martes, 25 de agosto de 2015

CUIDAR LA “PLANTA”, PARA QUE TENGA VIDA, Y EN ABUNDANCIA

"...Es importante también, por el momento mediático que vivimos, que reclama de nosotros una presencia más armónica y concorde. No podemos estar aislados, haciendo cada uno su lucha de manera individual y de espaldas a los demás. Si para los cristianos nunca es hora de ser individualistas, ahora lo es menos todavía: ello debilita nuestra voz y la hace más dispersiva... …entre nosotros debe haber unos nexos y una solidaridad que son propios de los seguidores de Cristo…

...Los cambios tecnológicos hacen que la industria mediática reclame cada vez más contenidos con calidad profesional. La multiplicación de los medios y de los aparatos de recepción reclama cantidades enormes de material audiovisual en muy distintos formatos. Nosotros podemos ofrecerlos en las formas que hoy entiende la sociedad. Ello significa ser conscientes del protagonismo de la comunicación en el mundo actual, de la convergencia de los medios ya clásicos –cine, prensa, radio, TV, etc. – con los que aportan las nuevas tecnologías, y del fenómeno al que hoy llamamos “globalización” y que en sus mejores valencias puede ser una eficaz apoyatura hacia la unidad y cooperación deseadas en todos los ámbitos de la vida humana".

(Conceptos expresados por Mons. John P. Foley con motivo del Congreso Mundial de la Televisión Católica del año 2006)

Estos conceptos de Mons. John P. Foley, ex presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, son muy vigentes hoy en día para nuestro país. Al respecto, tengamos en cuenta lo que ha significado, para difundir el Mensaje del Evangelio, la pequeña “semilla” que se plantó en un momento, a partir de una movilizadora “base de sustentación” que son los medios destinados a la recepción directa, gratuita y sencilla por parte del público en general, sin exclusiones, es decir, los Servicios de Radiodifusión Sonora y Televisiva (Radio y TV Abierta).

Fue en ese entonces, cuando se trabajó en conjunto, que se vislumbró un proyecto que tenía una gran envergadura: que la Iglesia Católica en la Argentina pudiera tener medios “propios” para la radiodifusión de dicho Mensaje.
Esa semilla ha ido germinando y se convirtió ahora en una “planta” que ha crecido y que la “debemos cuidar para que tenga vida… y en abundancia”, lo que significa seguir trabajando para mejorar esos “espacios radioeléctricos” logrados gracias a un arduo esfuerzo de personas de perfil muy bajo.

Como frutos “visibles” de esa “planta” pensemos, por ejemplo, en lo que es actualmente Radio María (radiodifusión sonora) y el Canal Orbe 21 (radiodifusión televisiva) y que ahora sirven de base para las nuevas tecnologías, que “distribuyen información” y, a su vez, generan, también, “comunicación”, no solamente de carácter local.

Sin embargo habrá que seguir haciendo un seguimiento de dicho proyecto a fin de evitar posibles desviaciones ya que no debemos olvidar que, tanto Radio María como Canal Orbe 21, son actualmente un “fermento en la masa”, lo cual, ello significa una gran responsabilidad frente a la grandísima cantidad de medios existentes actualmente y, al mismo tiempo, frente a las personas que pueden estar excluidas localmente en la recepción de ese servicio de radiodifusión.

Pudiendo utilizar esos “espacios radioeléctricos”, en el momento actual será necesario generar buena producción radial y televisiva evangelizadora acorde con el “cambio de época” actual, trabajando en conjunto, no aislados, teniendo como base los “territorios espectrales” de la Radio y la TV Abierta de los que la Iglesia es titular, al servicio de todos, sin exclusión.

Por ejemplo, entre los canales de TV “abiertos al público en general”, autorizados y operativos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (es decir, los canales 2, 7, 9, 11, 13 y 21) en la actualidad, el Canal Orbe 21, en forma providencial, tiene la responsabilidad de marcar un cierto rumbo en ese sentido.

El proyecto, vislumbrado en ese momento, continúa siendo vigente: difundir el Mensaje del Evangelio a través de los medios de comunicación social, el cual merece, hoy en día también, un nuevo “ardor”… nuevos “métodos”… nuevas “expresiones”… alcanzando a las “periferias”… EL ESPÍRITU SANTO SOPLA DÓNDE Y CÓMO QUIERE…

Fuente:

EL LIBRO DE LOS SALMOS

La palabra «Salmo» proviene de un verbo griego que significa «tocar un instrumento de cuerdas», y se utilizó originariamente para designar los cantos acompañados por ese instrumento. Este último se llamaba «Salterio», pero mas tarde el nombre perdió su significación original y comenzó a ser empleado como sinónimo de LIBRO DE LOS SALMOS. El Antiguo Testamento contiene numerosos textos poéticos con características similares a las de los Salmos. El célebre Canto de Moisés (Ex. 15. 1-18), el himno de victoria entonado por Débora y Barac (Jc. 5), la elegida de David por la muerte de Saúl y Jonatan (2 Sam. 1. 17-27) y la lamentación de Jonás (Jon. 2. 3-10), son algunos de los muchos ejemplos que se podrían citar. Pero el tesoro de la lírica cultual y religiosa de Israel se encuentra fundamentalmente en el Salterio.

Una tradición judía -que luego tuvo amplia difusión en la Iglesia - atribuye a David la mayor parte de los Salmos. Esta atribución se funda en el testimonio de los Libros históricos del Antiguo Testamento, que aluden repetidamente al genio musical y poético de David (1 Sam. 16. 16-19, 23; 2 Sam. 1. 17-27; 23. 1). Sin embargo, las múltiples situaciones individuales y nacionales reflejadas en los Salmos, su variedad de estilos y géneros literarios, como asimismo su íntima vinculación con la vida litúrgica de Israel, impiden afirmar que el Salterio sea la obra de un solo autor o el producto de una sola época. Por otra parte, dicha tradición comenzó a formarse mucho después del exilio babilónico, es decir, en un momento en que era frecuente entre los judíos poner bajo el nombre de una gran personalidad todos los escritos pertenecientes a un mismo género. Así, por ejemplo, toda la legislación contenida en el Pentateuco se atribuyó a Moisés, mientras que Salomón fue considerado el autor de toda la literatura sapiencial.

En realidad, el Salterio es el Libro de oración que los israelitas fueron componiendo a lo largo de varios siglos para dialogar con su Dios. A través de ciento cincuenta poemas religiosos, ese Pueblo fue expresando sus experiencias y las aspiraciones mas profundas de su alma: sus luchas y sus esperanzas, sus triunfos y sus fracasos, su adoración y su acción de gracias, sus rebeldías y sus arrepentimientos y, sobre todo, la suplica ardiente que brota de la enfermedad, la pobreza, el destierro, la injusticia y de todas las demás miserias del hombre.

Al comienzo de la mayoría de los Salmos se encuentran inscripciones o «títulos», con indicaciones de carácter musical, poético, litúrgico o histórico, cuyo significado es muchas veces oscuro. Estos títulos no provienen de los autores de cada Salmo, sino que fueron agregados por los cantores del Templo de Jerusalén, a medida que los diversos poemas eran agrupados en colecciones.

Los géneros literarios de los Salmos

En el texto hebreo del Antiguo Testamento, los Salmos son designados con una expresión que significa «Cantos de Alabanza». Esta designación se adapta muy bien a un grupo de Salmos, pero resulta menos adecuada cuando se la aplica a todo el conjunto, ya que el Salterio incluye -además de los «Himnos» o «Cantos de Alabanza» -otros tipos de oración, en especial, las «Suplicas» y los «Cantos de Acción de gracias».

Los «Himnos» expresan la actitud de adoración del creyente frente a la grandeza y la bondad de Dios. En este grupo se distinguen, por su tema especial, los «Cantos de Sión» y los «Himnos a la realeza del Señor». Las «Suplicas» responden a la necesidad de apelar confiadamente a la misericordia divina en los momentos de necesidad, y se pueden distinguir dos tipos diversos: las suplicas «colectivas» y las «individuales». Los «Cantos de Acción de gracias» son una expresión de reconocimiento por la ayuda recibida del Señor, y también ellos se dividen en «colectivos» e «individuales». La característica distintiva de estos Salmos es el relato de los sufrimientos padecidos por el salmista y la solemne proclamación de los beneficios alcanzados.

