a lo largo de esos años había abrazado la fe? Inmersos como estaban dentro del Imperio Romano, y siendo éste quien imponía las estructuras y normas de vida corriente, seguían el cómputo empleado por Roma en toda el área de influencia de su gobierno.

El sistema consistía en contar el tiempo a partir de la fundación de la ciudad de Roma. Ese año era considerado el 1º, y de ahí en adelante se sumaban los siguientes. Como difícilmente se recordaban en el Imperio, acontecimientos anteriores a aquella lejana fundación, no había mayores dificultades. Para hacer alusión a este calendario, se colocaba las iniciales U. C., que significaban URBIS CONDITAE (de la fundación de la Ciudad).

Pero al entrar de lleno en los tiempos cristianos, muchos empezaron a pensar que la fundación de la ciudad de Roma, que había sido pagana durante los mil primeros años de su existencia, no era el hito más adecuado para empezar a contar los años. Al contrario, consideraban el nacimiento de Jesús como el suceso central del la historia.

La idea se impuso con más fuerza cuando 450 años después de Cristo el Imperio Romano se desmorono ante los embates de los pueblos bárbaros. Ya no quedaba nada que ligara a los cristianos con él, ni razón alguna para seguir considerándolo como el centro histórico de sus vidas. Había que crear un nuevo calendario, que tuviera como eje a la persona de Jesucristo.

Entonces cayeron en la cuenta de que nadie sabía el día, ni el mes, ni siquiera el año de su nacimiento debido a que los autores de los evangelios habían omitido el detalle. Estos escritos más bien contaban episodios aislados de la vida del Salvador sobre la base de una catequesis oral previa, pero no había en ellos la pretensión de una exacta cronología de su vida.

Es en ese momento, cuando se yergue la figura de un monje llamado Dionisio, natural de Escitia, región de la actual Rusia, pero que vivió casi toda su vida en Roma. Tenía por sobrenombre “El Exiguo”, que significa pequeño, minúsculo, por lo que se ha supuesto que era de baja estatura. Pero parece más bien que él mismo quiso llevar ese apodo por humildad.

Era uno de los hombres más eruditos de su época, brillante teólogo, y gran conocedor de la historia de la Iglesia y de las cronologías. Por aquel tiempo había compuesto una célebre colección de decretos de los papas y de decisiones de los Concilios con valiosos comentarios propios.

Decidió este monje acometer la colosal empresa de calcular la fecha de nacimiento de Cristo, para lo cual contaba con algunas informaciones útiles que los evangelios podían aportar. Así, de Lucas tomó el dato de que al comenzar su vida pública “Jesús tenía unos 30 años” (Cf. 3,23). Esto ya era un buen comienzo. ¿Pero en que año empezó su vida pública? Unos versículos antes tenía la respuesta: “en el año 15 del gobierno de Tiberio César” (Lc. 3,1).

Confrontando largas tablas de fechas y cronologías, Dionisio dedujo que el año 15 de Tiberio, en que Jesús salió a predicar, correspondía al 783 U. C. Ahora bien, restando los 30 años de vida de Jesús, obtuvo que había nacido en el 753 U. C.

Para ubicar a Jesucristo en el comienzo de una nueva era, el 754 U. C. tenía que pasar a ser el año 1, el 755 el año 2, y así sucesivamente. Después de cada número, Dionisio añadió las siglas “d. C.”, es decir, “después de Cristo”. A los años anteriores al nacimiento de Cristo, en cambió, los etiquetó “a. C”, es decir, “antes de Cristo” En este nuevo calendario la fundación de Roma ya no figuraba más en el año 1, sino en 753 a. C. Y Dionisio, que se encontraba viviendo por entonces en el año 1275 del calendario romano (U. C.), se dio con que vivía en el 526 de la nueva era cristiana.

La idea del nuevo calendario tuvo un éxito extraordinario, e inmediatamente comenzó a ser aplicada en Roma. Poco después llego a las Galias (la actual Francia) y a Inglaterra. Tardaría un poco aún en ser aceptada en España: en Cataluña se la adopta tan sólo a partir en 180; en Aragón, desde la Navidad de 1350; en 1358 se la admite en Valencia; en Castilla desde 1383. Y llega a Portugal sólo en 1422.

Poco a poco, y no sin vencer grandes dificultades, se generalizó en todas partes para fines de la Edad Media. La gloria de Dionisio destelló en cada rincón del mundo antiguo, y cuando falleció catorce años más tarde, se habría podido anotar con orgullo en su obituario que había muerto “en el año 540 de la era inventada por él”

Herodes El Grande

Fue un gran líder político, militar y constructor. Si bien su linaje era idumeo (pueblo descendiente de los antiguos edomitas) su pensamiento, educación y cosmogonía eran claramente griegas por lo cual podríamos calificarlo más como un rey extranjero que gobernó a Judea durante y a nombre del poder romano. Siempre tuvo este sino sobre él, pues el pueblo nunca lo consideró judío debido a su origen idumeo.

Así, fue nombrado en el año 47 a. C. procurador de Judea por Julio César. Herodes se ganó la confianza de los romanos, obteniendo su apoyo para derrocar a la estirpe judía de los asmoneos. En el año 40 a. C. consiguió de Marco Antonio, triunviro de Roma y poseedor de la parte oriental del Imperio romano, el título de rey de Judea.

Se casó en el 38 a. C. con Mariamna, hija de Alejandro, hijo a su vez de Aristóbulo II, de la estirpe de los asmoneos. Herodes era enemigo de la familia asmonea que había reinado hasta ese momento en Judea. En sus luchas para la conquista de Jerusalén, y con el apoyo romano en Siria, consiguió que en el año 37 a. C. fuera degollado Antígono II, hijo de Aristóbulo II. Eliminaba así al más directo aspirante a arrebatarle su título de rey.

Intentó mejorar sin éxito su imagen ante el pueblo judío. Realizó una política de mejoras, entre las que destacó la reconstrucción del Templo de Jerusalén, iniciada en el 22 a. C., o la fundación de la ciudad de Cesárea, una ciudad portuaria de carácter occidental construida en honor al dueño del Imperio tras la batalla de Accio, Cayo Julio César Octavio Augusto. Fue un gobernante eficaz que impulsó el comercio y la economía de su pueblo. En época de hambruna (25 a. C.), se deshizo de gran parte de la riqueza de sus palacios para comprar trigo a Egipto.

Hizo ejecutar a toda la familia rival derrocada, incluyendo al abuelo (Aristóbulo II) y al hermano (Aristóbulo III, sumo sacerdote ahogado en unos baños) de Mariamna, su mujer. También a ella la mandó ejecutar en 29 a. C., y un año después a la madre de Mariamna. Asimismo eliminó a dos de sus propios hijos (Aristóbulo y Alejandro), atendiendo a rumores de conspiración contra su persona, levantados por otro hijo, Antípater, a quien también ejecutó años más tarde por intentar envenenarle. Herodes tuvo muchos hijos de sus diez esposas. Aunque designó sucesor a su hijo Arquelao, a su muerte, el emperador Augusto repartió el reino entre tres de sus hijos.

En la tradición cristiana, Herodes el Grande, aparece como protagonista de un pasaje del Evangelio de Mateo, n el que manda asesinar a todos los niños menores de 2 años después de que los Magos de Oriente no le dijeran el lugar del nacimiento del "Rey de los judíos", tras indagar con los escribas y sacerdotes del Templo de Jerusalén que señalan a Belén, el pueblo del rey David, como lugar del nacimiento del Mesías. La narración termina contando la huida de María, José y el niño a Egipto, donde permanecieron hasta la muerte de Herodes.

La narración se encuadra cronológicamente en fechas poco anteriores a la muerte de Herodes, dato que sirvió al cronista Dionisio el Exiguo para calcular el nacimiento de Cristo y el comienzo de la era cristiana, base del actual calendario gregoriano que adolece de la imprecisión de esa fecha concreta

Al morir dejó el reino dividido entre sus hijos: Judea, Samaría e Idumea para Arquelao (destituido dos años después por el gobernador romano Poncio Pilatos), y Galilea y Perea para Herodes Antipas (el que, según los Evangelios, eludió juzgar a Jesucristo cuando se lo envió Pilatos). El nieto de Herodes, Herodes Agripa I, fue el último rey que gobernó sobre la totalidad de Palestina y el que, según los Hechos de los Apóstoles, hizo encarcelar a san Pedro y condenó a muerte a Santiago, el Mayor. Bajo su hijo Herodes Agripa II estalló la rebelión de los judíos que llevó a la destrucción de Jerusalén por Tito y la anexión de Palestina a Siria como provincia romana (70 d. C.).

