martes, 26 de mayo de 2015

Ana Frank

Fue una niña judía alemana, mundialmente conocida gracias a su Diario, donde dejó constancia de los casi dos años y medio que pasó ocultándose, con su familia y cuatro personas más, de los nazis en Ámsterdam durante la Segunda Guerra Mundial. Su familia fue capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes. El único superviviente de los ocho escondidos fue Otto Frank, su padre. Ana fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el 2 de septiembre de 1944 y, más tarde, al campo de concentración de Bergen-Belsen, donde murió de tifus el 12 de marzo de 1945, pocos días antes de que éste fuera liberado. Al cumplir trece años, el 12 de junio de 1942, Ana recibió un pequeño cuaderno que había señalado a su padre en una vitrina unos días antes. Si bien se trata de un libro de autógrafos, empastado en tela a cuadros rojo y negro, con una pequeña cerradura en el frente, Ana ya había decidido que lo utilizaría como diario. Empezó a escribir en él casi inmediatamente, describiéndose ella y su familia así como su vida diaria en casa y en el colegio.

En el escondite (LA CASA DE ATRÁS) había ocho personas: sus padres, Otto y Edith Frank; ella y su hermana Margot; Fritz Pfeffer, un dentista judío (al que Ana dio el nombre de Albert Dussel en su Diario), y la familia van Pels, formada por Hermann y Auguste van Pels y el hijo de ambos, Peter. Durante aquellos años, Ana escribió su Diario, en el que describía su miedo a vivir escondida durante años, sus nacientes sentimientos por Peter, los conflictos con sus padres, y su vocación de escritora. Pocos meses antes de ser descubiertos, empezó a reescribir su Diario con la idea de publicarlo tras la guerra. Después de más de dos años, un informador holandés guió a la GESTAPO a su escondite, allí fueron arrestados. El 2 de septiembre de 1944 toda la familia fue trasladada en tren, al campo de concentración en el noreste de Holanda a Auschwitz, viaje que les llevó tres días.

El 5 de julio de 1942, Margot Frank recibió un aviso ordenándole presentarse para deportación hacia un campo de trabajo. Ana fue entonces informada de un plan que Otto había preparado con sus empleados de mayor confianza, y que ya conocían Edith y Margot desde hacía pocos días. La familia se escondería en cuartos camuflados en las instalaciones de la empresa. El 9 de julio de 1942, la familia se mudó al escondite preparado y su antiguo apartamento fue dejado en desorden para hacer pensar que había sido abandonado de manera súbita, Otto Frank dejó una nota de la que se podía deducir que habían logrado escapar hacia Suiza. Como los judíos no podían utilizar los transportes públicos debieron caminar varios kilómetros desde su casa hasta el refugio, portando cada uno todas las vestimentas que pudieron, dado que no podían correr el riesgo de ser vistos con equipajes.

“LA CASA DE ATRÁS”, era un espacio de tres pisos en la parte posterior del edificio con acceso a un patio detrás de las oficinas. En el primer nivel había dos pequeñas habitaciones, con un baño adjunto sobre el que se encontraba una gran habitación, con otra más pequeña adjunta. De esa habitación pequeña se subía hacia el ático. La puerta fue cubierta con una estantería para que no se la pudiera ver. Ana se referiría más tarde a este espacio como el anexo secreto. A finales de julio, se les unió la familia van Pels y más tarde en noviembre llegó Fritz Pfeffer (Albert Dussel), dentista y amigo de la familia. Ana escribió sobre lo bueno que era tener otras personas con quién hablar, pero las tensiones rápidamente se presentaron en este grupo de personas que debían compartir confinados este escondite.

Ana pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo y estudiando, al tiempo que continuaba escribiendo en su diario. Además de narrar los eventos transcurridos, Ana escribía sobre sus sentimientos, creencias y ambiciones, temas de los que no hablaba. Al sentirse más segura sobre su forma de escribir, al mismo tiempo que crecía y maduraba, escribía sobre temas más abstractos, como sus creencias en Dios, o sobre cómo definía ella la naturaleza humana. Escribió regularmente hasta su anotación final, el 1 de agosto de 1944.

La mañana del 4 de agosto de 1944 la GESTAPO asaltó la “LA CASA DE ATRÁS” siguiendo una pista de un informador que nunca fue identificado. Conducido por el Sargento del Cuerpo de Protección (SS), el grupo contaba con al menos tres miembros de la Policía de Seguridad. Llevaron a los miembros de la casa a un campo en Westerbork. Siendo aparentemente un campo de tránsito por el que hasta ese momento habían pasado más de 100.000 judíos, el 2 de septiembre el grupo fue deportado en el que sería su último traslado desde Westerbork hasta el campo de concentración de Auschwitz. Tras tres días de viaje llegaron a su destino, y los hombres y mujeres fueron separados según su sexo, para no volverse a ver más. De los 1.019 pasajeros, 549 – incluyendo niños menores de 15 años – fueron seleccionados y enviados directamente a las cámaras de gas, en las que fueron asesinados. Ana había cumplido 15 años tres meses antes y se libró, y aunque todos los de “LA CASA DE ATRÁS” sobrevivieron a la selección, Ana creyó que su padre había sido asesinado.

Junto con las otras mujeres no seleccionadas para la muerte inmediata, Ana fue obligada a permanecer desnuda para desinfectarla, le raparon la cabeza y le tatuaron un número de identificación en el brazo. Durante el día usaban a las mujeres para realizar trabajos forzados. Las enfermedades se propagaban velozmente y en poco tiempo Ana terminó con la piel cubierta de costras. El 28 de octubre comenzó la selección para reubicar a las mujeres en Bergen-Belsen. Más de 8.000 mujeres, Ana Frank, Margot Frank, fueron transportadas, pero Edith Frank se quedó atrás. Se levantaron tiendas para acoger la afluencia de prisioneros, entre ellos Ana y Margot, y a medida que la población aumentaba el índice de mortandad debido a enfermedades aumentó rápidamente.

En marzo de 1945, una epidemia de fiebre tifoidea se propagó por todo el campo; se estima que terminó con la vida de 17.000 prisioneros. Los testigos contaron más tarde que Margot, debilitada como estaba, se cayó de su litera y murió como consecuencia del golpe, y que pocos días después Ana también murió. Pocas semanas antes de que el campo fuese liberado por tropas británicas el 15 de abril de 1945. De los ocho inquilinos de “LA CASA DE ATRÁS”, sólo el padre de Ana sobrevivo y cuando regresó a Ámsterdam, fue informado del fallecimiento de su esposa y del traslado de sus hijas a Bergen-Belsen, quedando con la esperanza de que lograran sobrevivir. En julio de 1945, la Cruz Roja confirmó las muertes de Ana y Margot. Tratando de cumplir póstumamente el deseo de Ana expresado en el Diario de convertirse en escritora, su padre decidió intentar publicarlo. Al preguntársele muchos años después sobre su primera reacción, respondió sencillamente: "Nunca supe que mi pequeña Ana era tan profunda".

¿Qué es la Ayahuasca?

La madre Ayahuasca, que lleva diversos nombres en los lenguajes de pueblos de la Amazonia, es una bebida sagrada. No es un “alucinógeno”. La madre, doctora y maestra Ayahuasca proviene de la selva amazónica, es conocida y utilizada milenariamente por los pueblos indígenas amazónicos, que la consideran el espíritu de la naturaleza. Constituye el fundamento de la espiritualidad, del chamanismo, de la medicina tradicional y de la cosmovisión indígena. En Brasil se le denomina Caapi del cual proviene su nombre científico Banisteriopsis caapi. En Ecuador se la llama Natema; Yaje en Colombia; en los Andes y en la Amazonia peruana se le llama Ayahuasca. La palabra es de origen Quechua y significa “soga que une el mundo de los vivos con los de los espíritus”. La traducción literal del quechua seria Aya – Muerte / Huasca – Soga o embriaguez, debido al mareo que produce al tomarse. Según estudios realizados en la selva ecuatoriana, el uso de la Ayahuasca se remonta a 5.000 años aproximadamente; su conocimiento sobrevive en el saber terapéutico mágico – religioso de los pueblos indígenas amazónicos. La Ayahuasca es utilizada para realizar la conexión con los mundos mágicos, en la “expansión de la conciencia”, ya que posee un espíritu.

En la vertiente occidental de la cuenca amazónica hay 700 formas distintas de preparación de la Ayahuasca; cada cultura indígena que habita este vasto territorio tiene su propia forma de concebir a la Ayahuasca. A la Ayahuasca, así como a otras plantas, se les da un origen sagrado. En algunos pueblos el origen es mágico, “se cuenta que la liana fue un hombre del cielo y la chacruna una mujer linda de la tierra que se casaron y al morir, hicieron el juramento que juntos siempre enseñarían y curarían a los seres humanos, de la tumba del hombre nació la liana de Ayahuasca y de la mujer nació la chacruna”. Para ciertos pueblos de la amazonia, la liana de Ayahuasca “es la que da la fuerza y la chacruna la visión”. Se toma en ceremonias de purificación, aprendizaje y curación. Es utilizada para purificar y sanar el espíritu, el cuerpo, la mente y las emociones, nos lleva a una realidad mágica y a un estado de conciencia superior, los cuales nos muestran realidades que no pueden ser observadas en un estado ordinario. Ese estado de conciencia superior podría definirse como lo visible de lo invisible, lo racional de lo irracional. A partir de la conexión con los mundos mágicos y espirituales a las que nos sumerge la Ayahuasca, se adquiere conciencia de la existencia en su verdadero significado.

