martes, 30 de junio de 2015

¿QUÉ SON LOS SÚCUBO Y LOS ÍNCUBO?

El Súcubo, según las leyendas medievales occidentales, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones, sobre todo a los adolescentes y a los monjes, introduciéndose en sus sueños y fantasías. En general son mujeres de gran sensualidad, y de una extrema belleza incandescente. El mito del súcubo pudo haber surgido como explicación del fenómeno de las poluciones nocturnas y la parálisis del sueño. Según otras perspectivas, las experiencias de visitas sobrenaturales claras pueden ocurrir por la noche en forma de alucinación.

La apariencia del súcubo varía, en general, tanto como la de los demonios; no hay ninguna apariencia o representación definitiva. Sin embargo, se suelen pintar casi universalmente como seductoras mujeres desnudas o con ropas muy pequeñas y reveladoras, con una belleza no terrenal, a menudo con alas demoníacas. De vez en cuando, se les dan otros rasgos demoníacos, como pueden ser los cuernos, una cola con una punta terminada en triángulo, ojos de serpiente, colmillos, serpientes enrolladas a su cuerpo, etc. A menudo, simplemente aparecen en los sueños como una mujer atractiva y desnuda de la que la víctima no puede deshacerse de ella ni olvidarla, incluso después de despertar.

Íncubo, es un demonio masculino en la creencia y mitología popular europea de la Edad Media que se supone se posa encima de la víctima durmiente, generalmente mujeres, pero también hay mitos sobre posesión de hombres, para tener relaciones sexuales con quien duerme, de acuerdo con una cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias. Su contraparte femenina se llama súcubo. Un íncubo puede buscar tener relaciones sexuales con una mujer para convertirse en el padre de un niño, como en la leyenda de Merlín. Algunas fuentes indican que puede ser identificado por su antinatural frío que presenta en su miembro o pene. La tradición religiosa sostiene que tener relaciones sexuales con un íncubo o súcubo puede resultar en deterioro de salud, o incluso hasta la muerte. Las víctimas viven la experiencia como un sueño sin poder despertar de éste.

Si la mujer queda embarazada puede dar a luz niños deformes, de fácil control por parte del mal, o con habilidades especiales (como cuenta la leyenda sobre el mago Merlín, hijo de un íncubo y de una prostituta, según una de las tantas versiones de su nacimiento, otra versión de la leyenda dice que la madre era una monja seducida por el demonio, otra de las versiones sostiene que la madre era una célibe hija de un rey menor de Gales del Sur).

El íncubo succiona la energía corporal de la persona en el momento de la copulación, de esta manera vive o se hace más fuerte. En casos extremos de acuerdo a quienes los estudian, puede ocasionarle un paro cardíaco a la víctima e incluso matarla por la succión energética ocasionada, dejándola débil o enfermiza.

SERES DE LUZ

En los textos y leyendas de las grandes religiones conocidas es utilizado el término "Seres de Luz" para describir a las entidades luminosas que muchos videntes habían relatado ver, a través de todos los tiempos. Estas entidades han sido interpretadas como Ángeles, Dioses, Demiurgos... siendo todas ellas sólo eso: “Interpretaciones”.

Los "Seres de Luz" son creados por otros "Seres de Luz" en un orden de creación descendente. Todo se origina en la Máxima Energía, la Fuente de Luz de la que emanan, solamente, doce Energías muy Superiores que Crean y Dirigen cada una de las doce Naciones Cósmicas existentes en todo el Universo. Estas Energías, a las que se las denomina Elohim, término usado en la Biblia, crean directamente un número determinado de "Seres de Luz", concretamente 336 Energías, que son ,a su vez, Creantes.

En los campos de vibración más elevados, no dimensionales, se encuentran los 12 Genios Solares, son "Seres de Luz" Purísima que, a la vez, crean a otros seres de la XII Dimensión y son los encargados de la Organización Superior Sideral. Uno de estos Genios Solares ejerce el Poder en nuestra Nación Cósmica y específicamente en nuestra Galaxia, coordinando, a su vez, las misiones vinculadas al Plan de Evacuación.

Entre los creados de los Genios Solares se encuentran los Técnicos Siderales. Son "Seres de Luz" de la XII Dimensión cuya única misión es la creación y diseño de los códigos genéticos que se implantan en nuestro "estuche material" para el desarrollo y evolución de las Energías. Otros "Seres de Luz", también de la XII Dimensión, creados por Genios Solares, dirigen o guían algunas de las denominadas Colonias Espirituales.