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Los Magos: ¿siguieron la estrella?

No es un cuento de Navidad, sino una profunda experiencia. Ciertamente, ante el relato de los magos (Mt 2,2-11) surgen diversos interrogantes: ¿es pura leyenda?, ¿es sólo un símbolo, según el cual Jesús sería la estrella de Jacob?, ¿estamos ante un signo, es decir, ante algo que realmente aconteció y que resulta significativo? Del fenómeno de la estrella se dan diversas interpretaciones: un cometa, una nueva estrella, un astro milagroso, una conjunción triple. Por diversos motivos, esta última merece especial atención.

El astrónomo J. Kepler hizo esta hipótesis en 1606: una conjunción triple, que se repitió tres veces, extraordinariamente rara, de los planetas Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. En el año 7 a.C. ocurrió el mismo fenómeno y fue particularmente luminoso. La conjunción apareció el 12 de abril y se repitió tres veces, con puntos de culminación el 29 de mayo, el 3 de octubre y el 4 de diciembre.

El fenómeno pudo coincidir con las principales fiestas judías, las tres fiestas de peregrinación a Jerusalén (pascua y Pentecostés en abril y mayo, fiesta de las tiendas en septiembre-octubre): “Tres veces al año, todos los varones se presentarán delante del Señor, tu Dios, en el lugar elegido por él: en la fiesta de los Ázimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las Chozas. Nadie se presentará delante del Señor con las manos vacías. Cada uno dará lo que pueda, conforme a la bendición que el Señor, tu Dios, te haya otorgado”. (Dt 16,16-17). En los Hechos de los Apóstoles (2,1-11) nos encontramos con una fiesta de peregrinación, la de pentecostés (siete semanas). El viaje podía durar mes y medio en aquella época, siguiendo las rutas comerciales, la del Eúfrates o la del desierto.

Es de suponer que los magos (sabios, astrónomos) fueran, como el profeta Daniel (Dn 4,6), judíos de la diáspora, no gentiles. Sólo unos creyentes judíos podrían percibir la señal que les ponía camino de Jerusalén. Para los demás no dejaba de ser un fenómeno más. Los magos percibieron en su trabajo una señal, una señal dada en lo alto del cielo: Los cielos cantan la gloria de Dios (Sal 19,2). Una tablilla en caracteres cuneiformes, que fue dada a conocer en el año 1925 y que se encuentra en el museo estatal de Berlín, revela que la conjunción fue observada en la escuela de astronomía de Sippar, antigua ciudad de Babilonia. En tiempo de Jesús había en Mesopotamia una importante colonia judía.

Los magos llegan preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle. La actitud de adoración, que con razón puede considerarse aquí prematura, sólo se entiende después, a la luz de la Pascua. En los magos sería, más bien, un gesto de reconocimiento y de respeto, como dice Isaías 60,1-6: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tú alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor”.

La pregunta de los magos sobresaltó a Herodes, el rey extranjero (y usurpador) puesto por los romanos. Ciertamente, ese nacimiento no había sido en su casa, sino en otra parte. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Mesías. Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por medio del profeta Miqueas 5,1: “Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial”.

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: “Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. "En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel". Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje”. (Mt 2,4-8)

Los magos van de señal en señal y preguntando. Acogen las señales y, también, la información que, por diversos caminos, les llega. Eso sí, con discernimiento. Van camino a Belén y aparece de nuevo la señal: Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría (Mt 2,10). Como Belén está al sur de Jerusalén (8 km), la nueva conjunción se encuentra delante y encima de ellos. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego los cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, volvieron a su país por otro camino (2,11-12).

A finales del siglo I, el historiador judío Josefo habla de un movimiento mesiánico muy vivo el año 6 a.C., indicando que Herodes castigaba con medidas drásticas a todos aquellos que expresaban su esperanza en la liberación del pueblo judío de la dominación romana. Habla también del rumor popular de que Dios había decidido acabar con el dominio de Herodes, pues una señal divina había anunciado la venida de un caudillo nacional judío. El escritor pagano Macrobio, hacia el 400 d.C., recoge una alusión de Augusto a su contemporáneo Herodes, que había ordenado matar a todos los niños de dos años para abajo.

El sabio judío Maimónides escribió hacia el año 1170 d.C. que los judíos tenían el convencimiento de que el Mesías surgiría cuando se produjera una conjunción de los planetas Saturno y Júpiter en el signo de Piscis. Simeón, jefe del gran levantamiento judío contra la dominación romana en los años 132-135 de nuestra era, fue llamado bar kochba (hijo de la estrella), en referencia al pasaje: Avanza la estrella de Jacob, como se relata en Números 24,17: “Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella se alza desde Jacob, un cetro surge de Israel: golpea las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set”.

Lucas relata el mismo acontecimiento de otro modo. No habla de magos: la palabra tenía (y tiene) connotaciones negativas. Habla de ángeles, mensajeros de Dios, y de pastores, que en la comarca vigilaban y guardaban por la noche su rebaño, así lo relata Lucas 2,8-14: “En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!”

Podemos citar algunos ejemplos:

-Salmo 19-2,7
“El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos; un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia. Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su voz, resuena su eco por toda la tierra y su lenguaje, hasta los confines del mundo. Allí puso una carpa para el sol, y este, igual que un esposo que sale de su alcoba, se alegra como un atleta al recorrer su camino. El sale de un extremo del cielo, su órbita llega hasta el otro extremo, y no hay nada que escape a su calor”


-Carta a los Hebreos 2-5,6
“¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy? ¿Y de qué ángel dijo: Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo? Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice: Que todos los ángeles de Dios lo adoren”.


Los ejércitos celestiales son - según los antiguos - las estrellas, ordenadas en gran número en el cielo y trazando sus órbitas, pero también los ángeles que las mueven. Los pastores dieron a conocer lo que les habían dicho de aquel niño (Lc 2,17). Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor. Movido por el Espíritu, Simeón fue al templo. Aunque el misterio de Jesús le desbordara, tuvo conciencia de estar delante del Mesías (2,29-32). Sus padres estaban admirados de lo que se decía de él (2,33; ver 2,19). El salmo 110,3 adquiere un significado especial: “Tú eres príncipe desde tu nacimiento, con esplendor de santidad; yo mismo te engendré como rocío, desde el seno de la aurora”.

Los escribas y los sumos sacerdotes escudriñaron la Biblia y encontraron no menos de cuatrocientos sesenta y seis profecías mesiánicas y más de quinientos cincuenta conclusiones sacadas de las Escrituras. Y hasta le indicaron a Herodes el lugar exacto donde podía encontrar al Salvador, al verdadero Rey de los judíos. Sin embargo, ninguno se puso en movimiento. Los Magos, en cambio, nos dejaron el ejemplo de quien está en actitud de búsqueda ante Dios.

En nuestra vida suelen suceder hechos cargados de sentido que reclaman nuestra atención. Ciertamente, si uno no se pone a investigar, a ver qué quiere decirnos Dios, vive más tranquilo, no se cuestiona, no se hace problemas. Pero no avanza, se mueve en un horizonte estrecho, mezquino, sin dimensiones, y se priva de lo que le ofrece su capacidad para progresar.

Los Magos estaban a la espera. Aguardaban. Y cuando apareció algo en su cielo, comprendieron que era el signo. No dudaron. No se dejaron enredar con falsas hipótesis. Iniciaron una larga caminata por el deseo de cumplir la voluntad de Dios, y siguieron adelante pese a todos los sacrificios que tal decisión implicaba.

En la vida hay que seguir una estrella. Un ideal. Un proyecto de vida. Un modelo de santidad. Esa es la estrella que brilla para nosotros en nuestro cielo azul. Y hay que seguirla a pesar de todos los sacrificios que impone.

Jesús nos espera al final…

Sin Tiempo

El álbum elegido para el programa de esta semana es: “Sin tiempo” un trabajo discográfico de (3 discos), que estuvimos disfrutando hace ya 3 programas.