Es una experiencia mística subliminal, en las que el ser humano conciente puede modificar la esencia de su ser. A partir de esta percepción, la Ayahuasca es Madre, Doctora y Maestra. En este contexto el espíritu de la Ayahuasca nos cura, nos enseña y nos guía para ser capaces de enfrentar nuestras dificultades. Nos permite entender la relación armoniosa con la Madre naturaleza, con los demás seres y con el universo, así como reconciliarnos con nuestra propia existencia. Dentro de los pueblos indígenas en que la Ayahuasca está presente se dice: “con el espíritu de la Ayahuasca vas a ver y a entender”. La Ayahuasca nos permite ser concientes de nuestras potencialidades espirituales. Dentro de los contextos tradicionales del uso de la Ayahuasca hay ciertos requisitos para participar en una ceremonia, como la importancia de la dieta, que debe realizarse antes y después de la ingesta de la Ayahuasca; la abstinencia sexual y la dieta sin carnes rojas y en especial cerdo; también abstenerse de tomar bebidas alcohólicas unos siete días antes del ritual. Este proceso implica la preparación del cuerpo. Antes de ingerir Ayahuasca, idealmente las personas tienen que pasar por un proceso de purificación física, mental y espiritual a través de purgas con plantas depuradoras y baños con plantas aromáticas. Las ceremonias de Ayahuasca se realizan por las noches.

La oscuridad causa una profunda acción en el cuerpo, mente, emociones y espíritu, permitiéndonos confrontar y conquistar nuestros miedos más profundos, revitalizar energías vitales y despertar un nivel superior de conciencia. La idea es abrir el camino hacia nuestro “maestro interior”. La ceremonia apertura una relación con la espiritualidad que durará toda la vida. La Ayahuasca no produce ningún tipo de dependencia, más bien cura adiciones de cocaína y alcoholismo. La planta mágica Ayahuasca contiene compuestos químicos naturales capaces de provocar visiones intensas y sensibilizar agudamente los sentidos. Estos y otros efectos conducen a la conciencia humana hacia inéditos estados mentales, inexplicables y misteriosos pero a la vez reveladores y maravillosos. La Ayahuasca sirve como medicina para que la persona adquiera conciencia de sus problemas en su verdadera significación. Bebiendo la Ayahuasca, es decir, planificando la experiencia mística totalizadora, podemos influir a voluntad en la esencia misma de nuestra más íntima personalidad, perfeccionándola a favor. A partir de ceremonias de Ayahuasca se puede concebir también, la curación física de algunas enfermedades. Da salud y bienestar, vitalidad y energía.

A continuación contaremos la descripción de algunos de los estados de conexión, místicos y espirituales, provocados por la maestra Ayahuasca: Introspección y regresión: cuando una persona ingiere Ayahuasca por lo primero que pasa es por un proceso de reflexión sobre su propio ser, el cual se considera el examen del alma por sí mismo (auto contemplación, reconocimiento de la evolución de nuestro ser). Regresión. En la ceremonia de Ayahuasca, una persona puede recordar fases pasadas de la vida, para solucionar conflictos, lo cual permite conectarse y reconocerse mejor. Los contenidos de experiencias olvidadas o reprimidas vuelven a la conciencia como un verdadero revivir. Se diluyen así las tensiones o conflictos en nuestro ser y se produce una reestructuración y cura de la personalidad.

Experiencia mágica religiosa. Ascensión al cielo (a lo divino) a través de un reconocimiento espiritual. Experiencia trascendental, que incrementa la receptividad y comunión mística con todo el universo. Viaje astral. Trasmigración o peregrinación del alma, fuera del cuerpo físico. Súper conciencia cósmica. Iluminación intelectual omnisciente. Expresión de funciones cerebrales, cotidianamente adormecidas, agudización de los sentidos, memoria intensa, análisis exhaustivo, desarrollo de la intuición. Animación de facultades extra sensoriales. Manifestaciones telepáticas, clarividentes, precognitivas e ingreso al contexto divino. Aumento de la conciencia. Liberación del espíritu para elevar la conciencia y el conocimiento a niveles y perspectivas superiores.

Conciencia del cuerpo, de sus procesos y movimientos, mayor capacidad de relajación, salud y bienestar, vitalidad y energía; superación de dificultades interpersonales; aceptación, tolerancia y respeto por los demás; capacidad de perdonar y agradecer; capacidad de confiar en los demás y de ser sinceros; mayor conciencia interpersonal: empatía y amabilidad; mejora de las relaciones de pareja y familiares. La conexión con esta dimensión mágica de la Ayahuasca de la experiencia fue descrita como el contacto con un “guía interior” Estas manifestaciones mentales (introspección, regresión, etc.) se dan entremezcladas, aunque con la preponderancia de alguna de ellas. Cada experiencia con Ayahuasca es totalmente distinta a la otra.

El Virreinato del Perú

El Virreinato del Perú fue una entidad político-administrativa fundada en 1542 tras el sometimiento del Imperio Inca. Abarcó, en su máxima extensión, territorios que actualmente se corresponden con Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, parte de Argentina y Chile. Los primeros asentamientos comienzan a desarrollarse tras la captura de la ciudad inca, por parte de Francisco Pizarro, en 1534. Tras este hecho, se provoca una fuerte disputa por el control de una serie de expediciones destinadas a Birú, territorio peruano del cual se presumía que poseía grandes riquezas, entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro. El enfrentamiento se saldó con la victoria de Pizarro, y la posterior ejecución de Almagro.

El virreinato vivió cuarenta años de caos administrativo, fruto del choque de intereses entre los distintos conquistadores, y el desigual reparto de la tierra. A mediados del siglo XVI, Francisco de Toledo, virrey del Perú, logra encauzar la situación y establecer un marco administrativo estable, que se prolongaría durante todo el período colonial. Esta normalización de la situación, fue gracias a la voluntad de Toledo, de llevar a cabo un proceso organizador, reflejado en medidas tales como el censo tributario, censo de pobladores nativos y la realización de un registro de los recursos naturales y humanos del Perú. Estas medidas permitieron la implantación de los sistemas de trabajo (mita, repartimiento) y a la larga, hicieron de este virreinato el más rico e influyente.

La capital fue situada en la ciudad de Lima, fundada por Francisco Pizarro como la «Ciudad de los Reyes», mientras que el puerto del Callao, monopolizaba todo el comercio marítimo americano. En el campo administrativo, el virreinato está constituido por dos audiencias, las de Lima y Cusco, que fueron sustituidas por intendencias tras las Reformas Borbónicas en el siglo XVIII. Al igual que en el resto de virreinatos, existían también organismos tales como los corregimientos, encargados de la administración de zonas habitadas por nativos, cabildos, que cumplían diversas funciones administrativas similares a las que actualmente realiza la municipalidad o ayuntamiento, y diversas autoridades indígenas que se encargaban de mediar entre éstos y los españoles.

En el ámbito económico, la principal actividad desarrollada en el virreinato era la minería. El trabajo en la mina era desarrollado por aborígenes que pasaban entre una y dos semanas sin salir de ella en condiciones realmente duras. En un principio, la actividad se desarrolló en torno a pequeños depósitos de superficie, pero gracias a las mejoras en las técnicas mineras, los colonos pudieron a acceder a grandes minas. Es a partir de este momento en que la minería termina de consolidarse como principal actividad en el virreinato. Los principales yacimientos mineros fueron: Castrovirreyna, Cerro de Pasco, Cajabamba, Contumanza, Carabaya, Cayllama, Hualgayoc, Huancavelica y Potosí, todas ellas ubicadas en el territorio del actual Perú. Potosí, por si sola, aportaba dos tercios de la producción minera del Perú, hasta que en 1776 cambió de jurisdicción a favor del Virreinato del Río de la Plata.

A causa de las malas condiciones y la dureza del trabajo realizado por los aborígenes en la mina, eran frecuentes los alzamientos de mineros, que eran sistemáticamente sofocados por las autoridades coloniales. En el ámbito comercial, España aplicó medidas proteccionistas y favoreció el monopolio de los puertos de Sevilla en España, Veracruz, en México, Callao en el Perú, Panamá y Cartagena en Nueva Granada. Debido a que Panamá y Cartagena eran considerados puertos de tránsito, el Callao pasó a ser el único puerto autorizado para comerciar en América, lo cual convirtió al Virreinato del Perú en el centro comercial de las colonias Españolas en América. Pero la preeminencia de ciertos puertos sobre otros, en este caso el Callao con respecto al resto de América, hizo que el contrabando y la piratería, actividades desarrolladas la primera por criollos y la segunda por corsarios ingleses y holandeses en su mayoría, floreciesen, logrando erosionar lenta pero inexorablemente el monopolio de los grandes puertos, hasta que en 1778 Carlos III decretó el libre comercio y el Callao perdió su posición de ventaja frente a los otros puertos, posibilitando el surgimiento de los de Montevideo, Buenos Aires o Guayaquil.