Los siguientes "Seres de Luz" que crea un Elohim son los llamados "Seres Alados", también son doce. Estos Seres Luminosos de Alta Vibración que pertenecen a un campo no dimensional, como los Genios Solares, son los encargados de la Dirección Superior Sideral, y son los responsables, entre otras cosas, de controlar y guiar a las Energías creadas por los Genios Solares. Uno de estos Seres es el encargado de dirigir y controlar los cuatro elementos de la naturaleza en nuestro planeta Tierra.
Ya en el campo de las dimensiones, cada Elohim crea 24 parejas que forman el Consejo de los 24 y 288 Energías más para controlar los 12 planos dimensionales de las 24 galaxias, que forman cada una de las Naciones Cósmicas existentes en el Universo. Como dato les decimos que si suman las 24 parejas, que son 48 Energías, del Consejo de los 24 más las 288 junto con los 12 Genios Solares y los 12 Seres Alados hacen un total de 336 Energías o "Seres de Luz" que es lo único que crea cada Elohim.

Cada Consejo de los 24 es creado en la XII Dimensión por su respectivo Elohim. Toda la información que se recibe, en todos los planetas, sobre el Conocimiento y la Elevación de las Energías viene con la supervisión de dicho Consejo. Estos "Seres de Luz" se encargan de hacer llegar la información que precisan, por ejemplo, las personas y Energías que colaboran con ellos en este planeta promoviendo su evolución. Muchos de estos Seres, están actuando directamente ayudando en su paso a la IV Dimensión llegando a nosotros, incluso, desde otras Galaxias. Cuando acaece la presencia masiva de estos "Seres de Luz" siempre pasa algo. Nos anuncian un cambio profundo en nuestra tambaleante civilización y lo hacen siempre, alertando a ésta con sus luces y mensajes de esperanza.

Diferencias entre seres de luz y evolucionados de los seres de oscuridad

Los "Seres de Luz", no hablan a través de médium en trance y no intervienen en nuestros asuntos, por lo menos actúan solo cuando es extremadamente necesario.

No hablan a través de tablas ouija, ni se manifiestan a través de escritura automática.

La información que dan es válida, se puede contrastar, es concisa y compacta.

No piden que se les hagan rituales en luna llena, ni creciente ni menguante y mucho menos cuando hay alineaciones de planetas o cuando hay fechas triple.

No aparecen o se manifiestan paranormalmente cuando se les invoca.

No piden que se les invoque ni rinda culto.

Nunca realizan predicciones sobre otras personas o seres.

No contactan con muertos ni seres extracorpóreos ni incitan a hacerlo.

No mienten ni dan información imprecisa.

No dan falsas esperanzas.

CUMPLEN sus promesas.

Los seres de luz NO ABDUCEN a las personas ni les ponen objetos extraños en su organismo para monitorearlas o manejarlas a control remoto según sus necesidades.

Los seres de luz no secuestran a mujeres para dar a luz a niños intercambiados.

Los seres de luz se materializan y tienen cuerpos propios que hacen visibles a voluntad.

Los seres que no son de luz sino de oscuridad y caos:

Se comunican a través de la tabla ouija.

Aprovechan ventanas o portales para intervenir en nuestros asuntos.

Ofrecen información “valiosa”, de la cual entre el 30 y 50% es falso.

Cuando hablan a la humanidad la hacen sentir culpable o por el contrario totalmente inocentes de sus acciones, ejemplos concretos pueden ser que digan que estamos acabando con GAIA o que digan, ustedes son inocentes no son culpables por sus acciones porque son dioses y los dioses suelen comportarse así.

Siempre expresan dualidad y suelen hablar como: Dios es Satán y Satán es Dios, el bien es el mal, el mal es el bien; la virtud es el vicio, el vicio es la virtud; la verdad es la mentira, la mentira es la verdad; la luz es las tinieblas, las tinieblas son la luz; masculino es femenino, femenino es masculino, dios padre madre.
Provocan enfermedades, atacan psíquicamente y físicamente a la persona que no acata sus caprichos y órdenes.

Elevan el ego de las personas, en especial el del que los canaliza, sea a través de abducciones o de mensajes telepáticos suelen decir que “eres alguien especial”, que te han elegido por tus cualidades especiales, que eres muy buena gente, que eres muy humilde, que eres diferente al resto, que eres más elevado que los otros, que eres más espiritual y por eso te encomendaron esa misión.

ABDUCEN a hombres y a mujeres y especialmente niñas.

ABUSAN SEXUALMENTE de sus víctimas e incluso toman a las mujeres como contenedores o incubadoras para gestar niños intercambiados, niños híbridos. De ahí las palabras íncubos y súcubo que se conocen desde la antigüedad.

Con frecuencia toman la forma de personajes conocidos, en especial de santos, ángeles, figuras históricas o familiares muertos o bestias o seres fantásticos. En el mundo ufológico vemos muchos seres de este tipo como ASHTAR SHERAN que dice ser el ángel Miguel o MAITREYA que dice ser Cristo.