La relación entre el guitarrista Luis Salinas y el tiempo da para pensar, por lo que el nombre de esta edición triple no debe ser casual. Se sabe que muchas veces sus shows pueden durar varias horas; uno sabe a qué hora comienza pero no a que hora termina. Mientras él y sus músicos (y el público, claro) disfruten, seguirán tocando. Esa desmesura a veces se refleja en sus ediciones de discos, por lo que estaríamos tentados de, jugando con esa idea, decir que este fue uno de esos casos. Sin embargo, parece ser otro el caso; parece haber premeditación en estos tres CDs simultáneos, grabados al mismo tiempo y con el mismo grupo, y con características diferentes según el caso. Desmenucemos cada uno.

El uno: Unplugged, está integrado por mayoría de temas en los que Salinas empuña una guitarra criolla, y el clima general del disco es el más tranquilo y reposado de los tres. Afloran las múltiples influencias que tiene la música de Salinas como compositor-improvisador: su pasión por el bolero (canta uno de Mike Rivas y Chico Novarro), por la bossa nova, su gusto por el folklore argentino y un aire algo jazzero, como de jam session, pero a la vez muy personal y libre. Se destacan en este primer disco Hoja que cae, Sigue y Sambaden, todos de su autoría. 

El segundo disco: Plugged, es “eléctrico”. Empieza con adrenalina; el primer track se llama Swing rock y ya se siente más presente la batería de Jota Morelli, y el cambio de mood en general. Para cerrar el CD aparece la inconfundible voz del Flaco Spinetta cantando Y aparece tu piel, cuya letra le pertenece. 

El tres: Bonus, es una miscelánea que incluye otras versiones de temas que están en los otros dos discos y cuenta con una versión del tema de Salinas Para el Churry y el Tomate, grabada precisamente por Tomatito y Diego Amador en España. Para quienes ya lo conocen, una panzada de Salinas. Para quienes quieran acercarse a su música, una buena oportunidad.

Material gentileza de Jazz46
Para pedidos: jazz46@redesdelsur.com

El Ataque a Pearl Harbor

Fue una ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor, Hawái, en la mañana del 7 de diciembre de 1941. El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos en las acciones militares que el Imperio del Japón estaba planeando realizar en el Sudeste Asiático contra las posesiones ultramarinas del Reino Unido, los Países Bajos y los propios Estados Unidos. Los japoneses hicieron coincidir esta ofensiva con el ataque a las posesiones del Imperio Británico en Malasia, Singapur y Hong Kong, todas las cuales estaban ya en su poder a mediados de febrero de 1942.

La base naval fue atacada por 353 aeronaves japonesas que incluían cazas de combate, bombarderos y torpederos que despegaron de seis portaaviones. Resultaron dañados los ocho acorazados estadounidenses atracados en el puerto, y cuatro de ellos se hundieron. De estos ocho, dos fueron reflotados y cuatro reparados, por lo que seis pudieron volver a entrar en servicio más tarde, durante la guerra. El ataque japonés también hundió o dañó tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un minador. Los norteamericanos perdieron 188 aeronaves, murieron 2402 estadounidenses y 1282 quedaron heridos de diversa consideración. Sin embargo, los japoneses no atacaron la central eléctrica, el astillero, las instalaciones de mantenimiento, los depósitos de combustible y torpedos, los muelles de submarinos y el edificio del cuartel general y de la sección de inteligencia. Los japoneses perdieron 29 aeronaves y cinco minisubmarinos, además de sufrir 65 bajas militares entre muertos y heridos. Asimismo, un marino japonés fue capturado vivo.

El ataque conmocionó profundamente al pueblo estadounidense y llevó directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en los teatros de guerra de Europa como del Pacífico. Al día siguiente del ataque, 8 de diciembre, los Estados Unidos le declararon la guerra al Imperio del Japón. El apoyo interno en Norteamérica a la no intervención en el conflicto mundial, que había sido fuerte, desapareció, mientras que la asistencia clandestina al Reino Unido fue remplazada por una alianza plena. La Alemania nazi y la Italia fascista declararon la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre en respuesta a las operaciones puestas en marcha por la nación norteamericana.

Hay numerosos precedentes históricos de ataques militares sin previa declaración de guerra por parte de Japón. Sin embargo, la inexistencia de una declaración formal por parte nipona mientras se llevaban a cabo negociaciones que parecían prosperar, llevó al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt a calificar al 7 de diciembre de 1941 como «una fecha que vivirá en la infamia».

Nuestra Señora de Guadalupe

Las apariciones se iniciaron el 9 de diciembre de 1531 en las cercanías de la Ciudad de México, entonces ciudad capital del imperio Azteca, cuando Juan Diego se dirigía al colina de Tepeyac. A medida que Juan Diego se acercaba, comenzó a oír el canto de muchos pájaros sobre el cerro, de pronto cesaron y Juan Diego se detuvo y dijo: “¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá lo estoy soñando? ¿Dónde estoy? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos, nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial?” De pronto oyó que lo llamaban de arriba del cerro, y que le decían:

"JUANITO, JUAN DIEGUITO".

Juan Diego se atrevió a ir a donde lo llamaban sin temor, comenzó a subir al cerro para ir a ver quien era la persona que lo llamaba. Cuando llegó a la cumbre, vio una Doncella que estaba de pie, Ella lo llamó para que se acercara. Cuando la contemplo, noto que su vestido relucía como el sol, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; y el resplandor que emanaba de Ella era como el de las piedras preciosas. En su presencia Juan Diego se postró, y escucho palabras sumamente dulces que le dijeron:

"ESCUCHA, HIJO MÍO EL MENOR, JUANITO. ¿A DÓNDE TE DIRIGES?".

Y él le contestó: "Mi Señora, mi Reina, muchachita mía, estoy yendo allá a tu casita de México, a seguir las cosas de Dios que nos enseñan los sacerdotes". Con esto comienza a dialogar con él, y le descubre su preciosa voluntad; diciéndole:

"SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA TIERRA, MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME LEVANTEN MI CASITA SAGRADA. EN DONDE LO MOSTRARÉ, LO ENSALZARÉ AL PONERLO DE MANIFIESTO: LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN: PORQUE YO EN VERDAD SOY VUESTRA MADRE COMPASIVA, TUYA Y DE TODOS LOS HOMBRES QUE EN ESTA TIERRA ESTÁIS EN UNO, Y DE LAS DEMÁS VARIADAS ESTIRPES DE HOMBRES, MIS AMADORES, LOS QUE A MÍ CLAMEN, LOS QUE ME BUSQUEN, LOS QUE CONFÍEN EN MÍ, PORQUE ALLÍ LES ESCUCHARÉ SU LLANTO, SU TRISTEZA, PARA REMEDIAR PARA CURAR TODAS SUS DIFERENTES PENAS, SUS MISERIAS, SUS DOLORES.

Y PARA REALIZAR LO QUE PRETENDE MI COMPASIVA MIRADA MISERICORDIOSA, ANDA AL PALACIO DEL OBISPO DE MEXICO, Y LE DIRÁS QUE CÓMO YO TE ENVÍO, PARA QUE LE DESCUBRAS CÓMO MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME PROVÉA DE UNA CASA, ME ERIJA EN EL LLANO MI TEMPLO; TODO LE CONTARÁS, CUANTO HAS VISTO Y ADMIRADO, Y LO QUE HAS OÍDO.

Y TEN POR SEGURO QUE MUCHO LO AGRADECERÉ Y LO PAGARÉ, QUE POR ELLO TE ENRIQUECERÉ, TE GLORIFICARÉ; Y MUCHO DE ALLÍ MERECERÁS CON QUE YO RETRIBUYA TU CANSANCIO, TU SERVICIO CON QUE VAS A SOLICITAR EL ASUNTO AL QUE TE ENVÍO.

YA HAS OÍDO, HIJO MÍO EL MENOR, MI ALIENTO MI PALABRA; ANDA, HAZ LO QUE ESTÉ DE TU PARTE".


Juan Diego al escuchar estas palabras inmediatamente le dijo: "Señora mía, mi niña, voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; yo, tu pobre indio". Juan Diego se dirige a testimoniar ante el obispo, Don Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco. Tras varios intentos fallidos para verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo; después de un largo rato de espera le concede la entrevista. En cuanto entró, le cuenta la aparición de la Reina del Cielo, y comenta el mensaje que le encargo que transmitiera al prelado. Habiendo escuchado el obispo, le respondió:  "Hijo mío, otra vez vendrás, con más calma y te oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo".