A estos tres géneros se añaden otros grupos de Salmos que presentan características especiales, sea de forma o de contenido. A ellos pertenecen, por ejemplo, los Salmos «sapienciales» y los «reales». Estos últimos cobraron una especial importancia cuando fue depuesto el último de los reyes davídicos. Se descubrió en ellos un anuncio profético del día en que el Señor devolverla su antiguo esplendor a la dinastía davídica y establecerla un Reino más perfecto aun que el de David. Dentro de dicha perspectiva mesiánica, el Nuevo Testamento aplicó estos Salmos a Jesucristo, el Mesías, «nacido de la estirpe de David según la carne» (Rom. 1. 3). Además, existen otras formas de Salmos, llamadas «mixtas» o «irregulares», porque en ellas se mezclan diversos géneros.

Los Salmos imprecatorios

Una dificultad particular es la que presentan las «imprecaciones» del Salterio, con sus violentos deseos de venganza y sus expresiones de odio contra los «enemigos». Para situar esas imprecaciones en su contexto adecuado, conviene tener en cuenta, aunque sea muy someramente, quiénes son los «enemigos» a los que se alude en los Salmos.

Unas veces, las imprecaciones están dirigidas contra los «enemigos» de Israel, es decir, contra los responsables de graves desgracias nacionales, incluso -como en los casos de Asiria y de Babilonia de la destrucción de los Reinos de Israel y de Judá (2 Rey. 17. 5-6; 25. 8-21). El orgullo nacional y la convicción de que los enemigos de Israel eran los enemigos de Dios, hacen mas explicables algunas expresiones, como las de los Salmos 79. 12; 137. 7-9. Por otra parte, estas imprecaciones reproducen fórmulas más o menos estereotipadas, propias del lenguaje guerrero de la época.

Otras veces, los «enemigos» son todos aquellos que tengan al salmista por un pecador y verán en sus sufrimientos un castigo de Dios, debido a la perspectiva de retribución puramente terrena propia del Antiguo Testamento. Para esa mentalidad, todo sufrimiento era una consecuencia del pecado, y los que lo padecían estaban «abandonados de Dios». Consciente de su inocencia, el salmista apela al Señor para que «confunda» a sus enemigos. Sólo así se manifestaría la justicia de Dios y la inocencia de los justos, y no se podría dudar de la protección que el Señor concede a sus amigos. Finalmente, en otras ocasiones, los «enemigos» son los que persiguen y oprimen a los pobres y a los débiles. En esos casos, las imprecaciones -incluso las más violentas - revelan un ansia incontenible de justicia y un legítimo anhelo de liberación que nunca pierden actualidad.

El uso cristiano del Salterio

Los primeros cristianos hicieron del Salterio su «Libro de oración» por excelencia, si bien lo «releyeron» con un nuevo espíritu, a la luz del Misterio Pascual. Este hecho resulta particularmente significativo, si se tiene en cuenta que todos los otros elementos culturales de la ANTIGUA ALIANZA -el Templo, el sacerdocio y los sacrificios - quedaron abolidos por Cristo, el verdadero Templo, el Sumo Sacerdote y la única Victima agradable a Dios.

Al conservar el uso de los Salmos, los primeros cristianos no hicieron mas que seguir el ejemplo de Cristo. Los Salmos, en efecto, animaron su constante dialogo con el Padre. Un Salmo expresa el sentido de su misión, en el momento de venir a este mundo (Sal. 40. 8-9, citado en Heb. 10. 9). En sus peregrinaciones a Jerusalén, antes de iniciar su ministerio publico, Jesús cantó los Salmos graduales (Lc. 2. 41-42). En la ultima Cena, entonó los Salmos que recitaban los judíos al celebrar la Cena pascual (Mt. 26. 30). Y en la Cruz, él recurrió una vez mas al Salterio para expresar su dolor y su abandono confiado en las manos del Padre (Mt. 27. 46; Lc. 23. 46; Jn. 19. 28).

NUESTRA SEÑORA DE LOS SCOUTS

La Virgen de los Scouts o Nuestra Señora de los Scouts, es una de las muchas advocaciones con la que se venera la figura de la Virgen María en el catolicismo. Es considerada por los católicos, la patrona del Escultismo. El cuadro original fue pintado al óleo en agosto de 1943 por la Hermana Margarita Toro Aguirre.

En la década del 50 muchos grupos scouts católicos difundieron esta imagen y se la entregaban como obsequio a los jóvenes que formulaban su Promesa Scout. En 1980 la Revista Siempre Listo, órgano oficial de difusión de la Unión Scouts Católicos Argentinos, reprodujo un póster con la imagen central del cuadro, allí aparece el scout apoyado en el árbol mirando la imagen de María y el Niño rodeada de scouts.

Durante mucho tiempo el original estuvo extraviado. En 2003 fue recuperado y, del 4 al 12 de octubre, se lo pudo venerar brevemente en la Catedral de Olivos, provincia de Buenos Aires. Finalmente en 2007 el cuadro original fue entronizado en la basílica de Nuestra Señora de Luján, junto al de la patrona nacional de Argentina, con ocasión del Centenario del escultismo. Una réplica se encuentra entronizada en el Santuario de El Challao, Mendoza.

Desde el 29 de junio de 2009 también un cuadro con la imagen de Nuestra Señora de los Scouts se encuentra en la sede del Movimiento Scout Católico (MSC) de España en la ciudad de Barcelona. El 26 de enero de 2010 como conclusión del Cruce de la Cordillera de los Andes con motivo del Bicentenario de la Independencia de Argentina y Chile fue entronizado un cuadro con la imagen de Nuestra Señora de los Scouts en la ciudad de Quillota, V Región de Valparaíso, (Chile) en la Capilla del colegio de los Hermanos Maristas.

Significado de la representación

El cuadro se divide en dos espacios. En la mitad superior se representa el mundo sobrenatural. Allí se destaca Nuestra Señora de los Scouts rodeada de jóvenes y debajo de ella un lago en calma y la barca que simboliza a la Iglesia. En la mitad inferior: la Naturaleza como obra de Dios confiada a los hombres y el campamento.

Se destaca que, aunque el cuadro está ambientado en una noche de campamento, la luz de la Luna llena ilumina la escena. La noche tiene dos significados, por un lado la paz y tranquilidad luego de una jornada campamentil agitada, pero por otro lado, las sombras y los miedos de la oscuridad en un lugar desconocido.

Sin embargo, estos aspectos sombríos son combatidos por tres elementos:

El Fuego: que representa al Espíritu Santo. La lucha contra el dragón: esta lucha contra el mal, que evoca la leyenda de San Jorge, patrono mundial de los Scouts, se libra sobre el campamento, simbolizando que la lucha frente a las tentaciones.

El Guía de Patrulla: que vela como un "buen pastor" por las ovejas de su Patrulla que le han encomendado.

Por último, los árboles del cuadro representan diferentes regiones geográficas, desde la selva (a la izquierda) hasta la cordillera. Este signo destaca la presencia de los scouts en todos los puntos cardinales del globo.

La consagración del Movimiento Scout a Nuestra Señora de los Scouts se realizó a mediados de 1980 en concordancia con el Año Mariano Nacional. El catolicismo celebra advocación mariana el 5 de setiembre de cada año. Fecha que fue ratificada en la Quinta Conferencia Nacional de Pastoral Scout Católica realizada en el año 2000.

El Oficio Votivo de Nuestra Señora de los Scouts fue presentado en 2007 con motivo del centenario del movimiento, y como “memoria propia” del escultismo argentino que en 1980 se puso bajo la protección de la Virgen María bajo esa advocación.

“Si tenés la costumbre de rezar alguna o todas las horas de la liturgia, como practica de piedad católica, te invitamos a sumarte en oración como Iglesia este 5 de septiembre, como el primer día en que sus scouts haremos el oficio en común”, se dice en la convocatoria.

Asimismo, se sugirió que para honrar plenamente a la patrona del movimiento “puede rezarse (este oficio) comunitariamente en un día de campamento dedicado a la patrona del movimiento”.

27 DE AGOSTO DE 1920: SE REALIZA LA PRIMERA TRANSMISIÓN DE RADIO EN ARGENTINA

Las primeras transmisiones regulares radiodifundidas, para entretenimiento, comenzaron en 1920. En Argentina, el día 27 de agosto desde la azotea del Teatro Coliseo, la Sociedad Radio Argentina liderada por Enrique Telémaco Susini transmitió la ópera Parsifal de Richard Wagner, comenzando así con la programación de una de las primeras emisoras de radiodifusión en el mundo.

“Señoras y señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival Sacro de Ricardo Wagner, Parsifal, con la actuación del tenor Maestri, la soprano argentina Sara César, el barítono Rossi Morelli y los bajos Cirino y Poggi, todos bajo la dirección de Félix Weintgartner, secundados por el coro y orquesta del Teatro Constanzi de Roma”

La memorable transmisión de radio duró tres horas a partir de las 21 de aquel día y el Dr. Enrique Telémaco Susini fue –sin proponérselo- el primer locutor y conductor de radio del mundo.