NELSON MANDELA

Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, un poblado de 300 habitantes cerca de Umtata en el Transkei. Pertenecía al clan Madiba de la etnia xhosa. Al finalizar la secundaria, comenzó a estudiar en el Colegio Universitario de Fort Hare para obtener su título de Bachiller en Artes. Allí fue elegido como miembro del Consejo de Representantes Estudiantiles, fue expulsado junto con un compañero, por participar en una huelga estudiantil. Se trasladó a Johannesburgo, donde en 1941 completó sus estudios de bachillerato por correspondencia en la Unisa. Luego estudió derecho abogacía graduándose en 1942. Después de la creación del Partido Nacional Sudafricano en 1948, con su política de segregación racial, (el apartheid), Mandela cobra importancia dentro del Congreso Nacional Africano, especialmente en la Campaña de desobediencia civil de 1952, y el Congreso del Pueblo de 1955, en el que la adopción de la "Carta de la Libertad" provee el programa principal en la causa contra el apartheid. Durante esta época, Mandela y el abogado Oliver Tambo dirigen un despacho de abogados que proporciona consejo legal de bajo costo a muchos negros que de otra manera no hubieran tenido representación legal.

Inicialmente comprometido con los métodos no violentos de resistencia, siguiendo la inspiración de Gandhi, Mandela y otros 150 compañeros son arrestados el 5 de diciembre de 1956 y sentenciados a prisión, que cumplen entre 1956 hasta ser liberados en 1961, cuando se les declaró no culpables. Entre 1952 y 1959, el Congreso Nacional Africano sufre una ruptura, y surge una nueva clase de activistas negros, los africanistas, en demanda de acciones más drásticas contra el régimen del Partido Nacional. La dirección del Congreso Nacional Africano, liderada por Albert Lutuli, Oliver Tambo y Walter Sisulu, sienten no sólo que los acontecimientos se precipitan, sino también que su liderazgo comienza a estar en juego. En consecuencia refuerzan su posición mediante alianzas con pequeños partidos políticos de diversa representación étnica, intentando aparecer con horizontes más amplios que los africanistas.

En 1959 el Congreso Nacional Africano pierde su soporte militante cuando la mayoría de los africanistas, con apoyo económico de Ghana y ayuda de los Basotho en el Transvaal, se separan para formar el Congreso Pan-Africano (PAC), bajo la dirección de Robert Sobukwe y Potlako Leballo. En marzo de 1960, tras la Masacre de Sharpeville sufrida por los activistas del PAC, y la consecuente exclusión política del SACP y el ANC, ambos se suman al Movimiento de Resistencia Africano (renegados liberales), y el PAC comienza la resistencia armada. El ANC/SACP utiliza la Conferencia Pan-Africana de 1961, en la que todos los partidos deciden una estrategia común, para una dramática llamada a las armas de Mandela, anunciando la formación del comando “Lanza de la Nación”, a imagen de los movimientos guerrilleros judíos (Irgún). Dicho comando fue dirigido por el mismo Mandela, este último estuvo involucrado en el planeamiento de actividades de resistencia armada y era considerado un terrorista tanto por las autoridades del régimen sudafricano como por la ONU.

Mandela abandonó en secreto el país y se encontró con los líderes africanos en Argelia y otros lugares. Empieza a descubrir la profundidad del apoyo al Congreso Pan-Africano, y la creencia generalizada de que el Congreso Nacional Africano era una pequeña asociación tribal Xhosa manipulada por blancos comunistas, y retorna entonces a Sudáfrica decidido a reorganizar los elementos nacionalistas africanos en la alianza parlamentaria. Fue el prisionero número 466/64, esto es que fue el preso número 466 en 1964 en la isla de Robben, durante 17 años en precarias condiciones. Posteriormente pasaría otros 10 años más en otras dos prisiones diferentes, sumando una pena total de 27 años. El gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad. Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los hombres negros sudafricanos.

Nelson Mandela fue encarcelado en la prisión de Robben Island, donde permaneció durante dieciocho de sus veintisiete años de presidio. Mientras estuvo en la cárcel, su reputación creció y llegó a ser conocido como el líder negro más importante en Sudáfrica. En prisión, él y otros realizaban trabajos forzados en una cantera de cal. Las condiciones de reclusión eran muy rigurosas. Los prisioneros fueron segregados por raza y los negros recibían menos raciones. Los presos políticos eran separados de los delincuentes comunes y tenían menos privilegios. Mandela, como prisionero del grupo más bajo de la clasificación, sólo tenía permitido recibir una visita y una carta cada seis meses. Las cartas, si llegaban, eran a menudo retrasadas durante largos períodos y leídas por los censores de la prisión.