Al igual que en Nueva España, en el Perú se desarrollaron los obrajes, actividades protoindustriales dedicados a la manufactura de textiles e hilos de lana y algodón. A pesar de la existencia de actividades de esta índole, no pudieron desarrollarse a causa del estricto control monopólico que del comercio ejercía la metrópolis. Durante el siglo XIX, época en la que se suceden los distintos alzamientos independentistas a lo largo del continente, el Virreinato del Perú se mantendrá como principal bastión de los realistas, hasta su disolución, en 1824, tras la Batalla de Ayacucho. A pesar de esto, el Perú será también testigo de los alzamientos de Túpac Amaru y Túpac Katari, precedentes de la futura emancipación Latinoamericana.

jueves, 14 de mayo de 2015

Staff Emisión 700


Staff del programa 700 de EL ALFA Y LA OMEGA
(De izquierda a derecha, arriba) Cela Talavera García (Perú); Fernando Pérez Valdez (México); Gissel Peralta (Paraguay) (De izquierda a derecha, abajo)
Laura Viviana Gallego (Colombia); Byron Valdizon (Guatemala) y Jacqueline Tineo (Puerto Rico)

Seis voces que han marcado y dejado su impronta en nuestro programa radial. Gracias por formar parte de proyectos movilizadores y llevar a través de la radio, en este caso, contenidos con valores.

Esto es el comienzo de múltiples trabajos que iremos realizando en pos de una Latinoamérica unida bajo el manto de la Emperatriz de América, La Guadalupana…

martes, 5 de mayo de 2015

Guerra del Chaco



La Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró desde septiembre del año 1932 hasta junio de 1935, por el control del Chaco Boreal. La aridez y escasa población de ese territorio hizo que, desde la época colonial, nunca se definieran sus límites en cuanto a la dependencia política-administrativa. Recién después de que Bolivia perdió la salida al océano Pacífico, como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879), esa región adquirió un valor estratégico para ese país. La ocupación del Chaco Boreal era ahora necesaria para salir al río Paraguay y por esa vía tener acceso al océano Atlántico. Otra de las causas fue la supuesta existencia de petróleo en el subsuelo chaqueño. La Standard Oil, que ya los extraía en Bolivia, fracasó en su intento de construir un oleoducto por territorio argentino hasta un puerto sobre el río Paraná (Santa Fe o Campana) por lo que sólo le quedó la opción de hacerlo por el Chaco Boreal hacia el río Paraguay lo más al sur posible.

Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. Escondidas entre los pliegues de ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco. Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obligados a odiarse en nombre de una tierra que no aman, que nadie ama: el Chaco es un desierto gris, habitado por espinas y serpientes, sin un pájaro cantor ni una huella de gente. Todo tiene sed en este mundo de espanto. Las mariposas se apiñan, desesperadas, sobre las pocas gotas de agua.

Los bolivianos vienen de la heladera al horno: han sido arrancados de las cumbres de los Andes y arrojados a estos calcinados matorrales. Aquí mueren de bala, pero más mueren de sed. Nubes de moscas y mosquitos persiguen a los soldados, que agachan la cabeza y trotando embisten a través de la maraña, a marchas forzadas, contra las líneas enemigas. De un lado y del otro, el pueblo descalzo es la carne de cañón que paga los errores de los oficiales. Los esclavos del patrón feudal y del cura rural mueren de uniforme, al servicio de la imperial angurria. Habla uno de los soldados bolivianos que marcha hacia la muerte. No dice nada sobre la gloria, nada sobre la patria. Dice, resollando: “Maldita sea la hora en que nací hombre”.

Contará Augusto Céspedes, del lado boliviano, la patética epopeya. Un pelotón de soldados empieza a excavar un pozo, a pico y pala en busca de agua. Ya se ha evaporado lo poco que llovió y no hay nada de agua por donde se mire o se ande. A los doce metros, los perseguidores del agua encuentran barro líquido. Pero después, a los treinta metros, a los cuarenta y cinco, la polea sube baldes de arena cada vez más seca. Los soldados continúan excavando, día tras día, atados al pozo, pozo adentro, boca de arena cada vez más honda, cada vez más muda; y cuando los paraguayos, también acosados por la sed, se lanzan al asalto, los bolivianos mueren defendiendo el pozo, como si tuviera agua.

Contará Augusto Roa Vastos, del lado paraguayo, la patética epopeya. También él hablará de los pozos convertidos en fosas, y del gentío de muertos, y de los vivos que sólo se distinguen de los muertos porque se mueven, pero se mueven como borrachos que han olvidado el camino de su casa. Él acompañara a los soldados perdidos, que no tienen ni una gota de agua para perder en lágrimas.

Después de noventa mil muertos, acaba la guerra del Chaco. Tres años ha durado la guerra, desde que paraguayos y bolivianos cruzaron las primeras balas en un caserío llamado “Masamaclay”, que en lengua de indios significa lugar “donde pelearon dos hermanos”. Al mediodía llega al frente la noticia. Callan los cañones. Se incorporan los soldados, muy de a poco, y van emergiendo de las trincheras. Los haraposos fantasmas, ciegos de sol, caminan a los tumbos por campos de nadie hasta que quedan frente a frente el regimiento Santa Cruz, de Bolivia, y el regimiento Toledo, del Paraguay: los restos, los jirones.

Las órdenes recién recibidas prohíben hablar con quien era enemigo hasta hace un rato. Solo está permitida la venia militar; y así se saludan. Pero alguien lanza el primer alarido y ya no hay quien pare la algarabía. Los soldados rompen la formación, arrojan las gorras y las armas al aire y corren en tropel, los paraguayos hacia los bolivianos, los bolivianos hacia los paraguayos, bien abiertos los brazos, gritando, cantando, llorando, y abrazándose ruedan por la arena caliente.

Años después de concluido el conflicto, se descubrió que no existían yacimientos petrolíferos, aparte de los que ya se habían descubierto en la precordillera boliviana lindante con el Chaco.

Fue la guerra más importante en el continente sudamericano durante el siglo XX. Bolivia movilizó, en los 3 años de duración, 250 000 soldados y Paraguay 150 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos. Los distintos tipos de enfermedades, tanto físicas como psicológicas, la característica hostil del teatro de operaciones y la falta de agua y buena alimentación, que afectaron la salud de los sobrevivientes, a muchos de por vida.

La guerra consumió ingentes recursos económicos de ambos países, de por sí muy pobres. El Paraguay sostuvo parte de las necesidades de su ejército con la gran cantidad de material bélico capturado en distintas batallas. Terminada la guerra, los vendió a España con motivo de la Guerra Civil Española.

Después de largas negociaciones, el tratado para terminar la guerra fue firmado en Buenos Aires (Argentina) el 21 de julio de 1938. El canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, había convocado a una Conferencia de Paz en Buenos Aires. Había obtenido el premio Nobel de la Paz de 1936, por su labor en pro de la paz en general, y en particular por haber inspirado el Pacto antibélico Saavedra Lamas, firmado por 21 naciones y convertido en un instrumento jurídico internacional. Tuvo un papel importante como mediador para finalizar la guerra del Chaco.

El 27 de abril de 2009, 74 años después de finalizado el enfrentamiento bélico, los presidentes Evo Morales de Bolivia y Fernando Lugo de Paraguay firmaron en Buenos Aires el acuerdo definitivo de límites territoriales del Chaco Boreal. El acto se realizó en presencia de la presidenta de la Argentina Cristina Fernández de Kirchner, previa aceptación por parte de sus respectivos cancilleres del “Acta de cumplimiento y ejecución” del Tratado de paz, amistad y límites entre Bolivia y Paraguay de 1938.

Origen del Mate


Se denomina mate a la infusión preparada con hojas de yerba mate (Ílex paraguaiensis), planta originaria de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay, el curso superior del Uruguay y el sur de Brasil. Estas plantas previamente secadas, cortadas y molidas forman la yerba mate, la cual tiene sabor amargo debido a los taninos de sus hojas. La espuma que se genera al «cebar» se debe a los glicósidos que la yerba mate contiene.

Era consumido desde la época precolombina entre los pueblos originarios guaraníes (y por influencia de esto, también lo hacían otros grupos que realizaban comercio con los guaraníes, como los querandíes, los pampas antiguos, tobas, etc.). Fue adoptado rápidamente por los colonizadores españoles, y quedó como parte del acervo cultural en Argentina, Paraguay y Uruguay, países en donde se consume mayoritariamente; pero también en el sur de Brasil, zonas de Bolivia y en la Patagonia chilena. Como sucede con el té, el café o el chocolate, el mate posee un efecto estimulante debido a la mateína (sinónimo de la cafeína) que contiene.