ASHTAR SHERAN

Es una figura similar a una deidad dentro del New Age, o Nueva Era, se clasifica específicamente en los grupos llamados: Culto a los OVNI. La creación, o conocimiento, de este ser, se lo atribuye a George Van Tassel erróneamente, pero el primero en mencionarlo fue Eugenio Siragusa quien afirmó haber sido contactado por este supuesto extraterrestre para iniciar una misión de supuesta redención de la humanidad ante la inminencia del Apocalipsis bíblico.

Asthar Sheran es generalmente descrito como el comandante general de una confederación estelar encargada de vigilar la evolución cultural de las razas inteligentes de la Vía Láctea. Y según Giorgio Bongiovanni, un místico supuestamente estigmatizado, sigue las órdenes del creador del Universo, que sería el Dios judeocristiano. Su origen etimológico es "el creador" y por eso se puede identificarlo con el dios sumerio ENKI que supuestamente creó a los humanos para hacerlos esclavos y con el demonio de los gnósticos. Asthar Sheran es muy referido y mencionado en los círculos ufológicos, al punto que se ha convertido en una figura medianamente popular. Esto se da especialmente en Sudamérica, debido al trabajo de difusión de Giorgio Bongiovanni y su fundación Un Punto En El Infinito. Eugenio Siragusa afirmó que tuvo su primer contacto con Ashtar Sheran el 30 de abril de 1962. Se relata tal encuentro de esta manera:

"En aquel día tuvo de hecho el primer contacto directo con estos Seres provenientes de otros mundos. Se encontraba en su casa cuando sintió una llamada interior, se asomó a la ventana y vio uno de objetos voladores, sobre el volcán Etna. Subió en su Fiat 600 y emprendió la fuerte subida que lo llevó a la altura de 1.400 metros sobre el monte Sona-Manfré, cráter apagado en la ladera del volcán. Dejó el coche y empezó a caminar. Cuando alcanzó un cuarto de la subida, cerca de una encina, vio dos seres luminosos, de casi dos metros de altura; la emoción lo paralizó, pero como la primera vez, fue fulgurado por un rayo de luz que lo tranquilizó totalmente. Los dos "Seres de luz" estaban compuestos totalmente de energía, su piel era muy clara, casi transparente, los cabellos largos hasta la espalda, uno rubio y el otro moreno, los ojos grandes y bellísimos de diferentes colores. Vestían trajes adherentes, pulseras que ceñían las muñecas y los tobillos, debajo de los brazos llevaban un casco y emanaban una luz resplandeciente. Sus nombres eran Asthar Sheran e Itacar, seudónimo que dio Eugenio Siragusa con la finalidad de que nadie pudiese falsificar o manipular los mensajes que recibía de ellos"

Asthar Sheran significa "jefe santo" mientras que Itacar "Representante del planeta Masar o Marte". Eran seres solares, es decir, que habitaban en los astros y eran aquellos que lo habían preparado en estos diez largos años para confiarle una misión. Le revelaron además de ser aquellos, que hacía dos mil años habían acompañado a Jesús en su venida a la Tierra. La figura de Ashtar Sheran en las creencias de Giorgio Bongiovanni es la de un ángel al servicio del Dios judeocristiano; dichas creencias no comprenden a las demás doctrinas religiosas, como el budismo, el taoísmo y el hinduismo. Ashtar Sheran vendría a cumplir la misma función del arcángel Miguel en dichas creencias, solo que usaría una tecnología impensable para los humanos que entenderíamos como milagros.

Conozcamos algunos mensajes de Ashtar Sheran

"Somos los ángeles de ayer, o lo hemos dicho muchas veces, al servicio de Cristo, de la Madre Cósmica y de la inteligencia suprema que compenetra vuestro Adonay-Ra, todos los universos y todas las estrellas del cosmos"

"En Fátima, hace unos 90 años de vuestro tiempo, hemos "creado" el milagro del sol por voluntad y en la presencia de la madre cósmica Miriam"

"Mi nombre es Ashtar Sherán, soy un Comandante Espacial, y estoy al frente de la Nave-Estrella. El Comando Ashtar es una ramificación del Comando Intergaláctico con la misión específica de asistir a este planeta en crisis"

"Como la mayoría de los seres humanos encarnados pueden testificar ya, en un mundo de apariencia cada vez más convulsa conforme su línea del tiempo se acerca al disparador galáctico del solsticio de diciembre del 2012 y del equinoccio de marzo de 2013. Esto es así por la confluencia cada vez mayor de diferentes energías en su mundo que hacen crear múltiples escenarios y múltiples niveles de frecuencia donde cada uno de ustedes puede estar situado en un momento dado" 

"Podrán comprobar, como ya pueden ustedes ir viendo, la radicalidad de sus propuestas. Esta radicalidad desesperada en sus planes y acciones no es sino el indicativo de la contraparte del alto grado de despertar de la conciencia humana. Frente al mundo de libertad y de poder de la conciencia divina manifestándose a través de la mente, ellos oponen lo que llaman su nuevo orden mundial: un mundo controlado. La mente humana programada y el ser humano esclavizado a ser un simple robot, un simple clon de laboratorio. Esa es su apuesta por un mundo feliz que garantiza la continuidad de su dominio. Y no les quepa la menor duda, amados hermanos de la Tierra que toda la "agenda" de la oscuridad va encaminada hacia ese "mundo feliz" que ya fue descrito hace muchos años por uno de sus famosos escritores"

martes, 18 de agosto de 2015

¿QUÉ ERA EL BAPHOMET?

Es un supuesto ídolo o deidad cuyo culto se le atribuye a los Caballeros de la Orden del Temple. Su nombre apareció por primera vez cuando los templarios fueron enjuiciados por herejes. Durante el proceso muchos de los caballeros de la orden fueron sometidos a tortura, y confesaron numerosos actos heréticos. Entre ellos se incluyó la adoración a un ídolo de este nombre. Se cree que esta presunta deidad tenía una cabeza barbada y con pequeños cuernos. Esto explicaría por qué razón los templarios fueron acusados de herejes tras haber tomado contacto, en Tierra Santa, con los sarracenos y sus creencias. Se ha apuntado a que el nombre pudiera ser una variante local del nombre Mahoma. Los templarios acusados de herejes vivían en Occitania, cuya lengua local era el occitano. En las lenguas vecinas se usaron los términos Mahomet (francés) y Mafumet (catalán).

Esta hipótesis se apoya en que en el acta contra los templarios no se dan mayores explicaciones, apuntando a que era un término de uso habitual. 
La MASONERÍA, los ILUMNINATI y los ROSACRUCRES, han empleado este ídolo, identificado con el dios de la Luz. Otras fuentes más aventuradas destacan que esta cabeza (no ya una mera representación, sino una cabeza humana embalsamada) no era otra que la de Juan el Bautista. No ha faltado quien sostiene que la testa barbuda en cuestión correspondería a Jesucristo. Esto último estaría contradiciendo la creencia en la Resurrección. Suele relacionarse también el nombre BAPHOMET con la fusión de dos términos griegos cuyo significado aproximado es el de bautismo de sabiduría. BAPHOMET era el encargado en el purgatorio de los siete infiernos y de los diferentes demonios de los siete pecados capitales. En 1589, PETER BINSFELD asoció cada pecado capital con un demonio, que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Según "La Clasificación de los Demonios por Binsfield", es la siguiente:

Asmodeo: Lujuria
Belcebú: Gula
Mammon: Avaricia
Belfegor: Pereza
Satanás: Ira
Leviatán: Envidia
Lucifer: Soberbia


BAPHOMET, en el Tarot, esta imagen está asociada a las calamidades y se la denomina como el diablo. La religión judía prohíbe las representaciones divinas con cuerpo de naturaleza humana o animal, por tanto, empleaban figuras híbridas de animales y humanos, para representar figuras jerárquicas como el caso se los querubines. En la tradición hermética, el toro, el macho cabrío, el león, el águila, el perro, son parte de la simbología, que se ha conservado en Egipto y la India. En la alquimia, el macho cabrío, es el fuego y símbolo de la generación. La figura del BAPHOMET, tiene cabeza de macho cabrío con doble cornamenta y en medio de ella, una antorcha ardiente, que es la espiritualidad. Estos cuernos representan fuerza, potencia. La figura extiende los brazos uno hacia arriba y el otro hacia abajo, apuntando a una luna blanca y otra negra, respectivamente. Además tiene alas y pezuñas de cabra. En ocasiones se le representa con pechos femeninos. El pentáculo invertido representa la magia negra. Las letras en las puntas del mismo, significan el Leviatán. El rostro del macho cabrío representa la sexualidad y la vida. Fue el cristianismo el que atribuyó una identificación con el mal de esta figuraA partir de 1854, con la aparición de DOGMA Y RITUAL DE LA ALTA MAGIA, obra del célebre ocultista francés Eliphas Lévi, la figura de BAPHOMET ha sido, en gran medida, tergiversada. Desde entonces, su vinculación con el macho cabrío de los aquelarres, como así también Satanás u otros demonios menores ha sido inevitable.