En febrero de 1985 el Presidente Botha ofreció la liberación condicional de Mandela a cambio de renunciar a la lucha armada. Coetsee y otros ministros habían desaconsejado a Botha que tomara esta decisión, argumentando que Mandela nunca comprometería a su organización a abandonar la lucha armada a cambio de la libertad personal. Mandela rechazó de hecho la oferta, haciendo un comunicado a través de su hija Zindzi diciendo: "¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos."

En sus últimos años ha tenido diferentes problemas de salud, derivados principalmente de su estancia de 27 años en prisión y de su avanzada edad; su última aparición pública se remonta a la ceremonia de clausura del Mundial de Fútbol de 2010 celebrado en Sudáfrica. En febrero de 2011, fue hospitalizado brevemente con una infección respiratoria, atrayendo la atención internacional. En diciembre de 2012 fue hospitalizado por sus problemas respiratorios hasta en cuatro ocasiones, contraídos durante su estancia las cárceles y para la eliminación de cálculos biliares.

A principios de marzo de 2013, se le realizara una operación quirúrgica con éxito, Mandela fue hospitalizado, en Pretoria en estado grave, el 8 de junio de 2013 por una infección pulmonar. Después de cuatro días, se informó de que su estado se había estabilizado, estando en un "estado grave, pero estable". El 23 de junio se comunicaba que tiene paralizados el 50% del hígado y los riñones y CBS revelaba que Mandela estuvo 40 minutos tirado en una carretera con un paro cardíaco por una avería en su ambulancia la noche de su último ingreso.

miércoles, 24 de junio de 2015

¿ES VERDAD QUE LA VIRGEN BAJA A LIBRAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO?

Antes de responder a la pregunta específica, hay que recordar que la dimensión del Purgatorio es doctrina común de la Iglesia, que no lo interpreta necesariamente como un lugar sino más bien como una oportunidad de purificación post mortem y por tanto como un don de la misericordia divina. Para que esto quede claro hay que recordar que el Purgatorio no es una doctrina tardo medieval: tenemos testimonios muy antiguos de oración en sufragio y para la purificación de los difuntos que atestiguan esta creencia. Por ejemplo, algunas inscripciones tumbales, desde el siglo III-IV, piden oraciones por el difunto e invocan su purificación, así como las liturgias fúnebres de sufragio y las oraciones privadas por los difuntos son atestiguadas por los Padres de la Iglesia desde el siglo III (por ejemplo Tertuliano).

El primer texto que ofrece una doctrina del Purgatorio más elaborada fue el Prognosticon futuri saeculi de san Juliano de Toledo (escrito entre el 687 y el 688), el cual, con la expresión ignis purgatorius (lib. II, cc. 20-23) describe una perspectiva “purgante mediante fuego”. Se trata de una descripción que da pie a pensar en el Purgatorio como en un lugar, pero esto sucede por la limitación de nuestro lenguaje. En realidad lo que es esencial en el texto es la obra de purificación de las almas que, tras sobrevivir a la muerte del cuerpo, esperan tanto la purificación como la resurrección al final de los tiempos. Obviamente la idea del fuego proviene de la Biblia: de Sb 3,6 (los ha probado como oro al crisol) y Ecl 2,5 (porque con el fuego se prueba el oro, y a los hombres justos en el crisol del dolor).

Sobre el Purgatorio como lugar, los cristianos no católicos tendrían mucho que decir. En realidad, si lo consideramos como una dimensión de purificación misericordiosa, encontramos un mayor consenso por parte de las diversas confesiones cristianas, sobre todo con los ortodoxos. En todo caso, desde san Juliano en adelante, la Iglesia ha hablado al menos dos veces y oficialmente sobre el Purgatorio. La primera vez con la constitución Benedictus Deus del Papa Benedicto XII (29 enero 1336); la segunda, con la Carta sobre algunas cuestiones relativas a la escatología de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1979.

Por tanto, la Iglesia sostiene con certeza la supervivencia del alma a la muerte del cuerpo, como también un acto misericordioso de purificación ofrecido a las almas que la necesitaran antes de la visión beatífica. Esto no sucede necesariamente en un lugar: el espacio y el tiempo son categorías humanas que no sabemos si son pertinentes para hablar de la realidad consiguiente a la muerte. Sostener el descendimiento de la Virgen al Purgatorio para “liberar” las almas y llevarlas al Paraíso es contrario a un aspecto del segundo texto citado, en cuanto que la purificación se vería como prisión y castigo, cuando el Purgatorio es algo totalmente distinto. La purificación no tiene característica de castigo, aunque su experiencia comporte la pena del no acceso a la visión de Dios, pero no debemos pensar que constituya un sufrimiento, por tanto su conclusión no debe ser consecuencia de una liberación, sino más bien de una fiesta: in primis la fiesta del encuentro con Cristo. Por tanto: no siempre nuestras creencias devocionales reflejan plenamente la enseñanza de la Iglesia; en este caso, si consideramos la purificación como un castigo, acabamos por oscurecer el aspecto misericordioso de la oferta de una ocasión de purificación de las almas por parte de Dios.