Además se le suma un efecto, que es compensado por el alto consumo de agua que se realiza cuando se matea, resultando así una infusión digestiva, depuradora y ―al poseer antioxidantes― preservadora del organismo. Como las otras infusiones mencionadas, el mate tiene cierta acidez, razón por la que muchas veces se le añaden ―en escasas proporciones― otras hierbas (digestivas, reguladoras de la función hepática, sedantes, etc.) que logran neutralizar la acidez como también compensar el ligero efecto estimulante de la cafeína.

Tradicionalmente, el mate se bebe caliente mediante un sorbete denominado bombilla colocado en un pequeño recipiente, que es denominado ―según la zona― «mate», «cuya», «porongo» o «guampa», que contiene la infusión. Por lo común se distingue al recipiente llamado porongo del llamado «mate» por ser el primero de mayores dimensiones y de boca ancha. Aunque se obtienen normalmente del porongo (Lagenaria siceraria), una cucurbitácea cuyo fruto tiene una corteza fuerte y leñosa apta para ser usada como recipiente, desde tiempos coloniales se han realizado mates de plata, cuerno vacuno (guampa), porcelana, vidrio o madera (en general quebracho o palo santo) o pezuña de toro labrada.

La expresión «mate», nace del vocablo quechua matí, que significa calabaza (el recipiente para beber mate suele ser hecho de calabaza). El mismo se tomaba a través de una cañita denominada tacuarí, en cuyo extremo se colocaba una semilla ahuecada que hacía las veces de filtro. Los conquistadores que veían a los nativos tomarlo, tenían la creencia de que el mate era una «hierba del demonio» por desconocer su práctica. Sostenían además que era una bebida de haraganes, ya que los nativos dedicaban varias horas por día a este rito.

El mate se originó como un rito de los nativos guaraníes en el territorio que hoy ocupa el Paraguay y las provincias argentinas de Misiones y Corrientes, los guaraníes sepultaban los restos de sus seres queridos y en ese mismo lugar plantaban yerba mate, luego que la planta crecía, la cosechaban y la tomaban en «rueda» con sus familias de la misma manera que se realiza hoy en día. Los nativos guaraníes realizaban estos ritos porque creían que de esa manera el espíritu de sus seres allí enterrados iban a crecer con la planta de yerba mate y pasar a través del mate a su cuerpo y permanecer con ellos. También solían plantar donde enterraban a sus parientes distintos tipos de vegetales comestibles porque creían que así crecía mejor la planta.

Los españoles observaron que a los guaraníes, el mate los fortificaba para el trabajo y en caso de necesidad les servía de alimento. Hacia 1714, su uso se había extendido a Bolivia y Chile. Los ingleses de Chile (que se ocupaban de la trata de esclavos traídos de África) vieron que también beneficiaba a los negros, lo probaron y lo llevaron a Londres, donde fue muy bien recibido. Incluso se pensó en reemplazar el tradicional uso del té por esta bebida, ya que era más provechosa e incluso más barata; pero como las misiones jesuíticas del Paraguay eran su único productor, y el comercio del té les reportaba tan buenas ganancias, se desechó la idea.

La forma de preparación del mate fue transmitida por los guaraníes a los colonizadores españoles y portugueses (en portugués se terminó llamando chimarrão). Con el transcurso del tiempo fue adoptada como bebida tradicional de los pobladores de Paraguay, Uruguay, Argentina, parte de Brasil y de Bolivia, llegando a difundirse su consumo hasta Chile y Perú. Durante el siglo XIX era común que en Chile el mate se preparara con el "palito" de la yerba mate, lo cual hacía una pequeña diferencia en el mate consumido por los chilenos.

El mate es un excelente tónico y depurativo, lo segundo por su carácter diurético. Su capacidad diurética explica una "paradoja" de la "dieta gaucha" hasta inicios del siglo XX: hasta entonces los habitantes de las zonas rurales del Cono Sur solían tener una dieta híper proteínica sin aparente contrabalanceo, lo cual hubiera provocado –en el más benigno de los casos– una elevadísima concentración de urea que se reflejaría rápidamente en afecciones imposibilitantes como la gota.

Sin embargo, la diuresis que se lograba por la elevada ingesta de mate contrapesaba los excesos de una dieta híper proteica. El mate, por otra parte, posee excelentes antioxidantes. Según las conclusiones de un estudio llevado a cabo en Estados Unidos, el consumo de mate puede reducir el colesterol LDL o colesterol "malo", a la vez que promueve el aumento de colesterol HDL o colesterol "bueno".

Otra característica (actualmente casi anecdótica) fue bastante fortuita: los combatientes criollos o gauchos durante la Guerra de la Independencia obtenían la mayor parte de su agua a través de la ingesta de infusiones de mate, de este modo el agua era purificada de gran parte de las bacterias y posibles parásitos; los europeos (españoles y mercenarios) que solían considerar al mate como algo "bárbaro" o "primitivo" bebían las aguas sin el necesario caldeado, por lo cual contraían con frecuencia parasitosis.

Lenguaje del mate
El lenguaje del mate es un sistema de señales que se hacen tradicionalmente cuando se bebe mate en el Cono Sur. Debe evitar confundírsele con el vocabulario referido al mate.

Matear«Matear»
Es decir, tomar mate en rondas de mate, es toda una ceremonia con un específico lenguaje del mate, aunque ―como en todo lenguaje― pueden darse variaciones según el contexto y la región.

Aunque en Argentina y Uruguay es común la frase «un mate no se le niega a nadie», se verá que tal expresión no es absoluta.

Ensillar el mate
Ensillar el mate es el acto de sacarle un poco de yerba usada (no toda) y agregarle un poco de yerba nueva. Con esto se logra que el mate mantenga el sabor un poco más de tiempo (si es que uno no quiere volver a prepararlo completo).

Mate del sonso
El mate inicial que se entrega primeramente a una persona en una ronda de mate es llamado mate del sonso (zonzo = tonto) ya que se considera a tal mate como demasiado fuerte y aún sin el gusto o bouquet apropiado, generalmente lo toma el cebador mismo, o se lo descarta. En Paraguay, al descartar el primer mate, es común decir que está reservado a Santo Tomás haciendo referencia al fenómeno por el cual la yerba absorbe el agua inicial, como si algún espíritu lo estuviera consumiendo.

Dar gracias
En Argentina, Bolivia, Brasil, el sur de Chile, Paraguay y Uruguay, no se le agradece al cebador cada mate. Cuando una persona dice «gracias» en el momento de devolver el mate al cebador, quiere decir que ya no seguirá tomando.

Mate largo
Se llama "mate largo", "alargar el mate" o "dormir el mate" cuando alguien retiene por un tiempo relativamente prolongado el mate antes de entregarlo a la persona que esta cebando. Otro uso que se le da a esta frase es para indicar que el mate tiene poca yerba y mucha agua.

Mate caliente
Antiguamente, si la mujer ofrecía a alguien un mate caliente ―aunque no hirviente― o dulce solía entenderse que esa mujer estaba demostrando amor. Otras formas de expresar el deseo ha sido o es (en algunas zonas se mantiene vigente) el endulzar el mate (en momentos o situaciones en que se bebe amargo), o añadirle ingredientes como el toronjil.

Constantinopla


Actual Estambul, fue la capital del Imperio romano (330–395), del Imperio romano de Oriente, o Imperio bizantino (395–1204 y 1261–1453), del Imperio Latino (1204–1261) y del Imperio otomano (1453–1922). Estratégicamente situada entre el Cuerno de Oro y el mar de Mármara en el punto donde se unen Europa y Asia, la Constantinopla bizantina fue baluarte de la Cristiandad y heredera del mundo griego y romano. A lo largo de toda la Edad Media Constantinopla fue la mayor y más rica ciudad de Europa conocida como «la Reina de las Ciudades». Por otra parte, fue llamada la Encrucijada del Mundo, pues era el nexo de comercio entre Asia, Europa y África.

Dependiendo de sus gobernantes, ha recibido con frecuencia diferentes nombres a lo largo del tiempo; entre los más comunes están Bizancio, Stamboul o Nueva Roma, este último un nombre más eclesiástico que oficial. Fue renombrada oficialmente como Estambul (su nombre actual) en 1930 mediante la Ley Turca de Servicio Postal, parte de las reformas nacionales impulsadas por Atatürk.

En el año 324 Constantino I el Grande, el emperador que refundaría la ciudad de Constantinopla, vence al co emperador romano Licinio (Flavio Valerio Licinio Liciniano 250–325), transformándose en el hombre más poderoso del Imperio Romano. En ese contexto decidió convertir la ciudad de Bizancio en la capital del Imperio, comenzando los trabajos para embellecer, recrear y proteger la ciudad. Para ello utilizó más de cuarenta mil trabajadores, la mayoría esclavos godos.

Después de seis años de trabajos, hacia el 11 de mayo de 330, y aún sin finalizar las obras —se terminaron en el 336— Constantino inauguró la ciudad mediante los ritos tradicionales, que duraron 40 días. La ciudad entonces contaba con unos 30.000 habitantes. Un siglo más tarde alcanzó medio millón, siendo la ciudad más grande del mundo; algunos autores, en determinados momentos de su historia, llegan a atribuirle hasta un millón.