Al terminar el día, luego de la entrevista con el obispo se dirigió a la cumbre del cerro, y se encontró a la Reina del Cielo, donde apareció la primera vez, Ella lo estaba esperando, en cuanto la vio, se postró y le dijo: "Patroncita, Señora, Reina, mi muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste. Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto. Me dijo: "Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé, bien aun desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad".

La Virgen a su respuesta le contestó a Juan Diego lo siguiente:

"ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUÉ QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD; PERO ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD. Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO. Y DE MI PARTE HAZLE SABER, HAZLE OÍR MI QUERER, MI VOLUNTAD, PARA QUE REALICE, HAGA MI TEMPLO QUE LE PIDO.

Y BIEN, DE NUEVO DILE DE QUÉ MODO YO, PERSONALMENTE, LA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, YO, QUE SOY LA MADRE DE DIOS, TE MANDO".


Terminado el dialogo se fue a su casa a descansar. Al día siguiente todavía de noche, salió de su casa para ver al obispo. Juan Diego hizo todo lo posible para ver al prelado, cuando este lo recibió, postrado a sus pies y llorando le relato cual era el pedido de la Reina del Cielo, que creyera y que aceptara, la voluntad de la Santa Señora, el de erigirle su casa sagrada, en donde había dicho, en donde Ella la quería. El obispo le preguntó muchas cosas, lo investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella, entonces comprendió con toda claridad que era la Virgen María. Pero el prelado le dijo que no sólo por su palabra, era necesaria alguna otra señal para poder creer que el mensaje de Juan Diego era el de la Reina del Cielo en persona.

Juan Diego partió al encuentro de la Reina del Cielo y le comento la respuesta que traía del señor obispo; la que, la Señora, le dijo:

"BIEN ESTÁ, HIJITO MÍO, VOLVERÁS AQUÌ MAÑANA PARA QUE LLEVES AL OBISPO LA SEÑAL QUE TE HA PEDIDO; CON ESO TE CREERÁ Y ACERCA DE ESTO YA NO DUDARÁ NI DE TI SOSPECHARÁ; Y SÁBETE, HIJITO MÍO, QUE YO TE PAGARÉ TU CUIDADO Y EL TRABAJO Y CANSANCIO QUE POR MI HAS EMPRENDIDO; EA, VETE AHORA; QUE MAÑANA AQUÍ TE AGUARDO".

Al día siguiente cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser vista por el obispo, no pudo hacerlo porque cuando llego a su casa, su tío, Juan Bernardino, estaba muy enfermo así que de inmediato llamó al médico, pero la enfermedad de su tío era irreversible. Cuando anocheció, su tío le rogó que buscara algún sacerdote para que venga a darle los santos óleos porque estaba seguro de que ya era el tiempo, que ya no se levantaría, que ya no se curaría. Juan Diego, fue a buscar al sacerdote, pero cuando llego al lado del cerro donde terminaba la sierra pensó: "Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al obispo como me lo mandó…". En seguida dio la vuelta al cerro, para llegar a México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo. Juan Diego pensó que de este modo podría evadir un posible encuentro con María, pero de pronto la vio y observó que lo estaba mirando y Ella salió a su encuentro diciéndole:

"¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?".

En su presencia se postró diciéndole: "Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, ojala que estés contenta. Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: haciéndote saber, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. Te ruego me perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa". En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:

"ESCUCHA, PONLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA. ¿NO ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS? ¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA? QUE NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NOTE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ BUENO"

Su tío quedo sanado en el momento, Juan Diego se enteraría tiempo después. Luego Ella le mandó que subiera a la cumbre del cerro, en donde antes la veía; y le dijo:

"SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME VISTE Y TE DI ÓRDENES; ALLÍ VERÁS QUE HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA".

Juan Diego subió al cerro, y cuando llegó a la cumbre, se asombró al ver una cantidad de hermosas flores de las especies y formas más variadas, lo más extraño es que todavía no era su tiempo, ya que caía nieve en el lugar, pero lo que más maravillo a Juan Diego fue el aroma y el perfume mas dulce y suave que se desprendían de aquellas frescas flores. Asombrado porque en la cumbre del cerro, sólo abundan los riscos, abrojos y espinas, comenzó a cortarlas, las juntó, las puso en el hueco de su tilma. Bajo y llevo a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar, y cuando Ella las vio, con sus venerables manos las tomó; y las puso todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:

"MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL QUE LLEVARÁS AL OBISPO; DE MI PARTE LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD. Y TÚ, TÚ QUE ERES MI MENSAJERO, EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA CONFIANZA; Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS. Y LE CONTARÁS TODO PUNTUALMENTE; LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE, PARA QUE PUEDAS CONVENCER AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO".

Así fue a México, cuidando lo que llevaba en el hueco de su vestidura, disfrutando del aroma de las preciosas flores. Cuando llego al palacio del obispo, salieron a su encuentro el portero y los demás servidores del prelado, Juan Diego les suplicó que le dijeran que deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingiendo que no le entendían. En cuanto el obispo lo oyó, se dio cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba Juan Diego y enseguida dio la orden para que pasara a verlo.

En presencia del obispo le contó lo que había visto admirado, y el mensaje que la Reina del Cielo tenía que transmitir. “…me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad, y para que parezca que es verdad mi palabra, mi mensaje. Aquí las tienes, hazme favor de recibirlas”

Luego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores. Cayeron al suelo todas las más variadas flores, las más bellas, luego en ese mismo instante se convirtió en señal, se apareció de repente la Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, en la forma y figura como hoy la conocemos. El y todos los que allí estaban, se arrodillaron, la admiraron, se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron. El obispo con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón a Juan Diego por no haber realizado su voluntad antes, por no haber creído en su palabra.

Juan Diego pasó un día en la casa del obispo y al día siguiente le dijo: "Anda, vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo". Luego lo acompañaron a su casa y al llegar vieron a su tío de pie, sano. Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó, y la vio exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, le dijo cómo a él también que lo había enviado a México a ver al obispo; y que también, cuando fuera a verlo, que le descubriera, le contara lo que había visto y la manera maravillosa en que lo había sanado, y que la llamara LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE.

Tradiciones y Origen de la Corona de Adviento - 2º parte

Las lámparas y las coronas iluminan las iglesias y altares cristianos. Desde el siglo IV tenemos noticia de la existencias de coronas que iluminaban las Basílicas y las iglesias alto medievales. El Liber Pontificalis (I, 172-187) narra que Constantino donó a la basílica de San Pedro una corona de ochenta delfines de oro, otra de plata y más de cien coronas para las naves de la iglesia. Estas coronas colgaban de las pérgolas de los antiguos altares. El Liber Ordinum recoge una bendición para ellas y el descubrimiento arqueológico del tesoro visigótico de Guarramar lo confirma.

La asamblea litúrgica, reunida en oración, al encender las lámparas, daba gracias a Dios, proclamando la llegada de la luz indeficiente. La Tradición Apostólica, atribuida a San Hipólito, describe la introducción de la lámpara en la cena comunitaria: «Te damos gracias, Señor, por tu Hijo Jesucristo, por quien nos esclareciste revelándonos la luz incorruptible». También las Constituciones Apostólicas señala la recitación del salmo lucernario (con seguridad el salmo 140) y una oración conclusiva proclamando Cristo como causa de la luz del conocimiento y de la revelación. La celebración de las Vísperas se unía, al rito del lucernario, como lo muestra el Concilio primero de Toledo (a. 400). El rito del Lucernario se conserva de manera muy especial y significativa en la noche pascua.

En los países escandinavos, de manera especial en Suecia, se celebra la festividad de Santa Lucía en medio del tiempo de Adviento. En esta fiesta, de origen católico, se representa una procesión con luminarias protagonizada, principalmente por niñas y jovencitas (aunque también participan los niños), vestidas con túnicas blancas, velas y lámparas. Una de las jovencitas representa el papel de Lucía, vestida con alba blanca y cíngulo rojo en la cintura y una corona en la cabeza, formada por ramas y hojas de arándano sobre la que se fijan unas velas.