¿POR QUÉ SAN PÍO X ES EL PATRONO DE LOS CATEQUISTAS?

Son muchos los caminos que llevan a ser catequista y, en todos los casos, suelen surgir muchas preguntas en torno a la tarea: ¿Lo podré hacer? ¿Lo podré hacer bien? ¿Estaré suficientemente formado? ¿Recibiré apoyo de la comunidad? Sin embargo al ir entrando en el maravilloso mundo de la catequesis, las preocupaciones van cambiando. Se comprende que lo más importante es transmitir con amor el mensaje de Jesús y compartir con los demás la experiencia del encuentro con Cristo. Así, el catequista se convierte, definitivamente, en una persona que cree y sigue a Jesucristo viviendo la alegría de ser su testigo. Lo escucha en la oración y en la lectura del evangelio y lo descubre en el discernimiento comunitario y en la vida cotidiana intentando ver a las personas, las cosas, las situaciones, tal y como él las vería hoy. El catequista se reconoce en búsqueda, en camino; no se cree ni dueño de la verdad ni el "maestro" que llega para esclarecer a los demás sino un instrumento que el mismo Jesús, presente en la comunidad, envía, sostiene y da fuerza para superar las oscuridades y dificultades. Es parte de la gran marcha de creyentes que han recorrido y aún recorren la historia. Marcha que fue iniciada por el pueblo de Israel y ha continuado en la Iglesia y, a través de ella, ha llegado hasta nosotros.

San Pío X, patrono y modelo: nacido en una familia pobre, humilde y numerosa, Giuseppe Melchiorre Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. En 1850 ingresó al seminario de Padua, y fue ordenado sacerdote el 18 de setiembre de 1858. Su primera labor pastoral la realizó en la parroquia de Tómbolo-Salzano, distinguiéndose, además de su gran caridad para con los necesitados, por sus ardorosas prédicas que atraían hasta los más alejados del mensaje del evangelio. En 1884 fue ordenado obispo para la diócesis de Mantua y en 1893, León XIII le concedió el capelo cardenalicio y lo trasladó a Venecia. En ningún momento cambió su modo de ser: sencillo, muy humilde, ejemplar en el amor a los más pobres. A los pocos años, al morir León XIII, fue elegido su sucesor y su "programa pontificio" no fue otro que el del Buen Pastor: alimentar, guiar y custodiar el "rebaño humano" y buscar a las ovejas pérdidas para atraerlas hacia Jesús. La preocupación de Pío X por la santidad de la Iglesia lo llevó a actualizar los seminarios y fundar numerosas bibliotecas eclesiásticas. También se lo recuerda por sus aportes a la música sagrada y a la liturgia y la reforma de la liturgia de las horas. Permitió la comunión diaria a todos los fieles y cambió la costumbre de la primera comunión: para que los niños pudieran recibirla a partir de los 7 años.

Impulsó la enseñanza del Catecismo porque sabía que apartar de la ignorancia religiosa era el inicio del camino para recuperar la fe que en muchos se iba debilitando y perdiendo. Promovió un nuevo Código de Derecho Canónico que terminó de redactarse en 1917, bajo el pontificado de S.S. Benedicto XV. Pío X impulsó una reforma de la curia romana, encomendó la revisión de la Vulgata a los benedictinos (1907), fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma (1909) y dio inicio a la publicación de la llamada Acta Apostolicae Sedis (1909), que aún hoy es la publicación oficial que trae los documentos pontificios. Falleció el 20 de agosto de 1914, poco antes del estallido de la llamada "primera guerra mundial". El 14 de febrero de 1923 se introdujo su causa de beatificación y fue canonizado el 29 de Mayo de 1954. Indudablemente fue adoptado por la gente como patrono de los catequistas por su sencillez, sus raíces rurales que jamás dejó de lado y por su ardor misionero y evangelizador.

Juan Carlos Pisano

SAN PÍO X


José Sarto, después Pío X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde siendo el segundo de diez hijos. Todavía siendo niño perdió a su padre por lo que pensó dejar de estudiar para ayudar a su madre en los gastos de manutención de la familia, sin embargo ésta se lo impidió y pudo continuar sus estudios en el seminario gracias a una beca que le consiguió un sacerdote amigo de la familia.

Una vez ordenado fue vicepárroco, párroco, canónigo, obispo de Mantua y Cardenal de Venecia, puestos donde duró en cada uno de ellos nueve años. Bromeando platicaba que solamente le faltaban nueve años de Papa. Muchas son las anécdotas de este santo que reflejan tanto su santidad como su lucha por superar sus defectos, entre ellas destacan tres:

Siendo Cardenal de Venecia se encontró con un anciano al que la policía le había quitado el burro que tenía para trabajar; al enterarse se ofreció a pagar la multa que le cobraban y a acompañarlo a recoger el burro porque exigían al anciano que lo respaldara una persona de confianza. Ante la negativa del anciano para que lo acompañara el Cardenal, afirmó que si una obra buena no costaba no merecía gran recompensa.

Cuando era un sacerdote joven, José Sarto, estando con su hermana se quejó de dolor de muelas lo que provocó que ella lo criticara y lo tachara de quejoso y flojo respondiéndole con una bofetada. Sintiéndose avergonzado se disculpó por ser tan violento, defecto que fue corrigiendo. Asimismo, una vez de visita en el Colegio de San Juan Bosco fue invitado a almorzar en la pobreza de ese colegio, donde al salir buscó un mejor lugar para comer, aunque después se volvió más y más sacrificado.

En 1903 al morir León XIII fue convocado a Roma para elegir al nuevo Pontífice. En Roma no era candidato para algunos por no hablar francés y él mismo se consideraba indigno de tal nombramiento.

Durante la elección los Cardenales se inclinaron en principio y por mayoría por el Cardenal Rampolla, sin embargo el Cardenal de Checoslovaquia anunció que el Emperador de Austria no aceptaba al Cardenal como Papa y tenía el derecho de veto en la elección papal, por lo que este retiró su nombre del nombramiento. Reanudada la votación los Cardenales se inclinaron por el Cardenal Sarto quien suplicó que no lo eligieran hasta que una noche una comisión de Cardenales lo visitó para hacerle ver que no aceptar el nombramiento era no aceptar la voluntad de Dios. Aceptó pues convencido de que si Dios da un cargo, da las gracias necesarias para llevarlo a cabo.

Escogió el nombre de Pío inspirado en que los Papas que eligieron ese nombre habían sufrido por defender la religión. Tres eran sus más grandes características: La pobreza: fue un Papa pobre que nunca fue servido más que por dos de sus hermanas para las que tuvo que solicitar una pensión para que no se quedaran en la miseria a la hora de la muerte de Pío X; la humildad: Pío X siempre se sintió indigno del cargo de Papa e incluso no permitía lujos excesivos en sus recámaras y sus hermanas que lo atendían no gozaban de privilegio alguno en el Vaticano; la bondad: nunca fue difícil tratar con Pío X pues siempre estaba de buen genio y dispuesto a mostrarse como padre bondadosos con quien necesitara de él.

Una vez que fue elegido Papa decretó que ningún gobernante podía vetar a Cardenal alguno para Sumo Pontífice. Dentro de sus obras destaca el combate contra dos herejías en boga en esa época: Modernismo, la cual la combatió en un documento llamado Pascendi estableciendo que los dogmas son inmutables y la Iglesia si tiene autoridad para dar normas de moral; la otra herejía que combatió fue la del Jansenismo que propagaba que la Primera Comunión se debía retrasar lo más posible; en contraposición Pío X decretó la autorización para que los niños pudieran recibir la comunión desde el momento en que entendía quien está en la Santa Hostia Consagrada. Este decreto le valió ser llamado el Papa de la Eucaristía.

Fundó el Instituto Bíblico para perfeccionar las traducciones de la Biblia y nombró una comisión encargada de ordenar y actualizar el Derecho Canónico. Promovió el estudio del Catecismo, de allí es que es Patrono de los catequistas. Murió el 21 de agosto de 1914 después de once años de pontificado.

lunes, 17 de agosto de 2015

Don José de San Martín

El Santo de la Espada, el Libertador de América, o simplemente San Martín. Al cumplirse el 160 aniversario de su fallecimiento, José Francisco de San Martín nació en Yapeyú, localidad de la provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778.