Constantino no destruyó los templos existentes, ya que no persiguió a los paganos, es más, construyó nuevos templos para paganos y cristianos, especialmente influidos por estos últimos. Tal es así que durante su gobierno se abolió la crucifixión, las luchas entre gladiadores, se reguló el divorcio, dándose mayor protección legal a la mujer y se mantuvo una mayor austeridad sexual, según las costumbres que después se convertirían en cristianas. Además construyó iglesias como la de Santa Irene y la iglesia-mausoleo, donde fue enterrado el emperador. Constantino jamás se declaró religioso, sólo lo llegó a ser en el lecho de muerte, siendo bautizado por el arriano Eusebio de Nicomedia.

Nueva Roma fue embellecida a costa de otras ciudades del Imperio, cuyas mejores obras fueron saqueadas y trasladadas a la nueva capital. En el foro se colocó una columna donde se emplazó una estatua de Apolo a la que Constantino hizo quitar la cabeza para colocar una réplica de la suya. Se trasladaron mosaicos, esculturas, columnas, obeliscos, desde Alejandría, Éfeso y sobre todo desde Atenas. Constantino no reparó en gastos, pues quería levantar una capital universal.

También se dio gran importancia a la cultura. Constancio II creó la primera universidad del mundo al fundar, en el 340, la Universidad de Constantinopla, aunque luego fuera reformada por el emperador Teodosio II en 425. En ella se enseñaba Gramática, Retórica, Derecho, Filosofía, Matemática, Astronomía y Medicina. La universidad constaba de grandes salones de conferencias, donde enseñaban sus 31 profesores.

Al morir Constantino, la fragmentación del Imperio Romano era un hecho. Sin embargo, esto no se produciría hasta la muerte de uno de sus sucesores: Teodosio, quien en el año 395 dividió en dos el Imperio y cedió el mando de la parte occidental, con sede en Milán, a su hijo Honorio; y la parte oriental, con sede en Constantinopla, a su otro hijo, Arcadio, dando comienzo al Imperio Bizantino que, a diferencia de la parte occidental cuya decadencia fue cada vez mayor, se mantuvo pujante hasta el año 1453. A Teodosio se debe el foro de su nombre en la antigua Constantinopla.

En época del emperador Justiniano (527–565) se construyó el templo de Santa Sofía, donde sus arquitectos tuvieron que idear una cúpula para cubrir el amplio edificio de planta rectangular. Tan complejo fue el trabajo que la primera cúpula se derrumbó; la segunda es la que hoy se puede ver en el edificio. Justiniano también construyó la iglesia de los santos Sergio y Baco, entre los años 527 y 536 después de Cristo.

La Orden de los Cartujos


Es una orden contemplativa de la Iglesia Católica que fue fundada por San Bruno en el año 1084. Profesan más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y oración. La regla o regula de los cartujos recibe el nombre de Statutos y difiere de la regla de San Benito practicada por las otras órdenes monacales.

En el año 1084, Bruno de Colonia, que había estado antes en el monasterio de Molesmes con Roberto de Molesmes en los comienzos de la orden del Císter, se dirige con sus compañeros, donde pide consejo al obispo Hugo sobre un posible asentamiento. Éste le sugiere la Chartreuse, un yermo deshabitado perdido entre montañas. Allí levantan una capilla y unas cabañas de troncos, que son el comienzo de la primera cartuja.

En 1090, al ser llamado Bruno a Roma por Urbano II, el eremitorio se dispersa y se vacía durante un año, al término del cual, vuelve Landuino como prior y rehace la comunidad. Más tarde, Landuino pudo visitar a Bruno en La Torre (Italia), la segunda cartuja que éste había fundado, y de este encuentro anotó las conversaciones que mantuvieron, y que fueron la base sobre la que su sucesor Guigo escribió las Consuetudines Cartusiae. Estos preceptos de la Orden tuvieron también en cuenta otras antiguas reglas, como la de ermitaños de Gunlaico, y la de Cesáreo de Arlés.

El prior Guigo (1109/1136) fundó seis cartujas más, siguiendo el modelo del primer fundador, y limitando el número de monjes al sostenible para mantenerse sin necesidad de limosnas. Los 200 años que van de 1350 a 1550 fueron el periodo de mayor expansión de la Orden. Concentrada al principio en Francia, se expandió a Países Bajos, Alemania, España, Italia e Inglaterra. Al llegar la Reforma protestante había más de 200 cartujas en Europa, pero entonces se suprimieron unas 40 y empezaron las persecuciones, pues a causa de la influencia desproporcionada respecto a su número, se convirtieron en objetivo prioritario de los protestantes. En 1562 la Gran Cartuja fue destruida por los hugonotes.

En el siglo XVII, a pesar de las persecuciones se fundaron 21 nuevas cartujas. Hacia 1676 había 173 cartujas. En el siglo XVIII, por motivos nacionalistas se suprimieron en distintos países: Austria, Francia, Venecia. Con Napoleón, la situación se agravó todavía más, llegando a un mínimo de sólo 8 casas en 1810, pero después se inició una lenta recuperación, aunque continuaron las persecuciones. La misma situación se mantuvo en la primera mitad del siglo XX. En 1940 quedaban 23 cartujas. En 1950 se fundó la primera cartuja americana, en Estados Unidos, a la que siguieron otras en Brasil y Argentina. En 2004 se fundó la primera cartuja asiática, en Corea del Sur.

El primer monasterio de monjas cartujas se fundó en 1147 en Prebayon (Provenza) por un grupo proveniente de un monasterio bajo la Regla de San Cesáreo de Arlés, que anhelaba una vida más interior. Siguieron el consejo de Juan de España, prior de la cartuja de Montrieux, quien les facilitó un ejemplar de las Constituciones de Guigo. En el siglo XIII se alcanzó el máximo de monasterios femeninos, con 7 casas y 2 afiliadas. En 1794 habían desaparecido todos, hasta 1822, fecha en la que se volvió a abrir uno en Francia. En el siglo XX había monasterios en Francia e Italia, y desde 1967 en España.

Se ha dicho repetidamente que la orden cartujana no ha sido nunca reformada porque nunca se ha deformado. Esto se ha expuesto en varias encíclicas papales. En una de ellas, Pío XII afirma: “Al revés que otras órdenes religiosas, esta orden no ha necesitado, en tan largo espacio de tiempo, ninguna enmienda o reforma”

El fin de un cartujo es la contemplación en una vida monástica de oración pura y continua. La primera característica de un monje cartujo es la búsqueda de Dios en la soledad. La soledad del cartujo es encontrada en tres niveles:

1. La separación del mundo
2. La guarda de la celda
3. La soledad interior, o la soledad del corazón

Los monjes cartujos guardan los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, pero además guardan dos votos extras, que son el de estabilidad en el monasterio y el voto de conversión de costumbres, en el cual se busca un crecimiento de entrega hacia el Señor.

Los monjes cartujos viven una vida solitaria y común, en sus cartujas se encuentran:

1.- El claustro grande (donde se agrupan todas las celdas)
2.- Lugares comunitarios (lugares como la cocina, el lavadero, el refectorio, etc.)
3.- Los lugares que producen ruido (talleres de carpintería, la herrería, etc.)

El silencio se considera fundamental para lograr la contemplación. Por eso, la palabra se utiliza solamente en el canto o en lo estrictamente necesario para llevar a cabo las tareas cotidianas. Sin embargo, como compensación, los domingos hay un recreo que dura de una hora a hora y media, y los lunes, un paseo de 3 horas fuera del monasterio, en que se puede hablar libremente. Una vez al año, toda la comunidad disfruta del llamado gran paseo, que dura todo el día.

Nuestra Señora de Luján

La Virgen de Luján o Nuestra Señora de Luján, es una de las muchas advocaciones con la que se venera la figura de la Virgen María en el catolicismo. Es considerada por los católicos, la patrona de Argentina y Uruguay. (Por Bula del Papa Pío XII, Paraguay tiene por Patrona a Nuestra Señora de la Asunción)

Desde el Brasil partió la imagen de la Virgen de Luján, hoy venerada en la Basílica. Los acontecimientos se remontan al siglo 17, cuando Antonio Farías Saa, un hacendado portugués afincado en Sumampa, le escribió a un amigo suyo de Brasil para que le enviara una imagen de la Virgen en cuyo honor quería levantar una ermita.

En el año 1630 –probablemente en un día del mes de mayo– una caravana de carretas, salida de Buenos Aires rumbo al norte llevando dos imágenes, las que hoy conocemos como 'de Luján' y 'de Sumampa'. La primera representa a la Inmaculada y la segunda a la Madre de Dios con el niño en los brazos. Inmediatamente ambas imágenes emprendieron un largo viaje en carreta con la intención de llegar hasta Sumampa.

En aquel tiempo, las caravanas acamparon al atardecer. En formación cual pequeño fuerte, se preparaban para defenderse de las incursiones nocturnas de las bestias o los malones de los indios. Luego de una noche sin incidentes, partieron a la mañana temprano para cruzar el río Luján, pero la carreta que llevaba las imágenes no pudo ser movida del lugar, a pesar de haberle puesto otras fuertes yuntas de bueyes. Pensando que el exceso de peso era la causa del contratiempo, descargaron la carreta pero ni aún así la misma se movía. Preguntaron entonces al carretero sobre el contenido del cargamento. "Al fondo hay dos pequeñas imágenes de la Virgen", respondió.