Santa Lucía es acompañada por un cortejo de niñas y niños a los que se les viste con cucuruchos de cartón con estrellas, a modo de los capirotes de nazarenos. La procesión es acompañada de cantos y deseos que expresan que la luz vencerá sobre las tinieblas. Las representaciones van acompañadas de comidas especiales y encuentros entre familias, festivales escolares. La corona de luz sobre las cabezas, el decorado de hojas húmedas que evite riesgo de quemaduras, el deseo de paz y felicidad y la preparación de la Navidad son temas coincidentes con la corona de Adviento. De la fiesta de Santa Lucía sueca tenemos noticias desde el siglo XIX, sin embargo, fue a comienzos del siglo XX, cuando alcanzó más popularidad.

Otro antecedente de la corona de Adviento es el Paradeisl. Se trata de una pirámide compuesta por tres manzanas en la parte inferior y una en la parte superior, todas ellas están unidas por palillos, formando una pirámide. Sobre cada una de las manzanas, símbolo del pecado de los primeros padres, se alza una vela, signo de la venida de Cristo. Cada domingo de Adviento se enciende una vela dejando la superior para el cuarto domingo.

martes, 2 de diciembre de 2014

El Apóstol San Andrés

Nació en Betsaida, población de Galilea situada a orillas del lago de Genezaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano Simón Pedro. La Sagrada Escritura no especifica si era mayor o menor que éste. La familia tenía una casa en Cafarnaún y en ella se alojaba Jesús cuando predicaba en esa ciudad. Cuando San Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Precisamente estaba con su maestro, cuando Juan Bautista, después de haber bautizado a Jesús, le vio pasar y exclamó: "¡He ahí al cordero de Dios!"

Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del Espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: "¿Qué buscáis?" Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada.

Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman "Proclete" (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo, le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús.

Al principio no le seguían constantemente, como habían de hacerlo más tarde, pero iban a escucharle siempre que podían y luego regresaban al lado de su familia a ocuparse de sus negocios. Cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente al ministerio apostólico, anunciándoles que haría de ellos pescadores de hombres. Abandonaron inmediatamente sus redes para seguirle y ya no volvieron a separarse de EI.

AI año siguiente, nuestro Señor eligió a los doce Apóstoles; el nombre de Andrés figura entre los cuatro primeros en las listas del Evangelio. También se le menciona a propósito de la multiplicación de los panes (Juan, 6, 8-9) y de los gentiles que querían ver a Jesús (Juan, 12, 20-22)

Aparte de unas cuantas palabras de Eusebio, quien dice que San Andrés predicó en Scitia, y de que ciertas "actas" apócrifas que llevan el nombre del apóstol fueron empleadas por los herejes, todo lo que sabemos sobre el santo procede de escritos apócrifos. Sin embargo, hay una curiosa mención de San Andrés en el documento conocido con el nombre de "Fragmento de Muratori", que data de principios del siglo III: "El cuarto Evangelio (fue escrito) por Juan, uno de los discípulos. Cuando los otros discípulos y obispos le urgieron (a que escribiese), les dijo: "Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese".

En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Rom. 14,9). El origen de esa tradición es un documento falso, en una época en que convenía a Constantinopla atribuirse un origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. (El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV).

El género de muerte de San Andrés y el sitio en que murió son también inciertos. La "pasión" apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. Según parece, la tradición de que murió en una cruz en forma de "X" no circuló antes del siglo IV.

En tiempos del emperador Constancio II (+361), las presuntas reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y, poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.

Según una tradición que carece de valor, el santo fue a misionar hasta Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, y la leyenda que se conserva en el Breviario de Aberdeen y en los escritos de Juan de Fordun, no merece crédito alguno. Según dicha leyenda, un tal San Régulo, que era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde.

De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, "hacia el extremo de la tierra"". El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una Iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. Probablemente esta leyenda data del siglo VIII. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias.

El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa, junto con los de otros Apóstoles. También figura, con los nombres de la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, en la intercalación que sigue al Padrenuestro. Esta mención suele atribuirse a la devoción que el Papa San Gregorio Magno profesaba al santo, aunque tal vez data de fecha anterior.

La Inmaculada Concepción de María

María, plena de gracia santificante desde el primer instante de su concepción, la Iglesia Católica enseña que María es Inmaculada. Con este título se expresa aquel privilegio singular por el cual la Madre de Dios, al ser concebida, no contrajo la mancha del pecado original. Creemos como verdad de fe, que el alma de María desde el primer instante de su existencia, estuvo adornada con la gracia santificante. Creemos que no hubo momento alguno en el cual María se hallase en enemistad con Dios; creemos que en ninguna circunstancia de su vida, ni siquiera en el instante de su concepción, estuvo sometida a la esclavitud del demonio, proveniente del pecado.

La mancha del pecado original, alcanza y contagia indefectiblemente a todos aquéllos que reciben de Adán la naturaleza humana. La generación paterna al dar una naturaleza humana despojada de la gracia santificante, es el vehículo de la transmisión de aquel pecado. Esta ley universal tiene, sin embargo, una excepción gloriosa, pues Dios, en vista de los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, por gracia y privilegio singular, ha suspendido en María la aplicación de esta ley.

Según esto, María, al ser concebida, no recibió como los demás hombres una naturaleza manchada por el pecado, sino una naturaleza adornada con la gracia de Dios, libre de pecado original, o sea, una naturaleza “inmaculada”. En esta inmunidad de la mancha del pecado original y posesión de la gracia santificante, desde el primer instante de su existencia, consiste pues la Inmaculada Concepción de María. Este privilegio muy glorioso, verdadero milagro espiritual, fue que la omnipotencia de Dios la preservó en su concepción del pecado original, lo cual fue concedido en vista de los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo, que en tanto para todos obran restaurando y reparando en ellos lo que el pecado destruye, para María obraron en manera mucho más elevada y profunda, a saber, preservándola de la caída del pecado.

De la misma manera que al pasar el Arca de la Alianza, la mano omnipotente de Dios detuvo ante los israelitas las aguas del Jordán, que no se atrevieron a tocarla (Josué 3,15-16), cuando llegó María a la existencia, el poder misericordioso de Dios detuvo junto a Ella las aguas que traían la infección universal del pecado, no permitiendo que tocaran ni mancharan a aquella criatura escogida entre todas para ser la Madre del Verbo Encarnado. La Inmaculada Concepción se halla indicada en las Sagradas Escrituras, ya desde sus primeras páginas: “Dijo el Señor Dios a la serpiente: por cuanto hiciste esto, maldita eres entre todos los animales de la tierra, andarás arrastrándote sobre tu pecho y tierra comerás todos los días de tu vida. Yo pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu raza y la descendencia suya: Ella quebrantará tu cabeza, y tú andarás acechando a su calcañar” (Gn.3,15).

Este pasaje del Génesis suele llamarse “Protoevangelio”, precisamente por la naturaleza de la profecía encerrada en sus palabras. La serpiente indica al demonio. La Mujer que será su Enemiga y le aplastará la cabeza es María, con su Hijo Divino Jesús, su descendencia. Los Padres y toda la tradición de la Iglesia enseñan que: “Con este oráculo divino fue preanunciado clara y abiertamente el misericordioso Redentor del género humano, o sea el Hijo Unigénito de Dios, Cristo Jesús, y designada su bienaventurada Madre, la Virgen María, y simultáneamente expresada de insigne manera, las mismísimas enemistades de ambos contra el demonio”.(Pío IX, Bula “Ineffabilis Deus”).

La Virgen María, en general, ha de afirmarse que en el orden de la reparación, ocupa aquel lugar que ocupó Eva en el orden de la perdición, pues según enseñan esas insignes palabras del Génesis, todo lo que el demonio escogió para la ruina del género humano, fue dispuesto divinamente por Dios para nuestra salud. Y al nuevo Adán, o sea Cristo, debe unirse con nexo indisoluble, para destruir las obras del demonio, la nueva Eva, o sea María. Si Jesús es el nuevo Adán y María la nueva Eva, María había de ser “Inmaculada” completamente libre de todo pecado, aún libre del pecado original. En las palabras que usa el Arcángel San Gabriel para anunciar a María el misterio de la Encarnación también encontramos claramente implícito el privilegio de la Inmaculada Concepción: “Salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres...” (Lc. 1,28).