El gobernador de Buenos Aires entonces, Bucarelli, encomendó al Capitán don Juan de San Martín el cargo de teniente de gobernador de esa localidad en 1774. Don Juan se instaló con su mujer, Gregoria Matorras, y sus hijos María Elena, Juan Fermín y Manuel Tadeo.

Poco después nacen Justo Rufino y el menor de la familia, José Francisco. Cuando José tenía apenas tres años, toda la familia se trasladó a Buenos Aires. El virrey Vértiz le ordenó al Don José padre hacerse cargo de la instrucción de los oficiales del batallón de voluntarios españoles.

En 1784 regresaron a España, al parecer a San Martín padre no le convencían las pocas posibilidades de progreso social para sus hijos en las colonias. José, ingresó al Seminario de Nobles de Madrid con tan sólo ocho años. Allí aprendió latín, francés, castellano, dibujo, poética, retórica, esgrima, baile, matemáticas, historia y geografía.

En 1789, con los once años ingresó como cadete al regimiento de Murcia y en poco tiempo ya tomará parte activa en numerosos combates en España y en el Norte de África.

Entre 1793 y 1795 durante la guerra entre España y Francia, el joven San Martín se destacó en todos los combates en los que participó, y ascendió rápidamente en sus grados militares hasta llegar al de segundo teniente. En la guerra contra las fuerzas napoleónicas y ya con el grado de Teniente Coronel, fue condecorado con la medalla de oro por su heroica actuación en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808.

Al enterarse de los hechos de mayo de 1810, se retiró del ejército español en una España que entonces estaba en manos del francés hermano de Napoleón, y decidió poner sus conocimientos y experiencia al servicio de la naciente revolución americana.

En España había tomado contacto con círculos liberales y revolucionarios que veían con simpatía la lucha por la emancipación americana. Antes de arribar a Buenos Aires, pasó por Londres en septiembre de 1811, que ya era por entonces la gran capital de la Revolución Industrial a cuya sombra florecían las ideas liberales, ante todo en lo económico, pero también en lo político.

En la meca de los negocios prosperaban los grupos revolucionarios como la "Gran Hermandad Americana", una logia fundada por Francisco de Miranda, patriota venezolano que se proponía liberar América con la ayuda financiera de los ingleses.

En esos meses de estadía londinense conoció a miembros de la "Hermandad" como Andrés Bello y personas vinculadas al gobierno británico, como James Duff y Sir Charles Stuart, quienes le hacen conocer el plan Maitland.

El plan, había sido elaborado por el general inglés Thomas Maitland en 1800 y aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima. En enero de 1812 San Martín regresa a su tierra natal a bordo de la fragata inglesa George Canning. Recordó sobre estos momentos lo siguiente:

"Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha."

Una vez en la ciudad puerto de Buenos Aires, logró que se le respetara su grado militar de Teniente Coronel y que se le encomendara la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná asoladas por los ataques de los españoles de Montevideo. Nació así el regimiento de Granaderos a Caballo.

Gobernaba entonces un Triunvirato pero el verdadero poder estaba en manos de su secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia, que desarrollaba una política muy centralista que desoía todos los reclamos del interior, cada vez más perjudicado por la política económica de Buenos Aires que fomentaba el libre comercio y mantenía un manejo exclusivo del puerto y de la aduana.

San Martín entró en contacto con los grupos opositores a este primer triunvirato, encabezados por la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo y, junto a su compañero de viaje Carlos de Alvear, creó la Logia Lautaro, una sociedad secreta cuyos objetivos principales eran la Independencia y la Constitución Republicana.

Con estos grupos marcharon con sus tropas en octubre de 1812, incluidos los granaderos, hacia la Plaza de la Victoria (la actual Plaza de Mayo) y exigieron la renuncia de los triunviros en un documento redactado por San Martín que concluía diciendo lo siguiente:

"...no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos".

Pese a toda esta agitación política, Don José se hacía tiempo también para la diversión y poco a poco se lo tuvo en cuenta en las selectas listas de invitados de las tertulias porteñas. La más famosa y agradable, según se cuenta, era la de Don Antonio Escalada y su esposa Tomasa, en la que sus hijas, Remedios y Nieves, no perdían de vista a ningún nuevo visitante.

En una de esas tertulias San Martín conoció e inició un romance con Remedios. Poco después, el 12 de noviembre de 1812 se casaron. Él tenía 34 años y ella 15.

Los Granaderos de San Martín entraron por primera vez en combate frente al Convento de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813, en Santa Fe. Con un triunfo total inició su creciente prestigio. Tanto que en 1814 se le encomendó el mando del ejército del Norte en reemplazo del General Belgrano.

San Martín aceptó el cargo pero hizo saber a las autoridades que sería inútil insistir por la vía del Alto Perú y que se retiraría a Córdoba para reponerse de los dolores causados por su úlcera estomacal y terminar de delinear las bases de su nueva estrategia militar consistente en cruzar la cordillera, liberar a Chile y de allí marchar por barco para tomar el bastión realista de Lima.

Terminó su plan apenas repuesto parcialmente de sus males, y luego fue nombrado gobernador de Cuyo. En Mendoza comenzó los preparativos para su ambicioso plan sin descuidar las tareas de gobierno. Fomentó la educación, la agricultura y la industria y creó un sistema impositivo igualitario cuidando que pagaran más los que más tenían.

Todo el pueblo cuyano colaboró según sus posibilidades para armar y aprovisionar al Ejército de los Andes. El propio gobernador dio el ejemplo reduciendo su propio sueldo a la mitad. El 24 de marzo se reúne el Congreso en Tucumán. San Martín, preocupado por la demora en sancionar la independencia dirige una carta al diputado por Cuyo, Godoy Cruz, donde le dice lo siguiente:

"¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?"
El 16 de agosto de 1816, nació Mercedes Tomasa de San Martín, la única hija de la pareja. A principios de 1817 comenzó el heroico cruce de los Andes. La apuesta era grande, y así se lo hizo saber a los criollos, indios, mestizos, mulatos y gauchos que le acompañaban:

"Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje."

Varios tramos del cruce el general debió ser trasladado en camilla, debido a los agudos dolores provocados por la úlcera. A poco de trasponer la cordillera, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas patriotas derrotaron a los españoles en la cuesta de Chacabuco, iniciando de esa forma la independencia de Chile.

Tras la posterior derrota de Cancha Rayada, el General Las Heras logró salvar a su cuerpo y en base a estos hombres reorganizó un ejército de 5.000 hombres con el que se pudo vencer definitivamente a los realistas en Maipú el 5 de abril de 1818.

Entonces, San Martín volvió a cruzar la cordillera rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al Directorio para la última etapa de su campaña libertadora. En efecto, faltaba el ataque marítimo contra el bastión realista de Lima. Obtiene una promesa de una ayuda, pero recibe sólo la mitad de lo prometido. De vuelta en Chile, obtuvo la ayuda financiera del gobierno y armó una escuadra que quedará al mando del marino escocés Lord Cochrane.

En Buenos Aires las cosas se complican. Pueyrredón propicia la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a San Martín que baje con su ejército y encabece la represión de los orientales. San Martín se niega y le aclara lo siguiente:

"el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos".

El 20 de agosto de 1820 partió desde el puerto chileno de Valparaíso la expedición libertadora con una escuadra formada por 24 buques, que conducía unos 4.800 soldados. El 12 de septiembre la flota fondeó frente al puerto peruano de Pisco. Una división al mando del General Arenales se dirigió hacia el interior del Perú con el objetivo de sublevar a la población y obtuvo la importante victoria de Pasco el 6 de diciembre de 1820.

Por su parte San Martín ordenó bloquear el puerto Lima. Así, el virrey De la Serna se vio acosado por todos los flancos y debió rendirse el 10 de julio de 1821. Ese día entró victorioso el general San Martín a la capital virreinal.

El 28 de julio de 1821 San Martín declaró la independencia del Perú. Se formó un gobierno independiente que nombró a San Martín con el título de Protector del Perú, con plena autoridad civil y militar. El general no quería el cargo, pero el clamor popular y los consejos de su amigo y secretario, Bernardo de Monteagudo, le hicieron recordar que el peligro realista no había desaparecido.

Como gobernante en el Perú San Martín abolió la esclavitud y los servicios personales, garantizó la libertad de imprenta y de culto, creó escuelas y la biblioteca pública de Lima dotándola de sus primeros libros, sacándolos de su propia biblioteca.