Una intuición sobrenatural llevó entonces a los viajantes a descargar uno de los cajoncitos, pero la carreta quedó en su lugar. Subieron ese cajoncito y bajaron el otro, y los bueyes arrastraron sin dificultad la carreta. Cargaron nuevamente el segundo y nuevamente no había quien la moviera. Repetida la prueba, desapareció la dificultad. Abrieron entonces el cajón y encontraron la imagen de la Virgen Inmaculada que hoy se venera en Luján. Y en el territorio pampeano resonó una palabra que en siglos posteriores continuaría brotando de incontables corazones: ¡Milagro! ¡Milagro!

Se la llamó 'La Virgen Estanciera' y la 'Patroncita Morena'. El negro Manuel, un pequeño esclavo negro que trabajaba en esa estancia fue testigo de toda esa maravilla. Viendo sus patrones el intenso amor que demostraba a la Virgen, lo destinaron al exclusivo cuidado de la imagen, lo que hizo hasta su muerte. Se encargaba del orden en la ermita y de los vestidos de la Virgen, dirigiendo los rezos de los peregrinos. Al fallecer Don Rosendo, su estancia quedó abandonada, pero Manuel continuó, con santa constancia, el servicio que se había impuesto.

Muy preocupada con la soledad de la Virgen en esos parajes, la señora Ana de Matos, viuda del capitán español Marcos de Sequeira, propietaria de una estancia ubicada sobre la margen derecha del río Luján y muy bien defendida, no viendo ningún interés de las autoridades civiles y eclesiásticas, le solicitó al administrador de Don Rosendo la cesión de la imagen de la Virgen de Luján. Ella le aseguró el cuidado y la construcción de una capilla digna y cómoda, facilitando la estadía de los peregrinos. Juan de Oramas, el apoderado, aceptó la oferta y doña Ana de Matos le pagó por la cesión de la imagen.

En 1677 la señora de Matos donó el terreno donde hoy se levanta la Basílica. En 1684 llegó a Luján el sacerdote Pedro de Montalvo. Sumamente enfermo, pidió a la Virgen su curación, por lo que una vez obtenida quedó como primer capellán, dedicándose por completo a su culto.

Luján, el pueblo de la Virgen, fue creciendo en importancia y se le otorgó el título de Villa. Alrededor de la capilla surgía una población para atender a los peregrinos que acudían de lejos. En vista de ello, el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires constituyó la Parroquia de Nuestra Señora del Río Luján el 23 de octubre de 1730 y designó al P. José Andjujar como su primer párroco.

El 27 de Junio de 1806, los ingleses invadieron Buenos Aires; el domingo 1º de Julio se prohíbe la celebración de los cultos a Nuestra Señora del Rosario con la solemnidad acostumbrada y el Capitán de Navío de la Real Armada D. Santiago de Liniers y Bremont hace voto solemne a Nuestra Señora ofreciendo las banderas que se tomasen al invasor de reconquistar la ciudad, firmemente persuadido de que lo lograría bajo tan alta protección.

Don Juan Martín de Pueyrredón también comienza a organizar la reacción. Ruiz Huidobro recluta voluntarios de la campaña por los establecimientos rurales de Pilar, Baradero, Morón, Salto, Arrecifes y Luján.

El 28 de Julio los paisanos se reunieron en Luján, sitio alejado de la ciudad de Buenos Aires, en el que contaban con el apoyo del alcalde Gamboa y del párroco Vicente Montes Carballo. Después del oficio de la Misa, recibieron del Cabildo local el Real Estandarte de la Villa, que en una de sus caras tenía la imagen de la Virgen y en la otra las armas de la Corona, para usarlo frente a las tropas.

A falta de escapularios, que esos gauchos respetuosos de la fe necesitaban como un escudo protector, el cura les entregó dos cintas que seguramente habrá comprado de prisa en una tienda del pueblo, de colores celeste y blanco, las cuales, no habiendo uniformes, también servían de identificación entre los heroicos voluntarios.

En 1872, cuando la villa estaba floreciente, llegó a ella como párroco el P. Jorge María Salvaire francés de origen, lazarista o vicentino.

Dos años después, sus superiores le ordenaron ir a misionar entre los indios quienes, acusándolo de haber llevado una peste de viruela, lo apresaron y lo condenaron a morir lanceado.

El se confió a la Virgen y le prometió dedicar su vida a publicar sus milagros y engrandecer su santuario si se salvaba. Al instante apareció un joven indio, hijo del cacique, y echó su poncho sobre el Padre, en señal de protección. Ese indio lo reconoció a Salvaire (le había salvado la vida en días pasados) y le concedió la libertad.

En 1886 viajó a Europa y allí hizo confeccionar una corona para la Virgen. La hizo bendecir por el Papa León XIII quien concedió la autorización para la celebración de su fiesta propia.

En ese mismo año de 1887 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo. Emprendía así el P. Salvaire la difícil tarea de "engrandecer" la iglesia de Luján. Del punto de vista humano era una pretensión descabellada, sobre todo si tomamos en consideración la ofensiva laicista de aquel momento: obligatoriedad de la escuela laica, matrimonio civil, extrema escasez de clero.

Luego de la muerte de Salvaire en 1889, el R. P. Vicente María Dávani C. M., con mano de hierro y un corazón noble, se hace cargo de la terminación de la Basílica, en 1922.

El Santuario de Luján es de estilo gótico ojival del siglo 13. Está construido en piedra labrada y cuenta con dos torres de más de 100 m de altura.

Cada 8 de diciembre, y cada primer sábado de octubre, miles de peregrinos marchan a pie hacia la basílica de Luján desde la ciudad de Buenos Aires. Se parte desde el santuario de San Cayetano en el barrio porteño de Liniers. La primera peregrinación juvenil a Luján se realizó en octubre de 1975, cuando un grupo decidió marchar hacia el santuario e inició lo que hoy constituye uno de los acontecimientos de religiosidad popular más importante del país.

martes, 28 de abril de 2015

Resumen de la Bula Misericordiae Vultus - Primera Parte

Durante las Vísperas de la Divina Misericordia el Papa entregó a la Iglesia la Bula del Año Santo “Misericordiae vultus”, para explicar el significado del Año Santo, la que sienta las bases de su doctrina para los cambios en la Iglesia; proceso que tendrá una instancia privilegiada en el Próximo Sínodo de la Familia en octubre de 2015. La bula de convocatoria se presentó ante la Puerta Santa de la Basílica de Letrán a un grupo representativo de los jefes de los dicasterios de la Santa Sede. El jubileo se abrirá en la Fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, y finalizará en la fiesta de Cristo Rey el 20 de noviembre 2016. 

El Papa explica en la Bula su “deseo ardiente” que, durante el Jubileo,  que “el pueblo cristiano pueda reflexionar sobre las obras corporales y espirituales de misericordia. Será una manera de despertar nuestra conciencia, demasiado a menudo sorda frente a la pobreza”. Y añadió que la misericordia es “el fundamento mismo de la vida de la Iglesia” y que “toda su actividad pastoral debe ser contenida en la ternura que hace presente a los creyentes”, Francisco también dijo que “nunca en su predicación y en su testimonio ante el mundo puede faltar la misericordia. La credibilidad misma de la Iglesia se ve en la forma en que muestra el amor misericordioso y compasivo”.  La Bula se pueden dividir en tres partes: primero, Francisco explora el concepto de misericordia; en la segunda, ofrece algunas sugerencias prácticas para celebrar el Jubileo, mientras que la tercera parte contiene algunas apelaciones. La Bula luego termina con la invocación a María, testigo de la misericordia de Dios.

PRIMERA PARTE: EL CONCEPTO DE MISERICORDIA
En el principio, el Papa subrayó la apertura de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana el 8 de diciembre por dos razones: primero, porque la fecha coincide con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, a quien quiso Dios “santa e inmaculada en el amor para no dejar a la humanidad solo ya merced del mal”. 

En segundo lugar, el 8 de diciembre, coincide con el 50 aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II que provocó la caída “de los muros que durante demasiado tiempo habían cerrado la iglesia en una privilegiada ciudadela”, dando lugar a “proclamar el Evangelio de una manera nueva usando – como decía Juan XXIII – la medicina de la misericordia en lugar de asumir las armas del rigor”.

Misericordia, dintel de la Iglesia
Es el “camino que une a Dios y el hombre, ya que abre el corazón a la esperanza de ser amado para siempre, a pesar de los límites de nuestro pecado; ley fundamental que vive en el corazón de cada persona;  Dintel que apoya la vida de la Iglesia; Ideal de la vida y criterio de credibilidad para nuestra fe” son las numerosas definiciones que Francisco da de misericordia, haciendo hincapié en que no es “un signo de debilidad, sino más bien la calidad de la omnipotencia de Dios.” La misericordia de Dios es “eterna”, subraya el Papa, porque “para el hombre la eternidad será siempre bajo la mirada del Padre misericordioso.” En Jesús “todo habla de la misericordia y nada carece de compasión porque  su persona no es más que amor, un amor que se ofrece de forma gratuita.”