Esta plenitud de gracia, tan ilimitada, y tan completa, otorgada y ordenada, según lo indican las palabras del Ángel, a hacer a María digna de la altísima misión a que había sido llamada, no podía decirse de quien alguna vez siquiera hubiese estado manchado con el pecado. Igualmente al decir que el Señor está con Ella, con María, plenamente, sin limitación alguna de tiempo. La expresión griega KEJARITOMENI, Llena de Gracia, hace las veces de nombre propio en la alocución del Ángel: “Salve, Llena de gracia”, tiene que expresar una nota característica en María, la dotación de todas las gracias en plenitud singular por su elección para Madre de Dios, y esto desde el primer instante de su existencia.

Santa Isabel, henchida del Espíritu Santo, dice a María: “Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre” (Lc. 1,42). La bendición de Dios que descansa sobre María, es considerada paralelamente a la bendición de Dios que descansa sobre Cristo en cuanto a su humanidad. Tal paralelismo sugiere que María, igual que Cristo, estuvo libre de todo pecado desde el comienzo de su existencia. En la historia del dogma de la Inmaculada se suelen distinguir tres períodos: El primero se extiende desde los comienzos de la Iglesia hasta el siglo XI. En los primeros siglos del cristianismo, la fe en la Inmaculada aún sin ser formal y explícita, estaba comprendida en la fe sobre la excepcional santidad de María con su singularísima pureza. En el llamado Protoevangelio de Santiago, escrito en el siglo II queda clarísimo que toda fealdad sea excluida de María para que sea digna Madre del Señor, y con más razón esto vale para el alma.

El mártir San Hipólito –hacia el año 235- que comparaba a Nuestro Señor con el Arca de la Alianza, hecha de leño incorruptible dice: “El Señor estaba exento del pecado, habiendo sido formado de un leño no sujeto a la corrupción humana, es decir de la Virgen y del Espíritu Santo”. Y semejantes a éstas se hallan numerosas expresiones y explicaciones en los escritos de los Padres que confirman la fe primitiva en la pureza total y plena de María. Dice San Efrén a Jesucristo y con él toda la Tradición; “Tú y tu Madre sois los únicos que en todo aspecto sois perfectamente hermosos pues en Ti Señor no hay mancilla, ni mancha en tu Madre”.

Los Padres griegos fueron especificando este dogma antes que en Occidente. Ya en el siglo V en Oriente se formula esta doctrina con claridad extraordinaria. Anfiloquio de Sida –que estuvo presente en el Concilio de Éfeso- dice: “Dios creó a la Virgen sin mancha y sin pecado”. Y escribe el adalid de Éfeso, San Cirilo de Alejandría: “¿Quién oyó jamás decir que un arquitecto, después de haberse construido una casa, la ha dejado ocupar y poseer primeramente por su enemigo?”

Así, a lo largo de los siglos se transmite con total claridad, confianza y seguridad, el dogma de la Inmaculada Concepción. En el segundo período encontramos el dogma de la Inmaculada en la liturgia. Es importante destacar la trascendencia de esto porque la liturgia es el culto oficial de la Iglesia. La Iglesia ora en su liturgia conforme a la única y verdadera fe. De allí el dicho secular: “LEX ORANDI, LEX CREDENDI”, la ley de la oración es la ley de lo que se cree (es decir, de la fe).

La fiesta de la Concepción de María, se remonta al siglo V en Oriente. En el siglo VI ya estaba en el Misal de San Isidoro de Sevilla. Sabemos que fue introducida en Nápoles y Sicilia en el siglo IX, extendiéndose luego por Irlanda, Islas Británicas y Normandía y de una forma mucho mayor en el siglo XI. En sus comienzos la fiesta también se llamó de la Maternidad de Santa Ana. Si pensamos que la Iglesia sólo rinde culto a los Santos, vemos que en la celebración ya se profesaba la Concepción Inmaculada de María.

Por otra parte la fiesta fue celebrada por muchas iglesias separadas por siglos de la Iglesia Romana, instituida seguramente antes de esa separación; no parece probable que hayan tomado una fiesta de la Iglesia de la cual se separaron. Un tercer período se extiende entre los siglos XII y XVIII. Es el período de las controversias. La celebración se extendía pero no se aclaraba suficientemente su doctrina. María es la Toda Santa, como la llaman los griegos: La Panaghía. María es la Toda Santa, la siempre Santa, la perfectamente Santa. La santidad perfecta de María es también una verdad revelada, o como dijeron muchos teólogos, “un dogma tácitamente proclamado”.

La definición del dogma de la Inmaculada Concepción se refiere en modo directo únicamente al primer instante de la existencia de María, a partir del cual fue “preservada inmune de toda mancha de culpa original”. El Magisterio pontificio quiso definir así sólo la verdad que había sido objeto de controversias a lo largo de siglos: la preservación del pecado original, sin preocuparse de definir la santidad permanente de la Virgen Madre del Señor.

Las palabras solemnísimas de la Bula Ineffabilis Deus habían resonado en el cielo y en la tierra:

“Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia nuestras privadas oraciones y las súplicas de la Iglesia, para que se designase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorado el auxilio de toda la corte celestial e invocado con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo El mismo: Para honor de la Santa e indivisa Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra propia:

Declaramos, afirmamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su Concepción, por gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles. Por lo cual si algunos –lo que Dios no permita- presumieren sentir en su corazón de modo distinto a como por Nos ha sido definido, sepan y tengan por cierto que están condenados por su propio juicio, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia.”

La bula fue traducida en 400 idiomas y dialectos. Al final de su lectura el Papa Pío IX agradece a Dios con gozosa humildad:

“Nuestra boca está llena de gozo, y nuestra lengua de júbilo y damos humildísimas gracias a Nuestro Señor Jesucristo, y siempre se las daremos, por habernos concedido el singular beneficio de ofrecer este honor, esta gloria y esta alabanza a Su Santísima Madre”.

Tradiciones y Origen de la Corona de Adviento - 1º parte

Los mosaicos del siglo XII de la portada de la Basílica de Santa María in Traste veré de Roma, resumen plásticamente y anticipan, como si se tratase de una profecía, la tradición de la Corona del Adviento, que surgirá en las comunidades cristianas europeas en el norte de Europa en la primera mitad de siglo XIX. El mosaico, en su primera composición de Pietro Cavallini, en el siglo XII, mostraba en un trono a la Virgen con el niño Jesús, rodeada de cuatro muchachas; dos portan lámparas de aceite con la luz encendida, y otras dos, con velo, las llevan con la luz apagada. La escena inicial fue modificada en el proyecto de Carlo Fontana de 1702, que añadieron seis vírgenes más, todas ellas con la luz encendida.

La parábola de las vírgenes prudentes y necias, vislumbrada en el mosaico, es una llamada a esperar vigilante y diligentemente al Señor, que es presentado por la Virgen, como luz nacida de la alto y se ha revestida de la condición humana. La luz hace referencia, en la tradición vetereotestamentaria a la acogida de la revelación divina (Sal 35, 10: «tu luz nos hace ver la luz»), la imagen opuesta representa la obstrucción y el rechazo de la revelación divina.

Para la antigüedad las lámparas de aceite o las velas confeccionadas con la cera de la abeja, no eran simple linternas modernas, sino objetos con un significado religioso. La luz, que porta la lámpara, se identificaba con los conceptos del bien y del mal, el orden y el caos, la búsqueda del conocimiento, la iniciación, la verdad, la vida y la muerte.

El hecho de encender lámparas y luminarias con una finalidad cultual está atestiguado en la historia de las religiones. La luz proveniente de la lámpara ahuyenta los poderes maléficos e inquietantes de las tinieblas. La lámpara es signo de la presencia real de Dios. Así el Corán declara: «Dios es la luz de los cielos y de la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay un pábilo encendido» (Sura 24, 35).

En ocasiones las lámparas, como símbolo de la vida, eran colocadas en las columnas de las necrópolis funerarias y en las tumbas de los difuntos. En la tumba de Tutankhamón, descubierta en 1922 por el inglés Howard Carter, se hallaron lámparas de aceite. La piedad popular cristiana pone la candela, bendecida en el día de la Presentación, entre las manos del fiel, en su lecho de muerte, para que ilumine los últimos pasos de su camino hacia la eternidad.