Implicar a la Virgen en esta obra de misericordia enclavada directamente en el misterio de Cristo muerto, resucitado, ascendido al cielo y glorificado no sería estrictamente necesario sino en la medida en que se la considere oportunamente asociada a la suerte de su Hijo. Sin quitar nada a la Virgen, esta devoción popular corre el riesgo de sobre exaltarla con resultados contraproducentes: en este caso se podría oscurecerla presencia de Cristo en la misericordia de la purificación, centrada en el Misterio Pascual del Señor, y además pasaría a segundo plano la dinámica trinitaria en la que consiste el acceso a la plena comunión con Dios Trino, Padre, Hijo, Espíritu.

Fuente:
www.aleteia.org/es 

LOS VALDENSES

Los historiadores no concuerdan en cuanto a los orígenes de los valdenses. De acuerdo con los archivos de la Inquisición, en Carcassonne, Francia, el movimiento de los "Pobres de Lyon" comenzó hacia 1170, bajo la dirección de un francés de Lyon llamado Vaudes, Valdés, Waldo o Pedro Valdo. En cambio, algunos protestantes afirman que los valdenses constituyen un eslabón en la cadena continua de disidentes que surgieron entre la época del emperador Constantino (siglo IV) y los reformadores protestantes del siglo XVI. Algunos historiadores protestantes opinan que el nombre de valdense, aplicado también a los procedentes del país de Vaud, se deriva de la palabra latina vallis, que significa 'valle', y se refiere al hecho de que aquellos disidentes a quienes se perseguía con persistencia como herejes se vieron obligados a refugiarse en los valles alpinos de Francia e Italia. De acuerdo con este punto de vista Pedro y sus seguidores llegaron a ser el punto de reunión para grupos similares de perseguidos por la Iglesia católica, algunos de los cuales habían estado en las sombras por largo tiempo.

Se dice que Pedro Valdo era un comerciante adinerado de Lyon que estaba casado y tenía dos hijas. Siendo hombre devoto y católico practicante, en 1177 tras la muerte repentina de un conocido pidió a un amigo teólogo que le diera consejo de las Escrituras en cuanto a lo que debía hacer para agradar a Dios. En respuesta, su amigo citó el evangelio de Mateo 19:21, donde Jesús dijo al joven rico: "Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y da a los pobres y tendrás tesoro en el cielo y, ven, sé mi seguidor." La leyenda continúa diciendo que Valdo tomó a pecho este consejo. Así, después de proveer para el sustento de su esposa y colocar a sus dos hijas en un convento, comisionó a dos sacerdotes, Etienne d'Anse y Bernard Ydros, para que tradujeran los Evangelios y otros libros de la Biblia al idioma vernáculo —el occitano— que se hablaba en las regiones de la Provenza y el Delfinado (actualmente, el sudeste de Francia). Entonces distribuyó el resto de sus posesiones entre los pobres y se puso a estudiar las escrituras. Además, predicó en las calles de Lyon, invitando a los habitantes a que despertaran espiritualmente y regresaran al cristianismo según él lo entendía en las Escrituras.

Él consiguió que los Evangelios y otros libros de la Biblia fueran traducidos al habla común y se atrevió a predicar en las calles, donde hizo muchos discípulos, tanto hombres como mujeres. Puesto que Valdo había sido bien conocido como próspero hombre de negocios, muchas personas le escucharon y pronto tuvo un grupo de seguidores. Les alegró oír el mensaje consolador de la Biblia en su propio idioma, pues hasta entonces la iglesia católica romana no había consentido que se tradujera la Biblia a otro idioma con la excepción del latín, alegando el alto costo, pues copiar a mano cada Biblia le tomaba a un monje un mínimo de 3 años. Muchas personas convinieron en renunciar a sus bienes y dedicarse a enseñar la Biblia en el idioma de la gente común. Se les llegó a conocer como los "Pobres de Lyon". Para ellos, cualquier cristiano, fuera hombre o mujer, podía predicar siempre y cuando tuviese suficiente conocimiento de las Escrituras.