Mientras San Martín llevaba adelante su campaña desde el Sur el patriota venezolano Simón Bolívar, lo venía haciendo desde el Norte. El general Sucre, lugarteniente de Bolívar, solicitó ayuda a San Martín para su campaña en Ecuador. El general argentino le envió 1600 soldados que participaron victoriosamente en los combates de Riobamba y Pichincha que garantizaron la rendición de Quito.

Finalmente los dos libertadores decidieron reunirse. La famosa por misteriosa entrevista de Guayaquil, en Ecuador, se realizó entre los días 26 y 27 de julio de 1822. Allí se vieron cara a cara con sus diferencias políticas y militares. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo liberado decidiera con libertad su futuro, Bolívar estaba interesado en controlar personalmente la evolución políticas de las nuevas repúblicas.

Otro tema que los diferenciaba era quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y capacidad de San Martín como subordinado. El general argentino tomó entonces una drástica decisión: retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país.

San Martín regresó a Lima y renunció a su cargo de Protector del Perú. Partió luego rumbo a Chile donde permaneció hasta enero de 1823. Otra vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, que estaba gravemente enferma.

Su enemigo de siempre en Buenos Aires, Rivadavia, que entonces era ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. Rivadavia, temía que el general entrase en contacto con los federales del Litoral.

En efecto, el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta advirtiéndole que el gobierno de Buenos Aires esperaba su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales y le ofreció marchar con sus tropas sobre Buenos Aires si se llegara a producir tan absurdo e injusto juicio. San Martín le agradeció a López su advertencia pero le dijo que no quería más derramamiento de sangre.

Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires pero lamentablemente llegó tarde. Su esposa había muerto sin que él pudiera compartir sus últimos momentos. Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa.

En 1825 redacta las famosas máximas, una serie de recomendaciones para su educación en caso de que él no estuviera a su lado. Allí les aconseja el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la solidaridad y la dulzura con los pobres, criados y ancianos; amor al aseo y desprecio al lujo. Tras pasar brevemente por Londres, San Martín y su hijita se instalaron en Bruselas. En 1824 pasan a París para que Mercedes complete sus estudios.

Su vida en Europa no fue fácil. Del gobierno argentino no podía esperar nada y Perú y Chile no le pagaban regularmente los sueldos que le correspondían como general retirado. Con préstamos la renta de un alquiler pudo comprar su casa de Grand Bourg.

Pese a esto, el general seguía interesado por la situación de su país. Quiso volver en 1829, a días del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios de Lavalle. Muchos oficiales y amigos le piden que tome el poder. Sin embargo San Martín se niega porque piensa que tome el partido que tome tendrá que derramar sangre argentina y no está dispuesto a eso.

Llevado por la decepción y la tristeza, regresa a Europa. Es la época en que Francia es asolada por una epidemia. San Martín y su hija Mercedes, fueron afectados por esa grave enfermedad, y tratados por el médico argentino, Mariano Balcarce, hijo de su viejo amigo y camarada de armas el general Antonio Balcarce, vencedor de Suipacha.

Mariano atendió durante meses a la Familia San Martín, aunque podría decirse que sobre todo prestó mucha atención a Mercedes, con quien finalmente se casó el 13 de diciembre de 1832 y se fueron de luna de miel a Buenos Aires.

En 1838, durante el gobierno de Rosas, los franceses bloquearon el puerto de Buenos Aires. Inmediatamente José de San Martín le escribió a don Juan Manuel ofreciéndole sus servicios militares. Rosas agradeció el gesto y le contestó que podían ser tan útiles como sus servicios militares las gestiones diplomáticas que pudiera realizar ante los gobiernos de Francia e Inglaterra.

Enterado del bravo combate de la vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, cuando los criollos enfrentaron a la escuadra anglo-francesa, San Martín escribió nuevamente a Rosas para expresarle sus respetos y felicitaciones.

En esos momentos, San Martín se veía muy afectado por el asma, el reuma y las úlceras. Además, estaba casi ciego. Su estado de salud se fue agravando hasta que falleció el 17 de agosto de 1850. En su testamento pedía que su sable fuera entregado a Rosas alegando lo siguiente:

"por la firmeza con que sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla"
También pidió que su corazón descansara en Buenos Aires. Esta última voluntad se cumplió en 1880, cuando el presidente Avellaneda recibió los restos del libertador.

martes, 11 de agosto de 2015

LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Al término de su vida terrena, María Santísima, por singular privilegio, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria –gloria singularísima- del cielo. Mientras a todos los otros santos los glorifica Dios al término de su vida terrena en cuanto al alma (mediante la visión beatífica), y deben, por consiguiente, esperar al fin del mundo para ser glorificados también en cuanto al cuerpo, María Santísima –y solamente Ella- fue glorificada cuanto al cuerpo y cuanto al alma. La verdad de la Asunción no está explícitamente dicha en las Escrituras, pero sí figurada en el Protoevangelio, como lo desarrollan en el Concilio Vaticano I los 200 Padres que solicitaron el dogma. El dogma se apoya en la revelación indirecta de las Sagradas Escrituras, ya que todos los otros dogmas de María que exigen la Asunción tienen su apoyo en ellas.

La Maternidad Divina exige la Asunción porque la carne de Cristo es carne de María, dice un refrán teológico. No cabe pensar que el Hijo de Dios, Hijo de María, permitiera que su Madre sufra la corrupción. El prodigio de que su Cuerpo lo haya concebido y dado a luz en perfecta virginidad, supone –exige- la Asunción, y la exige la Inmaculada Concepción, porque un cuerpo que jamás tuvo pecado no puede corromperse, porque la corrupción y la muerte son consecuencias del pecado. El principio de la maternidad llena de misterio y de una virginidad admirable, lo enunciaron en el siglo II San Ignacio Mártir, San Justino, San Ireneo y en el siglo III Tertuliano, Orígenes, San Hipólito y San Gregorio Taumaturgo. Según este principio, el cuerpo de María, consagrado por altísimos misterios, no podía ser presa de la muerte. La preservación de la corrupción en el parto reclamaba la preservación de la corrupción de la tumba.

Los privilegios y prerrogativas de la Santísima Virgen comenzaron a estudiarse a partir del siglo IV. Cuando el emperador Constantino dio la libertad al Cristianismo en el Imperio Romano –con el Edicto de Milán-, cesó la persecución y la Iglesia se dedicó a su organización interior y a su expansión exterior. En ese ámbito surgió la herejía de Nestorio, que negaba la Divina Maternidad. Condenado el Patriarca y sus blasfemias, María Santísima resplandece en la Iglesia y en el mundo con una nueva luz celestial, admirando los hombres su más preciosa prerrogativa y el mayor de sus títulos: Madre de Dios. El enemigo quiso atacarla y no sólo fue vencido por Cristo y su Iglesia, sino que la Iglesia por voluntad de Cristo, y con su gracia comenzó a profundizar “las maravillas que Dios hizo en Ella” y entre ellas su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos. El llamado pseudo Atanasio, dice en el año 373:

“Está la Reina, junto a su Hijo Rey, vestida con vestido dorado, es decir de incorrupción y de inmortalidad...”

San Epifanio fue considerado el primer teólogo de la Asunción, no por haberla expuesto propiamente sino porque tuvo la intuición del misterio. Velada la tradición primitiva sobre el tránsito de la Virgen, por los inescrutables secretos de Dios, por el razonamiento teológico, y la consideración de la incomparable dignidad de la Madre de Dios, se llega al siglo VII con testimonios explícitos de la tradición sobre la Asunción, tal como hoy lo creemos. Los testimonios de la Tradición son innumerables; hacia el siglo XIII se hizo sentencia común. Se destacaron en ensalzar la Asunción San Antonio de Padua, San Buenaventura, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, San Bernardino de Siena, San Vicente Ferrer, San Antonio de Florencia.

Sobre la muerte de María no hay datos concluyentes sean bíblicos o históricos ni del lugar (algunos señalan Éfeso o Jerusalén) ni del modo. La primera referencia oficial a la Asunción se halla en la liturgia oriental; en el siglo IV se celebraba la fiesta de "El Recuerdo de María" que conmemoraba la entrada al cielo de la Virgen María y donde se hacía referencia a su asunción. Esta fiesta en el siglo VI fue llamada la Dormitio o Dormición de María, donde se celebraba la muerte, resurrección y asunción de María. El emperador bizantino Mauricio decretó que la fiesta se celebrara el 15 de agosto en todo el imperio; conviene aclarar que sólo fijó una fecha, no “inventó” la fiesta, ya que esta se celebraba desde antes.