El hecho de encender las luces tanto de la casa como del templo tenía un valor religioso cultual. La mujer hebrea enciende ritualmente las luces de la fiesta del Sabbath. Entre los griegos y los romanos cuando el portador de la luz entraba pronunciaba una bendición o un buen deseo tal como «¡buena sea la luz!». A lo que se respondía: «¡Bienvenida sea la luz!». Todavía en el oficio hispano mozárabe se saluda diciendo: «En el nombre de nuestro Señor Jesucristo luz con paz»

La simbología de los elementos naturales recogida en la historia de las religiones, no es elemento principal para explicar los signos de la revelación judeocristiana. En la fe revelada el punto central se desplaza de la naturaleza a la historia. La corona de adviento no está sujeta solamente a la simbología del solsticio de invierno sino a la revelación divina, tal y como la encontramos en la fiesta rabínica de la Hanukkah, fiesta también conocida como festival de las luces, comprende 8 días desde el 25 de Kislev hasta el 3 de Tevet y conmemora la victoria de Judas Macabeo contra los Griegos y la purificación y dedicación del templo el 25 de Kislev del año 164 a. C.

Roberto Gómez Bolaños

Fue hijo de la secretaria bilingüe Elsa Bolaños Cacho y del pintor, dibujante e ilustrador Francisco Gómez Linares.6 Estudió ingeniería mecánica en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero nunca se graduó. Su padre, pintor reconocido de la época, falleció cuando tenía seis años. Su madre, que nunca llegó a conocer la fama de la serie El Chavo, falleció por cáncer de páncreas. Inició su carrera como creativo publicitario, lo que lo conectó con la radio y la televisión, en la cual fue, durante la década de 1950, un muy activo guionista. También hizo varios guiones de películas para el dúo Viruta y Capulina y se inició fugazmente como actor con ellos en Dos criados malcriados, en 1960.

Su nombre profesional, Chespirito, se debe al director cinematográfico Agustín P. Delgado, derivado del diminutivo de la pronunciación españolizada del apellido de William Shakespeare (fonéticamente Chekspir), debido a la estatura de Gómez Bolaños y por el talento de este para escribir historias que asemejaba a las de Shakespeare. Entre 1960 y 1965, escribió guiones para los dos programas de mayor audiencia en la televisión mexicana: Cómicos y canciones así como El estudio de Pedro Vargas, de la cadena Telesistema Mexicano.

En 1968, iniciaba transmisiones la Televisión Independiente de México y Chespirito fue llamado como escritor con la oferta de usar a su antojo una media hora semanal a su cargo. Así, nacieron Los supergenios de la mesa cuadrada y su carrera como actor. En 1970, extendieron su horario a una hora y en un programa propio. El mismo se denominó Chespirito y nació el personaje del Chapulín Colorado. Un año más tarde, apareció el Chavo. Ambos personajes funcionaron tan bien que el programa se dividió en dos, dedicando media hora a cada uno. A mediados de los ochenta inicia un breve programa llamado La chicharra, serie basada en periodistas, sin mucho éxito.

A pesar de ser muy conocido por sus papeles del Chavo y del Chapulín Colorado, también fue creador de varios personajes más, como el Chómpiras, el Doctor Chapatín, Vicente Chambón y Chaparrón Bonaparte. En una entrevista a Teresa Rodríguez, comentó que el decidió añadir palabras con ch porque era usado en "muchas groserías en México". A pesar de sus guiones recurrentes, estos programas se convirtieron en éxitos a lo largo de toda Hispanoamérica, Estados Unidos y España, en gran medida gracias a la simpatía del cuadro de actores de sus programas, integrado en distintas épocas por Carlos Villagrán, Ramón Valdés, Florinda Meza, Rubén Aguirre, Édgar Vivar, Angelines Fernández, Raúl Padilla, Horacio Gómez Bolaños y María Antonieta de las Nieves, que encontraron también la fama internacional.

En el año 2004 la Asociación de Cronistas de Arte (ACROARTE) de la República Dominicana y la Cervecería Nacional Dominicana le otorgan el Soberano Internacional como un reconocimiento a su carrera en la televisión latinoamericana y a sus múltiples facetas como escritor, guionista, actor, humorista y productor. En el 2012 se realizó un homenaje llamado América celebra a Chespirito hecho por la misma Televisa. En una de las presentaciones, la más emotiva fue la interpretación de Thalía, Gracias, compuesto por Gian Marco donde se acercó directamente. El 20 de noviembre de 2013, Chespirito recibió el Premio Ondas Iberoamericano a la trayectoria más destacada en televisión. Chespirito murió a los 85 años el 28 de noviembre de 2014 en Cancún, México debido a complicaciones respiratorias.

martes, 25 de noviembre de 2014

Patriarcado Ecuménico de Constantinopla

En los tiempos del Nuevo Testamento, la cultura griega era la predominante en la región oriental del Imperio Romano. El desarrollo primigenio de la Iglesia, comenzaría en esta región oriental con la actividad misionera del Apóstol San Pablo sobre la civilización helénica. El Emperador Constantino, inició un proceso que culminaría con la adopción del cristianismo como Religión del Estado por parte del Emperador Teodosio hacia fines del siglo IV. Constantino, también trasladó la capital del Imperio desde Roma a la pequeña ciudad de Bizancio en el año 330, años más tarde fue renombrada como Constantinopla, o la Nueva Roma.

A consecuencia del nuevo estatus de Constantinopla como capital imperial, su Iglesia, creció en importancia. El canon 3 del 1er Concilio de Constantinopla - año 381- declaró que el obispo de esta ciudad “tendría primacía de honor, después del obispo de Roma, puesto que Constantinopla es la Nueva Roma”; de este modo, esa Sede quedaba en un rango superior que los antiguos Patriarcados de Alejandría y Antioquía. En el controvertido Canon 28 del Concilio de Calcedonia - año 451 – reconoció una gran expansión de las fronteras del Patriarcado Constantinopolitano y un consecuente aumento de su autoridad sobre los obispos de las diócesis situadas “entre los bárbaros”, lo cual fue varias veces, como refiriéndose a cualquier área fuera de los límites del Imperio Bizantino; de todos modos, por alrededor de mil años, el Patriarca de Constantinopla, presidió sobre la Iglesia del Imperio Romano Oriental, y su notable actividad misionera, atrajo a la fe cristiana (en su forma bizantina) a muchos pueblos situados más allá de las fronteras septentrionales del Imperio. La Catedral de Santa Sofía, fue por siglos, el centro de la vida religiosa del Mundo Cristiano Oriental; luego de la caída del Imperio Bizantino en 1453, fue convertida en la hoy conocida mezquita de Estambul.

El cisma entre las Sedes de Roma y Constantinopla fue de un desarrollo muy paulatino, y abarcó un largo período de tiempo que culminó en el año 1054, con la mutua excomunión entre el Patriarca Miguel Cerulario y el cardenal Humberto (legado Papal), pese a esto, el común de la gente dentro del Imperio no tuvo una real conciencia de la ruptura, sino hasta después del año 1204, cuando las tropas latinas saquearon Constantinopla durante la IV cruzada. Como consecuencia del cisma, Constantinopla, comenzó a asumir su primacía entre las Iglesias de tradición bizantina. La ciudad de Constantinopla cayó en manos del Imperio Otomano en el año 1453, y si bien los turcos tomaron muchas medidas restrictivas hacia los cristianos, de algún modo, ellos incrementaron la autoridad del Patriarca, ya que lo convirtieron en un líder civil y religioso de la multi-étnica  comunidad ortodoxa dentro del vasto Imperio Otomano, permitiéndole retener su posición como el primero entre los Patriarcas ortodoxos. Esta nueva situación política, le dio una mayor autoridad sobre los Patriarcados griegos de Alejandría, Antioquía y Jerusalén, los cuales habían caído también bajo el yugo turco.

Si bien esta situación político-religiosa dentro del Imperio Otomano promovió la autoridad civil de Constantinopla, el Patriarcado pagó un precio bastante alto por ello, cuando en el año 1821, los griegos se alzaron contra el dominio turco, y el Sultán responsabilizó al Patriarca Gregorios V, y lo colgó en la puerta de la residencia patriarcal, dos Metropolitas y doce obispos  correrían la misma suerte. En 1832, se estableció un estado griego independiente, erigiéndose una Iglesia Autocéfala en 1833. Después de la I Guerra Mundial hubo un gran intercambio de población entre Grecia y Turquía, dónde los primeros se desembarazaron de muchos residentes musulmanes, y los segundos de sus minorías greco-ortodoxas. En la década del 50 del siglo XX, hubo nuevas revueltas anti griegas en Estambul, que precipitaron otro éxodo de pobladores griegos desde Turquía. En nuestros días muy pocos griegos permanecen en la ciudad. El Patriarcado de Constantinopla incluye, actualmente, a unos 4000 o 5000 residentes griegos que aún permanecen en Turquía, así como algunas partes del territorio de Grecia como ser: el Monte Athos, la Semi-Autónoma Iglesia de Creta, y otras islas.