Aquella predicación laica hizo que en 1179 el papa Alejandro III, al que el propio Valdo había apelado, prohibiese a Valdo y sus seguidores predicar sin el permiso del obispo local. El obispo Bellesmains de Lyon rehusó dar su consentimiento por considerar que se estaba predicando un evangelio diferente. Los registros históricos indican que, ante esta proscripción, Valdo respondió a la jerarquía usando las palabras de los Hechos de los Apóstoles: "Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres." Valdo y sus asociados continuaron predicando pese a la amenaza de excomunión y persecución. Así, el papa Lucio III los excomulgó en 1184 y el obispo de Lyon los expulsó de la diócesis. El edicto de excomunión, que se extendió contra ellos en el año 1181, les obligó a salir de Lyon, lo que fue beneficioso para su causa. Pedro Valdo llegó hasta Polonia en la misma frontera de Rusia, donde murió en 1217 después de cincuenta y siete años de predicación de las doctrinas valdenses.

El clero, impotente para detener el avance y, alarmado, pidió al papa Celestino III que tomase medidas contra este movimiento. El papa mandó un delegado en 1194, que convocó la asamblea de prelados y nobles en Mérida, asistiendo personalmente el mismo rey Alfonso II de Aragón, quien dictó el siguiente decreto:

"Ordenamos a todo valdense que, en vista de que están excomulgados de la Santa Iglesia, son enemigos declarados de este reino y tienen que abandonarlo, e igualmente todos los estados de nuestros dominios. En virtud de esta orden, cualquiera que desde hoy se permita recibir en su casa a los susodichos valdenses, asistir a sus perniciosos discursos o proporcionarles alimentos, atraerá por esto la indignación de Dios Todopoderoso y la nuestra; sus bienes serán confiscados sin apelación y será castigado como culpable del delito de lesa majestad; además cualquier noble o plebeyo que encuentre dentro de nuestros estados a uno de estos miserables sepa que si los ultraja, los maltrata o los persigue, no hará con esto nada que no nos sea agradable".

Reinerius, inquisidor de Passau en el siglo XIII, dijo de los valdenses:

"Entre todas las sectas que existen o que han existido, no hay ninguna más perniciosa para la iglesia que la secta de los Lyoneses; y esto por tres razones: La primera por su gran antigüedad, pues algunos dicen que los valdenses se remontan al tiempo de Silvestre y hasta hay quien asegura que al tiempo de los apóstoles. La segunda porque es la más extendida y apenas si hay un país donde no exista esta secta. La tercera razón es que, mientras todas las demás sectas despiertan horror y la repulsa de sus oyentes por sus blasfemias en contra de Dios, ésta demuestra una gran semblanza de piedad; tanto que sus adherentes viven justamente delante de todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en todo a Dios: Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos; por esto tan grandes multitudes de laicos les prestan atención"

"Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otros lugares de mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No dirán 'sinceramente' o 'de verdad', sino que se limitarán a decir 'sí' o 'no'. Según ellos hacen así porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37".

Si bien antes de abrazar la reforma practicaban de una manera muy sencilla los siete sacramentos de Roma, pues practicaban una especie de confesión con los “barbas”, la imposición de manos, oraciones a ciertas horas y otros, posteriormente por influencia de los reformadores del siglo XVI aceptaron sólo dos: el bautismo, "abierta confesión de nuestra fe y del cambio de nuestra vida", y la comunión o Cena, en que con fe, amor y autoexamen, recibimos el pan y el vino, ya que nosotros también llegamos a ser parte del cuerpo y sangre de Cristo". Consideraban el matrimonio como "bueno, santo e instituido por Dios, de manera que a nadie se debe prohibir casarse", aunque estimaban la castidad como un don que, como hemos comentado, sólo practicaron, antes de la Reforma, algunos de los predicadores valdenses.

Los valdenses rechazaron el ejercicio por parte de la iglesia de poder estatal, de jurisdicción temporal, la imposición de la fe a la fuerza o la dominación por las armas. También rechazaron el uso de imponentes y elegantes edificios religiosos. Hacían un alegato particular a la renuncia de los bienes materiales en favor de los menos privilegiados, como lo hizo su fundador. En su obra de predicar, los valdenses primitivos enseñaban la Biblia y daban mucha importancia al Sermón de la montaña y al Padre nuestro, en los cuales se muestra que el reino de Dios es lo que se debe buscar principalmente y lo que se debe pedir en oración. Sostenían que cualquier cristiano, fuera hombre o mujer, que poseyera suficiente conocimiento de la Biblia estaba autorizado para predicar la "buena nueva" (el Evangelio). Además, consideraban a Jesús como el único mediador entre Dios y el hombre. Puesto que Jesús había muerto una vez para siempre, sostenían que un sacerdote no podía repetir este sacrificio celebrando una misa. Los valdenses primitivos conmemoraban la muerte de Cristo, tal como lo hacen hoy en día, utilizando pan y vino como símbolos.