Los relatos apócrifos sobre la asunción de María aparecen aproximadamente desde el siglo IV y V. Siendo el más difundido y posiblemente uno de los más antiguos en el oriente bizantino el "Libro de San Juan Evangelista (el Teólogo)". Este y otros escritos apócrifos tuvieron gran influencia en diversas homilías y escritos de los oradores orientales, como por ejemplo Juan de Tesalónica, Juan de Damasco, San Andrés de Creta, San Germán de Constantinopla, entre otros. La influencia del libro llamado el Seudo-Jerónimo el cual ponía en duda si María fue asunta al cielo con o sin su cuerpo (aunque manteniendo la creencia en su incorrupción) hizo surgir la duda de si la asunción corporal estaba incluida en la celebración de la fiesta. A esto se sumó otro libro que gozó de fama entre los conventos y cabildos llamado el "Martirologio" del monje Usuardo (quien murió hacia el año 875) el cual alababa la reserva de la Iglesia de aquella época que preferiría no saber "el lugar donde por mandato divino se oculta este dignísimo templo del Espíritu Santo y nuestro señor el Dios".

En 1849 llegaron las primeras peticiones al Vaticano de parte de los obispos para que la Asunción se declarara como doctrina de fe, estas peticiones aumentaron conforme pasaron los años. Cuando el Papa Pío XII consultó al episcopado en 1946 por medio de la carta DEIPARAE VIRGINIS MARIAE, la afirmación de que fuera declarada dogma fue casi unánime. Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula MUNIFICENTISSIMUS DEUS en la cual el Papa, basado en la Tradición de la Iglesia Católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y por el consenso de los obispos del mundo como "Magisterio Viviente", declaraba como dogma de fe católica la doctrina de la Asunción de la Virgen María:

Por eso, después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: 

“Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”

LA QUERELLA DE LAS IMÁGENES

Con la llegada al poder de Bizancio de León III el Isáurico en el año 717 se abría un periodo distinto que se considera cerrado en 867 en que la dinastía Macedónica ocupó el trono imperial. En estos ciento cincuenta años el imperio ofrece un gran progreso en la propiedad y tiene tres asuntos importantes. Por un lado la guerra con los enemigos exteriores, muchos pueblos se disputaban zonas de Imperio Romano de Oriente, por otro, tuvo importancia la ampliación del ámbito político y cultural hacia las zonas búlgaras y eslavas y más tarde hacia la rusa. Finalmente se llevó a cabo la querella de las imágenes, es decir, las disputa entre los iconoclastas, defensores de su eliminación, y los llamados iconódulos, que las defendían e incluso las veneraban. El conflicto que se desarrolló en torno a las imágenes y su culto tuvo tres grandes etapas. El principio de toda esta historia comienza realmente en el año 726 cuando tuvo lugar el primer hecho simbólico, la retirada de la imagen de Cristo que remataba la puerta del palacio imperial y su posterior sustitución por una cruz. Este suceso fue continuado con la destrucción de más imágenes, mientras que los iconódulos, especialmente monjes, con Juan Damasceno a la cabeza, elaboraron las primeras argumentaciones teológicas que giraban en torno a que las representaciones pueden acercarnos a entrar en contacto espiritual con aquello que está escenificado.

Los papas se negaron en rotundo a aceptar los hechos de los iconoclastas lo que provocó un enfrentamiento con el emperador, que decidió segregar las diócesis bizantinas de Italia y la Iliria del patriarca de Roma para encandilarlas en el de Constantinopla. Esta circunstancia acentuó aún más las tradicionales buenas relaciones entre el emperador y el patriarca de Bizancio, que no eran del gusto de los monjes. La rivalidad entre los partidarios de una u otra tendencia tuvo su momento de máxima tensión en el reinado de Constantino V, que persiguió a los defensores de las imágenes, lo que significó la total ruptura con el papa. Este hecho provocó una separación clara de éste con Bizancio y un acercamiento con occidente, en especial con los francos. La muerte de este emperador puso punto y final al periodo más cruel contra con defensores de las imágenes. La presión empezó a remitir y con el Concilio de Nicea del año 787 y durante el periodo de la emperatriz Irene triunfó por fin la iconodulía. Pero atrás habían quedado sesenta años de rivalidades que habían dejado huella. Quizás los más beneficiados fueron los monjes, porque el papa continuó desconfiando del patriarca bizantino.

Por su parte la emperatriz Irene, iconódula, empezó a tener dificultades para mantenerse en el poder. Además el hecho de ser mujer no gustaba entre los bizantinos incluso Carlomagno proclamó desde occidente que el trono de Constantinopla estaba vacante. Estas posiciones contrarias a Irene se acrecentaron cuando cegó a su propio hijo en un arrebato de ira, por lo que Nicéforo subió al poder en 802. El nuevo emperador comenzó su mandato con aires bélicos, para empezar se mostró más duro con los monasterios, que estos años atrás habían recuperado su poderío y después aumentó el número de soldados campesinos para solventar los problemas con los búlgaros, pero éstos se organizaron mejor y atacaron la capital de Bizancio. La confusión creada fue aprovechada por León V el Armenio, que se hizo con el poder. Pretendió asumir las mismas tácticas que su homónimo León III sobre todo en la vuelta a la iconoclastia. En el año 815 se inicia una segunda etapa de destrucción de imágenes que durará hasta 843, aunque con menos virulencia que el periodo anterior. Mientras tanto se estaban creando en el imperio algunos grupos extremistas religiosos, como los paulicianos, que no sólo rechazaban las imágenes sino también la cruz, los sacramentos y la jerarquía eclesiástica. Estos problemas internos fueron aprovechados por los musulmanes, que irán ocupando posiciones más próximas, y por los venecianos, que conseguirán su independencia. 

No todo fue negativo para los bizantinos ya que entre los años 837 y 842, cuando se dictaron las últimas medidas iconoclastas, también se afianzó la autocracia imperial como definidora de la ley, se fortaleció la justicia pública, la capacidad recaudatoria, la circulación monetaria, y la actividad cultural. Estos años de auge se culminaron con la restauración del culto a las imágenes impuesto por la regente Teodora el primer domingo de cuaresma, día llamado desde aquel momento “domingo de la ortodoxia”. La voluntad de concordia que se quiso transmitir no acallaron los episodios de hostilidad entre los iconoclastas y los iconódulos. Los grupos populares podían disfrutar de nuevo del culto a las imágenes y los monjes mientras que los iconoclastas, especialmente los patriarcas, no podían olvidar el apoyo del papa a los iconódulos. El segundo periodo iconoclasta dejó un deterioro importante entre las Iglesias de Constantinopla y Roma, cada una de ellas más firme con su originalidad. Y la ruptura definitiva tuvo lugar cuando el papa Nicolás I y el patriarca Focio recibieron una excomunión recíproca en 867. Este cisma llevaba consigo mucho temas pero el principal seguía siendo la interpretación del Espíritu Santo, para los griegos procedía del Padre a través del Hijo y para los latinos procedía tanto del padre como del hijo.

Los nueve años que van entre 858 y 867, periodo de enfrentamiento más importante entre papado y patriarcado, fue fundamental para el imperio de Bizancio en otros aspectos. Por un lado el propio cisma religioso, por otro, la aparición amenazadora de naves rusas en las murallas de Constantinopla, también la actividad de misioneros del imperio en lugares como Bulgaria. Entre ellos hay que destacar a dos, que fueron a predicar el cristianismo en la Gran Moravia, entre los ríos Tisza y Danubio, llamados Cirilo y Metodio, que idearon una escritura de la lengua eslava, la glagolítica, que más tarde fue sustituida por el cirílico, aunque el propio Cirilo no fuera su inventor. Muy pronto supuso el instrumento principal que facilitó la traducción de las escrituras sagradas y los textos jurídicos a los idiomas de los pueblos que se habían ido asentando en la Europa más oriental. Los intentos de los misioneros de vincular la Gran Moravia con el cristianismo chocaron con la resistencia de los papas y obispos alemanes, que consideraban esa zona de influencia latina y germana. Así autoridades de la Gran Moravia expulsaron a los bizantinos y los rusos, serbios y búlgaros se iban aproximando a la influencia política, religiosa y cultural de Bizancio. Si la evangelización de la Iglesia griega no cuajaba entre los eslavos del este sí lo hacía entre los del sur y este.

SANTA CLARA DE ASÍS

Clara nació en Asís en 1194, probablemente el 11 de julio. Dice la tradición que antes de nacer, el Señor le reveló en oración que la alumbraría de una brillante luz que habría de iluminar al mundo entero, y fue por eso que la niña recibió en el bautismo el nombre de Clara, el cual encierra dos significados, resplandeciente y célebre. La niña creció en el palacio fortificado de la familia, cerca de la Puerta Vieja. Se dice que desde su más corta edad sobresalió en virtud, se mortificaba, con ásperos cilicios de cerdas y rezaba todos los días tantas oraciones que tenía que valerse de piedras para contarlas. Con la edad se convirtió en la más gallarda y hermosa joven de Asís, y consecuentemente tuvo muchos pretendientes. Cuando cumplió los dieciséis años, sus padres la prometieron en matrimonio a un joven de la nobleza a lo que ella se resistió respondiendo que se había consagrado a Dios y había resulto no conocer jamás a hombre alguno.