El Patriarcado administra algunas academias de Teología en Grecia, como ser: una escuela dentro del monasterio de San Juan el teólogo, en la isla de Patmos; el Instituto Patriarcal de Estudios Patrísticos de Tesalónica; y la Academia Ortodoxa de Creta. A esto le debemos sumar que, para el año 1993, el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico designó al Instituto Ortodoxo Patriarcal Athenágoras de California, como Instituto Patriarcal Oficial; y que a fines de 1997 hizo lo mismo con el Centro Ortodoxo de Chambesy, Suiza, cercana a la ciudad de Ginebra. La República Monástica del Monte Athos, pese a estar localizada en territorio griego, está bajo la jurisdicción del Patriarcado de Constantinopla. La Constitución griega reconoce la autonomía administrativa de los monasterios y también al gobernador civil de la península, el cual es nombrado por el gobierno griego, aunque no interfiere en su vida interna. La suerte del Monte Athos ha variado bastante en los años recientes, ya que si observamos nos encontraríamos que en 1913 había 6.345 monjes en la Santa Montaña, mientras que en 1980 había tan solo unos 1.190; sin embargo, un reciente flujo de monjes jóvenes han llegado a este lugar, elevando nuevamente el número a alrededor de unos 1.300 en 1995.

En Diciembre de 1989, el Patriarcado inauguró una nueva sede administrativa en el Phanar (una sección de Estambul), reemplazando al edificio original del siglo XVII que había sido dañado por el fuego en 1941. La tardanza en levantar un nuevo edificio se debió a que las autoridades turcas recién otorgaron el permiso para construir el nuevo edificio en 1987. Haciendo uso del nuevo edificio, y del otro complejo sin uso de la Isla de Halki, el Patriarcado recientemente patrocinó importantes eventos eclesiales. El Patriarca Bartolomé I, trajo un nuevo vigor al rol de su Iglesia dentro de la ortodoxia, y aún más allá. Este Patriarca, también organizó reuniones en el Phanar de todos los obispos del Patriarcado Ecuménico sobre una base de cierta regularidad. En Marzo de 1992, convocó también a las cabezas de todas las Iglesias Autocéfalas en Estambul, y la siguiente vez, en Septiembre de 1995, los reunió en la isla de Patmos. El Patriarca Ecuménico dirigió su palabra en Abril de 1994 en la sede del Parlamento Europeo, en Estrasburgo, también visitó los territorios de la mayoría de las Iglesias Ortodoxas Autocéfalas, así como también al propio Papa Juan Pablo II en el Vaticano durante un viaje realizado en Junio de 1995, meses más tarde, visitó al Arzobispo de Canterbury en Inglaterra, y al Concilio Mundial de Iglesias en la ciudad italiana de Génova.

Ciertamente, el Patriarca Bartolomé, a menudo ha condenado el excesivo celo nacionalista el cual atenta, frecuentemente, contra la Unidad de las Iglesias Ortodoxas y la Paz en el Mundo; por esta razón, el Patriarca cree que la ubicación del Patriarcado dentro de un Estado secular, de mayoría musulmana, es beneficioso para la Iglesia Ortodoxa. El Patriarcado de Constantinopla es gobernado por el Santo Sínodo Permanente, el cual es presidido por el Patriarca Ecuménico. Este Sínodo está constituido por doce obispos Metropolitanos activos, cuyas diócesis se encuentran enclavadas dentro del territorio turco. No hay participación laical directa en la administración de este Patriarcado desde que el Concilio Mixto fuera abolido en 1923.

Nuestra Señora de Garabandal

El Arcángel San Miguel se aparece a cuatro niñas, en preparación de la visita de la Virgen María, que se produce algunos meses después. A lo largo de más de cuatro años (desde 1961 a 1965), se producen en Garabandal más de dos mil apariciones, frente a gran cantidad de público. Las videntes realizan proezas que desafían a la física durante el estado de éxtasis que caracteriza a las apariciones, mientras la Madre de Dios les entrega mensajes de una elevada dosis de dramatismo.

En presencia de una multitud, el Ángel le da la Eucaristía en la boca a una de las niñas, siendo la Hostia, que milagrosamente apareció de la nada en su boca, vista, filmada y fotografiada por los testigos presentes. Se anuncian allí con precisión eventos que alterarán al mundo y a la Religión, generando esto una controversia dentro de la Iglesia, que aún se mantiene.

Garabandal es uno de los hitos en lo que se configura como el mensaje central del Cielo en este siglo: el anuncio del deterioro moral que enfrenta el mundo, y la proximidad de un momento de cambio para la humanidad. Cambio que sobrevendrá en medio de dolor y crisis, pero que precederá una época de Paz y amor, una época sin mal. Continuando con el mensaje iniciado en Fátima, María, asistida por el Arcángel San Miguel, advierte en Garabandal sobre la necesidad imperiosa de realizar penitencia y oración, en reparación de los crecientes pecados que se manifiestan en el mundo entero. María, una vez más, se presenta como nuestra Capitana en la lucha contra el odio, la indiferencia a Dios, la corrupción, y el pecado.

Cuatro niñas de entre once y doce años. María elige una vez más a niños como instrumentos de su mensaje. Es curioso cómo el Cielo nos marca permanentemente que la inocencia y pureza de los niños es una clave central para encontrar el camino a Dios. Ser adulto, en este mundo, parece significar abandonar la simpleza y la claridad con que los niños se entregan a sus padres. El 2 de Julio se les apareció la Virgen, como había profetizado el Ángel, con el título de Nuestra Señora del Carmen, acompañada de San Miguel y otro Ángel, y rodeada de otros seis ángeles. Viene con vestido blanco, manto azul, una corona de doce estrellas, y a la derecha, un triángulo luminoso, con un gran ojo en el centro, y un cartel, ¡el mensaje!. La Virgen es muy bella, irradiando luz divina, con cabellos largos ondulados, tez más morena que el Ángel, con un escapulario marrón en su brazo derecho, y su voz es preciosa, ¡una belleza maternal, delicada, incomparable e inexplicable!.

En algunas apariciones la Virgen venía con el Niño, y las niñas jugaban con Él, dándole cositas o piedritas que la Virgen besaba, y pronto les dijo que le ofrecieran objetos sagrados como misales, Biblias, medallas, anillos de matrimonio. María los besaba y les dijo que haría prodigios a través de estos objetos besados. La Virgen se les apareció unas (2.000) dos mil veces, con éxtasis de unos minutos o de horas, con levitaciones o carreras extáticas. El cartel que tenía el Ángel poseía un mensaje que María les pidió no revelaran hasta el 18 de octubre de 1961. Y finalmente, en esa fecha, el mensaje se reveló:

"Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia, visitar al Santísimo con frecuencia, pero antes tenemos que ser buenos, y si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande, la Virgen quiere que lo hagamos para que Dios no nos castigue".

Hubo muchos mensajes durante los cuatro años de aparición, pero el último tiene una relación directa con el primero, y fue entregado el 18 de junio de 1965:

"Como no se ha cumplido y no se ha hecho conocer al mundo mi mensaje del 18 de Octubre de 1961, os diré que éste es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Muchos Cardenales, Obispos y Sacerdotes van por el camino de la perdición, y con ellos llevan a muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debemos evitar la ira de Dios sobre nosotros, con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras, Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente, y Nosotros, os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús”.

A pesar de la controversia desatada en la Iglesia, Garabandal creció y se difundió en base a lo manifiesto de los hechos místicos allí verificados. Dentro de las apariciones de María en las últimas décadas, Garabandal tiene una clara alineación con lo anunciado por María en Fátima, en el sentido de que el hombre debe convertirse, hacer penitencia, orar y arrepentirse de sus pecados, porque la purificación y la venida del Hijo del Hombre (anunciada en las escrituras en los libros de Daniel, Ezequiel, Zacarías, en los Evangelios de San Marcos, San Mateo, San Lucas y San Juan, y finalmente en el libro del Apocalipsis), se están acercando a todos nosotros.