Los valdenses primitivos sostenían que no era necesario ir a una iglesia para adorar a Dios. Celebraban reuniones clandestinas en establos, hogares particulares y dondequiera que pudieran hacerlo. Durante estas reuniones estudiaban la Biblia y preparaban nuevos predicadores, los cuales acompañaban a los más experimentados. Viajaban por parejas de granja en granja y, cuando estaban en los pueblos y aldeas, iban de casa en casa. El libro de consulta intitulado Dictionnaire de Théologie Catholique en un artículo que, por lo demás, no favorece a los valdenses, declara:

"Desde la más tierna edad, sus hijos empezaban a aprender los Evangelios y las Epístolas. La predicación de sus diáconos, sacerdotes y obispos consistía principalmente en citas de la Biblia".

martes, 23 de junio de 2015

RESUMEN DE LA ENCÍCLICA LAUDATO SI - Primera Parte

La Encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco, «Laudato si’, mi’ Signore», que en el Cántico de las creaturas recuerda que la tierra, nuestra casa común, «es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos » (1). Nosotros mismos «somos tierra (cfr Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura» (2).

El Papa Francisco se dirige, claro está, a los fieles católicos, retomando las palabras de San Juan Pablo II: «los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe» (64), pero se propone «especialmente entrar en diálogo con todos sobre nuestra casa común» (3): el diálogo aparece en todo el texto, y en el capítulo 5 se vuelve instrumento para afrontar y resolver los problemas. Desde el principio el papa Francisco recuerda que también «otras Iglesias y Comunidades cristianas –como también otras religiones– han desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión» sobre el tema de la ecología (7). Más aún, asume explícitamente su contribución a partir de la del «querido Patriarca Ecuménico Bartolomé» (7), ampliamente citado en los nn. 8-9. En varios momentos, además, el Pontífice agradece a los protagonistas de este esfuerzo –tanto individuos como asociaciones o instituciones–, reconociendo que «la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales [ha] enriquecido el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones» (7) e invita a todos a reconocer «la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano» (62).

El recorrido de la Encíclica está trazado en el n. 15 y se desarrolla en seis capítulos. A partir de la escucha de la situación a partir de los mejores conocimientos científicos disponibles hoy (cap. 1), recurre a la luz de la Biblia y la tradición judeo-cristiana (cap. 2), detectando las raíces del problema (cap. 3) en la tecnocracia y el excesivo repliegue autorreferencial del ser humano. La propuesta de la Encíclica (cap. 4) es la de una «ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales» (137), inseparablemente vinculadas con la situación ambiental. En esta perspectiva, el Papa Francisco propone (cap. 5) emprender un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, que facilite procesos de decisión transparentes. Y recuerda (cap. 6) que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico. El texto termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en «un Dios creador omnipotente» (246), y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo «Laudato si’», que abre y cierra la Encíclica.

El texto está atravesado por algunos ejes temáticos, vistos desde variadas perspectivas, que le dan una fuerte coherencia interna: «la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de  entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.» (16).

Capítulo 1 – «Lo que le está pasando a nuestra casa»

El capítulo asume los descubrimientos científicos más recientes en materia ambiental como manera de escuchar el clamor de la creación, para «convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar» (19). Se acometen así «varios aspectos de la actual crisis ecológica» (15).

EI cambio climático: «El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad» (25). Si «el clima es un bien común, de todos y para todos» (23), el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que «tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas» (26): «La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil» (25).

La cuestión del agua: El Papa afirma sin ambages que «el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos». Privar a los pobres del acceso al agua significa «negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable» (30).

La pérdida de la biodiversidad: «Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre» (33). No son sólo eventuales “recursos” explotables, sino que tienen un valor en sí mismos. En esta perspectiva «son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano», pero esa intervención humana, cuando se pone al servicio de las finanzas y el consumismo, «hace que la tierra en que vivimos se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris » (34).

La deuda ecológica: en el marco de una ética de las relaciones internacionales, la Encíclica indica que existe «una auténtica deuda ecológica» (51), sobre todo del Norte en relación con el Sur del mundo. Frente al cambio climático hay «responsabilidades diversificadas» (52), y son mayores las de los países desarrollados.

Conociendo las profundas divergencias que existen respecto a estas problemáticas, el Papa Francisco se muestra profundamente impresionado por la «debilidad de las reacciones» frente a los dramas de tantas personas y poblaciones. Aunque no faltan ejemplos positivos (58), señala «un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad» (59). Faltan una cultura  adecuada (53) y la disposición a cambiar de estilo de vida, producción y consumo (59), a la vez que urge «crear un sistema normativo que [...] asegure la protección de los ecosistemas» (53).