En este punto, el Papa hace un subrayado importante: la misericordia, explica, “no es sólo el acto del Padre, sino que se convierte en el criterio para entender quiénes son sus verdaderos hijos”. “En la práctica, todos estamos llamados a vivir en la misericordia, porque lo primero que recibimos es misericordia: el perdón de los pecados, por lo tanto, es un imperativo que los cristianos no pueden ignorar.” Muchas veces parece difícil perdonar, dice el Papa, pero “el perdón es la herramienta en manos humanas frágiles para alcanzar la serenidad del corazón y vivir felices.” Incluso “la credibilidad de la Iglesia pasa a través de la calle del amor misericordioso y compasivo”, añade el Papa: “porque por mucho tiempo nos habíamos olvidado de vivir el camino de la misericordia”, cediendo a la tentación de “reclamar siempre y sólo justicia” mientras que en la cultura contemporánea “la experiencia del perdón es cada vez más escasa”. Por lo tanto, la exhortación es a la Iglesia para que se enfrente a la “carga de la alegría del perdón, fuerza que resucita a una nueva vida y le da coraje para mirar hacia el futuro con esperanza.”

José: el padre adoptivo de Jesús

"…María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros". Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús". (Mateo 1,18-25)

Tal y como narran los evangelios, a José lo recordamos como descendiente del linaje de David (Mt 1,20 y Mt 13,55), la estirpe humana de la que nació Jesús. Pero por encima de todo lo tenemos en el recuerdo por su fe, por su fidelidad y por el deseo de querer seguir los deseos de Dios por muy difíciles e increíbles que parecieran.


José de Nazaret aparece en la historia evangélica a punto de casarse con una muchacha joven que se llamaba María, la cual sabemos los nombres de sus padres gracias a los evangelios apócrifos: Joaquín y Ana; pero de José únicamente conocemos algo de su padre, y aún con ciertas dudas, ya que aparece con dos nombres distintos en los evangelios. Según Mateo se llamaba Jacob (Mt 1,16) y según Lucas Helí (Lc 3,23).

Algunos exegetas han afirmado que Jacob y Helí eran hermanos y que por la "ley del levirato" uno era el padre biológico y el otro el legal. La "ley del levirato" nos sale descrita en el libro del Deuteronomio (Dt 25,5-6) y consistía en que si dos hermanos vivían juntos y uno de ellos moría sin hijos, su hermano se casaría con la esposa de éste, o sea, con su cuñada. Pero la verdad es que no se sabe con certeza si el padre de José era el de Jacob o el de Helí y lo de la "ley del levirato" son simples hipótesis.

Tras asumir la paternidad de Jesús con todas sus consecuencias, enseguida se encuentra frente a otra decisión, igualmente difícil: marcharse de Belén para salvar a Jesús ante la ira de Herodes que ordena matar a todos los niños cuando él cree que el niño que ha nacido (Jesús) le va a tomar el trono. El Evangelio de Mateo lo narra así:

"Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". (Mt 2,13) Una vez fallecido Herodes, un ángel del Señor se apareció de nuevo a José y le invitó a regresar a su Tierra, más concretamente en Nazaret. A partir de entonces, José sale muy poco en los evangelios, el caso más flamante es el de la peregrinación a Jerusalén, donde va acompañado de su esposa y de Jesús. En aquellos momentos, Jesús solo tenía 12 años. Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Es aquél conocido relato en el que Jesús se queda en el templo de Jerusalén a discutir con los doctores de la ley, que podemos leer en el Evangelio de Lucas (Lc 2,41-59).

Muchos se preguntan: ¿Cuándo murió José? Según historiadores, biblistas y exegetas creen que José habría muerto antes del relato evangélico de la bodas de Caná, ya que en dicho fragmento no se menciona a José y si en cambio a María. Sería lógico que si María y Jesús estaban invitados a una boda, José también estuviera con ellos, pero el evangelista no lo menciona, de allí dicha suposición. Lo más probable, por tanto, es que José muriese antes de que Jesús abandonase Nazaret para iniciar su predicación.

Pero... también hay otros historiadores de la Biblia que creen que José habría muerto dada su anciana edad. La edad de José es un tema muy discutido, hay unos que creen que era joven y otros que dicen que era un hombre de edad avanzada. Estos últimos se basan en los llamados "Evangelios Apócrifos", textos no reconocidos como oficiales por la Iglesia Católica, y que en algunas ocasiones han servido, para saber curiosidades, como los nombres de los padres de María entre otras cosas. Según el evangelio apócrifo titulado "HISTORIA COPTA DE JOSÉ EL CARPINTERO", José habría muerto a la edad de 111 años, y este libro incluso nos afirma la fecha, el 20 de julio.

En el mismo evangelio apócrifo, afirma que José, antes de casarse con María, era un hombre viudo y que ya tenía cuatro hijos varones y dos mujeres:

“Había un hombre llamado José, natural de la villa de Bethlehem, la de los judíos, que es la villa del rey David. Era muy instruido en la sabiduría y en el arte de la construcción. Este hombre llamado José desposó a una mujer en la unión de un santo matrimonio, y le dio hijos e hijas: cuatro varones y dos hembras. He aquí sus nombres: Judá, Josetos, Jacobo y Simeón. Los nombre da las muchachas eran Lisia y Lidia. Y la mujer de José murió, según ley de todo nacido, dejando a su hijo Jacobo de corta edad. Y José, varón justo, glorificaba a Dios en todas sus obras. E iba fuera de su villa natal a ejercer el oficio de carpintero, con dos de sus hijos, porque vivían del trabajo de sus manos, según la ley de Moisés. Y este hombre justo de que hablo es mi padre carnal, a quien mi madre María fue unida como esposa”.

María, según el apócrifo, era una muchacha que vivía en el Templo de Jerusalén sirviendo a Dios en toda santidad, y con doce años de edad. Había pasado sus tres primeros años en la casa de sus padres, y los nueve restantes en el templo. Pero al acercarse la edad de la menstruación, no podía quedarse allí porque según las leyes de entonces, provocaría la impureza del recinto sagrado.

Es por este motivo que los sacerdotes del templo decidieron convocar a la tribu de Judá y tomaron de ella a doce familias (12 hombres) para buscar a un varón y desposarlo con ella. La suerte recayó sobre José, y según el apócrifo, María tenía 15 años de edad cuando dio a luz a Jesús, mientras que José tenía 92. Aclaramos que estos datos son extractados del evangelio apócrifo "HISTORIA COPTA DE JOSÉ EL CARPINTERO", texto no reconocido como "oficial" por la Iglesia Católica.

Encontramos en este libro un momento donde Jesús consuela a los hijos de José:

“Y volví cerca del cuerpo de mi padre José, que yacía como un cesto. Le bajé los ojos y se los cerré, así como la boca, y quedé contemplándolo. Y dije a la Virgen: Oh María, ¿qué se hicieron los trabajos del oficio que José realizó desde su infancia hasta ahora? Todos han pasado en un solo momento. Es como si no hubiese venido nunca al mundo. Cuando sus hijos e hijas me oyeron decir esto a María, mi madre, me dijeron con profusión de lágrimas: Malhaya nosotros, ¡oh nuestro Señor! Nuestro padre ha muerto, ¡y nosotros no lo sabíamos! Yo les dije: En verdad, ha muerto. Mas la muerte de José, mi padre, no es una muerte, sino una vida para la eternidad. Grandes son los bienes que va a recibir mí muy amado José. Porque desde que su alma ha dejado su cuerpo, todo dolor ha cesado para él. Está en el reino de los cielos por toda la eternidad. Ha dejado tras sí este mundo de penosos deberes y de vanos cuidados. Ha ido a la morada de reposo de mi Padre, que está en los cielos, y que nunca será destruida. Cuando yo dije a mis hermanos: Ha muerto vuestro padre José, el viejo bendito, se levantaron, desgarraron sus vestiduras, y lloraron mucho rato”.

José es por excelencia el patrono de los carpinteros, ya que ejerció esta profesión según nos narra el Evangelio de Mateo (Mt 13,54-55) y por extensión, lo es también de todas aquellas personas que trabajan en oficios manuales. Así mismo, el Papa Pío IX lo declaró en 1870, patrono de la Iglesia Católica. En 1955 otro Papa, en este caso Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero el día primero de mayo para cristianizar la Fiesta del Trabajo que había nacido en 1889. Es por tanto, patrono de todos los trabajadores.

El Primero de Mayo y su transformación en San José Obrero


La celebración del Primero de Mayo, tradición creada por los trabajadores, ha venido siendo considerada como «el más ambicioso de los rituales obreros a escala internacional» A partir de 1890 cada primavera, de forma reiterada, los obreros de distintos países se movilizan para afirmar una identidad colectiva, demostrar su fuerza ante la sociedad y los poderes públicos y el consenso en torno a reivindicaciones comunes. Tal vez por una magia especial el día adquiere una gran capacidad de convocatoria, de participación, encendiendo la ilusión de la comunidad obrera.