Por esa fecha había vuelto de Roma, con autoridad pontificia para predicar, el joven Francisco, cuya conversión tan hondamente había conmovido a la ciudad entera. Clara le oyó predicar en la iglesia de San Rufino y comprendió que el modo de vida observada por el Santo era el que a ella le señalaba el Señor. Entre los seguidores de Francisco había dos, Rufino y Silvestre, que eran parientes cercanos de Clara, y estos le facilitaron el camino a sus deseos. Así un día acompañada de una de sus parientes, fue a ver a Francisco. Este había oído hablar de ella, por medio de Rufino y Silvestre, y desde que la vio tomó una decisión: “quitar del mundo malvado tan precioso botín para enriquecer con él a su divino Maestro”. Desde entonces Francisco fue el guía espiritual de Clara.

La noche después de Domingo de Ramos de 1212, Clara, huyó de su casa y se encaminó a la Porciúncula, allí la aguardaban los Frailes Menores con antorchas encendidas. Habiendo entrado en la capilla se arrodillo ante la imagen de la Virgen y ratificó su renuncia al mundo “por amor hacia el santísimo y amadísimo Niño envuelto en pañales y recostado sobre el pesebre”. Cambió sus relumbrantes vestiduras por un sayal tosco, semejante al de los frailes; entregó su cinturón adornado con joyas por un nudoso cordón, y cuando Francisco cortó su rubio cabello se cubrió con un velo negro que junto con sandalias de madera constituirían el atuendo de su orden primigenia.

Hizo los tres votos monásticos y prometió obedecer a Francisco en todo. Luego fue trasladada al convento de las benedictinas de San Pablo. Cuando sus familiares descubrieron su huida y paradero fueron a buscarla al convento. Tras la negativa rotunda de Clara a regresar a su casa, Francisco creyó prudente trasladarla al convento de San Ángel de Panzo, también benedictino. Seis o diez días después de la huida de Clara, otra de sus hermanas, Inés, huyó también al convento de San Ángel a compartir con su hermana el mismo régimen de vida. Más tarde fue a reunírseles su otra hermana Beatriz, y en pos de todas ellas su Madre, después de la muerte de su esposo y padre de Clara.

No vistiendo el hábito benedictino ni siguiendo la Regla de San Benito, Clara e Inés pronto tuvieron que mudarse del convento de San Ángel. Así Francisco habló con los camaldulenses del monte Subasio, que antes habían donado a la nueva Orden la Porciúncula, los cuales le ofrecieron cederles la iglesia de San Damián y el convento anexo, los que serían desde ese momento la casa de Clara durante 41 años hasta su muerte. El convento no podía recibir donación alguna, pero debía permanecer inquebrantable para siempre. Los medios de vida de las monjas eran el trabajo y la limosna. Mientras unas hermanas trabajaban dentro del claustro otras iban a mendingar de puerta en puerta, Clara, cuando las hermanas volvían de mendingar las abrazaba y le besaba los pies. Más tarde cuando la orden se redujo a rigurosa clausura, los monasterios para mendingar ocuparon limosneros.

San Francisco escribió poco después la regla de vida para las hermanas y, por medio del Santo, obtuvieron del Papa Inocencio III la confirmación de esta regla en 1215, pues ese año, por orden expresa de Francisco, aceptó Clara el título de abadesa de San Damián. Hasta entonces Francisco había sido jefe y director de las dos órdenes, pero después que el Papa les aprobó la regla, las monjas debían tener una superiora que las gobernase. Clara, a pesar de ser Superiora, tenía la costumbre de servir la mesa y brindar agua a las religiosas para que lavasen sus manos, y cuidaba solícitamente de ellas. Cuentan que se levantaba todas las noches a verificar si alguna religiosa estaba destapada. Francisco muchas veces le envió enfermos a San Damián, y Clara los sanaba con sus cuidados.

Así como en el trabajo era ejemplo para las religiosas, lo era también en la vida de oración. Después de las completas, último oficio del día, permanecía largo rato, sola, en la iglesia ante el Crucifijo que habló a San Francisco en otro tiempo. Allí se daba a la quieta meditación de los dolores de Cristo y rezaba el “Oficio de la Cruz”, que había compuesto Francisco. Estas prácticas no le impedían levantarse por la mañana muy temprano, para levantar a las hermanas, encender las lámparas y tocar la campana para la misa primera. Según la Leyenda una vez fue el papa a San Damiano, Clara hizo preparar las mesas y poner el pan en ellas, para que el santo padre lo bendijera. El papa pidió a la santa que fuera ella quien lo hiciera a lo que Clara se opuso rotundamente. El papa la instó por santa obediencia a que hiciera la señal de la cruz sobre los panes y los bendijera en el nombre de Dios. Clara, bendijo muy devotamente aquellos panes y al instante apareció en todos los panes la señal de la cruz, bellamente trazada.

En aquellos tiempo todo no era bello y tranquilo, Federico II mantenía una guerra contra el Papa y lanzó a los Estados Pontificios arqueros mahometanos, sobre los que no tenían ningún poder las excomuniones del Papa. En 1230, desde la cima de la fortaleza de Nocera, a corta distancia de Asís, los sarracenos cayeron sobre el valle de Espoleto y fueron a embestir el convento de San Damián. La entrada de los musulmanes en el monasterio significaba para las monjas no solo la muerte, sino probablemente la violación. Todas asustadas se reunieron en torno a Clara, quien se encontraba postrada en la cama debido a una gravísima enfermedad. Ella se hizo trasladar a la puerta del Convento, mandó a que le trajeran el cáliz de plata en el que se reservaba el Santísimo Sacramento y cayó de rodillas delante de Él, pidiendo el amparo del cielo para sí y sus hijas, cuenta la leyenda que del cáliz salió una voz como de un niño que le dijo “Yo os guardaré siempre”, tras lo cual se alzó de la oración. En ese mismo instante los sarracenos levantaron el sitio del monasterio y se fueron a otra parte.

El clímax de su fortaleza se demostró pletóricamente en la lucha que sostuvo por años con el Papa Gregorio IX a trueque de sostener la integridad del voto de pobreza. El pontífice quería convencerla que aceptara algunos bienes para el convento, como lo hacían las demás órdenes religiosas. A tal punto llegó la disputa que el Papa llegó a decirle que si ella se creía ligada por su voto, él tenía el poder y la obligación de desatárselo, a lo que ella replicó: “Santísimo padre, desatadme de mis pecados, mas no de la obligación de seguir a Nuestro Señor Jesucristo”. Solo dos días antes de morir vino a obtener Clara, de Inocencio IV y a perpetuidad, el derecho de ser y permanecer siempre pobre.

El verano del 1253 vino a Asís el Papa Inocencio IV para ver a Clara, la cual se encontraba postrada en su lecho. Ella le pidió la bendición apostólica y la absolución de sus pecados, el Sumo Pontífice contestó: “Quiera el cielo hija mía, que tenga yo tanta necesidad como tú de la indulgencia de Dios”. Cuando Inocencio se retiró dijo Clara a sus hermanas: “Hijas mías, ahora más que nunca debemos darle gracias a Dios, porque, sobre recibirle a Él mismo en la sagrada hostia, he sido hallada digna de recibir la visita de su Vicario en la tierra”. Desde aquel día las monjas no se separaron de su lecho, incluso Inés, su hermana, viajó desde Florencia para estar a su lado. En dos semanas la Santa no pudo tomar alimento, pero las fuerzas no le faltaban. Murió el 11 de agosto, rodeada de sus hermanas y de los frailes León, Ángel y Junípero. De ella han dicho: “Clara de nombre, clara en la vida y clarísima en la muerte”.

El 17 de febrero de 1958, el papa Pío XII declaró a Santa Clara patrona de la televisión y de las telecomunicaciones, producto del milagro por el cual la Santa pudo observar la misa de Navidad celebrada en la Porciúncula desde su lecho en San Damián. También es patrona de los clarividentes, de los orfebres, de la ropa sucia y del buen tiempo, motivo por el cual desde la Edad Media existe la tradición de que las novias ofrezcan huevos a Santa Clara para que no llueva el día de su boda. Bajo su patronazgo se encuentran seis ciudades argentinas, una mexicana, una salvadoreña y una española.