A las manifestaciones y huelgas se suma en seguida la idea de fiesta, que propicia la unidad, la comunión y modifica mentalidades. Como es sabido, el Congreso Internacional Socialista de 1898, en París, decide que todos los obreros se manifiesten el Primero de Mayo con el fin de reivindicar la jornada de ocho horas. La fecha elegida ya gozaba de significación especial en Estados Unidos, por su coincidencia con el «Día del Traslado», fecha tradicional de finalización de contratos de arrendamiento en Nueva York y Pensilvania. La medida ratifica así la decisión del Congreso de 1884 en Chicago, sobre la exigencia en Estados Unidos de las ocho horas de trabajo a partir de 1886.

Además, al mismo tiempo se rinde homenaje a las víctimas de Chicago, mártires de la primera celebración obrera en Estados Unidos. En España, los obreros, que ya habían empezado a pedir la reducción del horario laboral, aprovechan las oportunidades brindadas por la Restauración para aumentar el grado de la petición. Insisten ante la Comisión de Reformas Sociales la Ley de Asociaciones fortalece sus organizaciones y en 1890 comienza también la celebración española del Primero de Mayo. Las reivindicaciones ante los poderes públicos se centran en el horario de trabajo, salario mínimo, supresión de las oficinas de colocación, responsabilidad patronal en los accidentes de trabajo, ayudas para los niños, ancianos e inválidos, prohibición del trabajo nocturno, descanso semanal, etc.

Los socialistas identifican los orígenes de la festividad con las directrices del Congreso de París. Los anarquistas, en cambio, lo hacen con el recuerdo a los mártires de Chicago, de ahí su consideración como día de reflexión y luto. No obstante, la fecha está cargada de simbolismo desde su origen. La celebración evoluciona con sucesivos cambios. Sepultada con la guerra civil, reaparece en los años cincuenta transformada en Fiesta de San José Artesano, patrón de los trabajadores católicos. Sin embargo, en pocos años se recupera la memoria colectiva del Primero de Mayo como fiesta obrera por excelencia, de lucha, de reivindicación de mejoras laborales y, por entonces también, de libertades políticas.

Nuestra Señora de la Gracia

Es una advocación mariana muy arraigada en las tierras del Levante español así como en otras zonas de la Península. La veneración de Nuestra Señora de Gracia nació con la iglesia agustiniana de Lisboa, se extendió a España, en las misiones agustinianas de Asia y América del Sur. La primera noticia históricamente documentada es del año 1401 y se refiere a una cofradía homónima organizada en los conventos agustinianos de San Agustín y Nuestra Señora de Gracia en Valencia (España) y Lisboa (Portugal), respectivamente

Esta advocación mariana evoca el saludo del Arcangel San Gabriel a María, cuando el emisario de Dios le presentó sus planes de salvación y de maternidad; era la alegría para encarnar a su hijo; éste llevaría a cabo la redención de los hombres y ella sería la Madre corredentora; por eso, "Dios te salve María, llena eres de gracia". Para los cristianos esta advocación no hace más que resaltar esta cualidad divina que Dios puso en Santa María. Muchas son las imágenes que se veneran bajo esta advocación, como la Virgen de Gracia de Puertollano, la Virgen de Gracia de Caudete (Albacete), la de Biar (Alicante), la de Ayora (Valencia), la de Mahón (Menorca) la de Oliva de la Frontera (Badajoz), o la de Úbeda. En estas localidades destacan las fiestas que se realizan en honor a esta advocación mariana, como los Moros y Cristianos de Caudete, los más antiguos de España.

Es incierto el origen y circunstancias históricas de la elección del nombre y del culto particular de la Orden de San Agustín a esta advocación. Sabemos que desde tiempo inmemorial el culto florecía en los ámbitos agustinianos; pero desconocemos dónde y cómo surgió. Había sido norma generalizada que las órdenes mendicantes, a raíz de su institucionalización apostólica, aprovecharan devociones antiguas ya establecidas en el corazón de los cristianos y las acomodaran a su peculiar manera de pensar. Probablemente sea esta la explicación más verosímil de lo que aconteció respecto a su devoción arraigada por Nuestra Señora de la Gracia. Con lentitud, pero sin pausa, la advocación fue cobrando resonancia en sus expresiones comunitarias y litúrgicas.

A partir del Siglo XVI la devoción adquirió gran difusión en toda la Orden; contribuyó en ello el que se empezaron a edificar conventos bajo este epígrafe y también el relato de una leyenda que se extendió posteriormente, según la cual, María habría impedido que el Papa quitara a la Orden el habito blanco que se vestía entonces en su honor. A partir del Siglo XVII la advocación es considerada como propia de la Orden. Si bien el culto general es antiguo, la liturgia específica no fue concedida hasta 1807; en esta fecha, el Papa Pío VII, concedió a la Orden de San Agustín facultad para incluir en su liturgia la festividad en honor de Nuestra Señora de la Gracia, con Misa y Oficio propios. Se celebra el 25 de marzo, en clara alusión a la escena de la anunciación del ángel a María.

¿Qué lleva a personas normales a volverse terroristas?

¿Cómo se radicalizan los extremistas musulmanes? Es decir, ¿cómo pasan de ser ciudadanos normales a asesinos que, premeditadamente, matan a personas inocentes para sembrar el terror en la sociedad? ¿Por qué las últimas décadas de combate al terrorismo no acabaron con la escalada y con la brutalidad de atentados como el de París y como los de Nigeria, país en el que, del 3 al 7 de enero, se estima que Boko Haram masacró a cerca de 2.000 nigerianos, entre hombres, mujeres y niños? ¿Por qué alguien comete este tipo de acto? Simplemente, no lo sabemos. Ni siquiera los terroristas saben a ciencia cierta cuáles son sus motivaciones. Si fuéramos honrados, observaremos que ni nosotros, en general, sabemos por qué hacemos las cosas. El proceso de decisión humana es extremamente complejo. Los terroristas, en general, presentan tendencia a:

- Sentirse irritados, alienados o marginalizados;
- Creer que su actual entorno político no les permite realizar cambios reales;
- Identificarse con las víctimas de la injusticia social que ellos combaten;
- Sentir la necesidad de tomar medidas en vez de sólo hablar del problema;
- Creer que la violencia contra el Estado no es contraria a la moral;
- Tener amigos o parientes simpatizantes con la causa;
- Creer que la adhesión a un movimiento produce recompensas sociales y psicológicas como la aventura, la camaradería y un sentido reforzado de la identidad.

¿Cómo se radicalizan los extremistas islámicos? La idea de que la radicalización provoca el terrorismo es, tal vez, el mayor mito vivo hoy en la investigación sobre terrorismo. En primer lugar, la abrumadora mayoría de las personas que mantienen creencias radicales no llegan a la violencia terrorista.
Segundo, hay cada vez más evidencias de que las personas que se implican en el terrorismo no necesariamente tienen creencias radicales. Es importante reconocer que, tras las grandes “razones sociales, políticas y religiosas que las personas presentan para unirse al terrorismo”, como, por ejemplo, la ocupación de un país por otro país, los ataques de drones que matan inocentes y limitan las actividades diarias, la percepción de que su cultura está siendo aniquilada, “también hay una gran cantidad de razones menores, como fantasías personales, la búsqueda de aventura, de camaradería, de sentido de la vida, de identidad”, y esas “razones pueden tener un gran poder de atracción, especialmente para personas que creen que no sucede nada en su vida”.

Sin embargo, la búsqueda de “causas de raíz”, es mucho menos útil para la investigación sobre el terrorismo que el análisis de los caminos y de las “rutas” concretas que llevan al terrorismo: cómo los individuos son reclutados o se unen a un grupo, cómo son entrenados, cómo lidian con los problemas logísticos de encontrar una “casa segura”, recibir dinero, armas y suplementos para bombas, cómo y dónde aprenden a tirar con armas automáticas, cómo consiguen vehículos y cómo pasan de posiciones periféricas a ejecutores directos de actos de violencia.

El contraterrorismo puede contar con informaciones de mejor calidad y utilidad si los investigadores estudiaran el terrorismo como algo que los terroristas hacen y no como algo ligado a lo que los terroristas son. Históricamente, la guerra implica a grandes ejércitos constituidos por personas que valoran la propia vida y la vida de sus compañeros. En Occidente raramente encuentras combatientes que prefieren el martirio (suelen venir a nuestra mente sólo los pilotos kamikazes en Pearl Harbor). Para las naciones occidentales amenazadas por los terroristas, no es nada fácil saber quiénes son los buenos y quiénes son los malos. ¿Quién puede garantizar que una intervención militar dirigida a impedir la masacre de inocentes lo haga? La intervención en Siria, por ejemplo, acabó probablemente proporcionando recursos occidentales a los terroristas del Estado Islámico.

Algunos líderes políticos prefieren el diálogo y la conciliación, pero, al mismo tiempo, apoyan a los terroristas mediante el pago de millones de dólares para rescatar víctimas de secuestros. Otros líderes optan por la acción militar y efectivamente derrotan a un grupo, pero esa derrota se puede transformar en herramienta de reclutamiento de muchas otras personas para los grupos terroristas.