Capítulo segundo – El Evangelio de la creación

Para afrontar la problemática ilustrada en el capítulo anterior, el Papa Francisco relee los relatos de la Biblia, ofrece una visión general que proviene de la tradición judeo-cristiana y articula la «tremenda responsabilidad» (90) del ser humano respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas, y el hecho de que «el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos» (95).

En la Biblia, «el Dios que libera y salva es el mismo que creó el universo», y «en Él se conjugan el cariño y el vigor» (73). El relato de la creación es central para reflexionar sobre la relación entre el ser humano y las demás criaturas, y sobre cómo el pecado rompe el equilibrio de toda la creación en su conjunto. «Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado» (66).

Por ello, aunque «si es verdad que algunas veces los cristianos hemos interpretado incorrectamente las Escrituras, hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas» (67). Al ser humano le corresponde «“labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. Gn 2,15)» (67), sabiendo que «el fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios» (83).

Que el ser humano no sea patrón del universo «no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar» que lo caracteriza ni «tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad» (90). En esta perspectiva «todo ensañamiento con cualquier criatura “es contrario a la dignidad humana”» (92), pero «no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos» (91). Es necesaria la conciencia de una comunión universal: «creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, [...] que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (89).

Concluye el capítulo con el corazón de la revelación cristiana: el «Jesús terreno» con su «relación tan concreta y amable con las cosas» está «resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal» (100).

¿CÓMO MURIÓ JUAN EL BAUTSTA? - Primera Parte

La muerte de Juan el Bautista, ocurrida en el transcurso de una trágica fiesta de cumpleaños, es una de las muertes más conocidas de la historia. Únicamente la cuentan los evangelios de Mateo y Marcos. Lucas y Juan la omiten. Marcos trae el relato más completo y original, sobre el que se basa Mateo. De los libros bíblicos, Marcos es quien proporciona la información mejor y más precisa sobre el hecho. Ahora bien, ¿es histórico el relato de la muerte de Juan el Bautista narrado por san Marcos? ¿Podemos aceptarlo así como está, con todos sus detalles? El problema se plantea porque existe una versión distinta, contada por un historiador judío llamado Flavio Josefo, del siglo I. Este escritor compuso, alrededor del año 93, una obra titulada Antigüedades Judías, en la que presenta el episodio de un modo diferente.

Veamos primero el relato de Marcos: “Herodes había hecho arrestar a Juan y lo había encadenado en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan le decía: «No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano». Por eso Herodías odiaba a Juan, y quería matarlo. Pero no podía, porque Herodes admiraba a Juan; y como sabía que era un hombre justo y santo, le tenía respeto. Por eso lo protegía. Y al oírlo, quedaba asombrado y lo escuchaba con gusto”. “Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, con motivo de su cumpleaños, dio un banquete para los nobles, los oficiales y la gente importante de Galilea. Entonces entró la hija de Herodías a bailar. Y le gustó tanto a Herodes y a sus invitados, que el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Lo que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió y le consultó a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le respondió: «Pídele la cabeza de Juan el Bautista». Inmediatamente la muchacha corrió adonde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja». El rey se puso muy triste, pero no quiso negárselo porque se lo había jurado delante de los invitados”.

“Al instante mandó el rey a un verdugo para que le trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel, y le cortó la cabeza. Luego la puso en una bandeja y se la trajo a la muchacha. Y la muchacha se la dio a su madre. Cuando se enteraron los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cadáver y lo llevaron a enterrar” (Mc 6,16-29). Al comienzo del relato ya encontramos un error. Marcos afirma que Herodías (esposa de Herodes) había estado casada antes con un hermano de éste llamado Filipo (6,17). Es cierto que Herodías había estado casada antes con un medio-hermano de su marido, pero no se llamaba Filipo, sino Herodes como su actual marido. Puede parecer raro que dos medio-hermanos se llamen igual. Pero sabemos que la familia de Herodes era sumamente complicada. El rey Herodes (su tronco central) estuvo casado con diez esposas, algunas con el mismo nombre; y con ellas tuvo numerosos hijos, varios de los cuales se llamaron Herodes (los historiadores suelen distinguirlos con un sobrenombre). Por eso no es extraño que Marcos, que no era un minucioso historiador, se haya confundido y haya puesto como primer marido de Herodías a Filipo (que en realidad era otro hermano de su marido). Algunos comentaristas de la Biblia, para salvar el error de Marcos, dicen que el primer marido de Herodías se habría llamado “Herodes Filipo” (uniendo los dos nombres: el correcto, “Herodes”, y el erróneo que le da Marcos, “Filipo”). Pero un personaje llamado “Herodes Filipo” no existió jamás, fuera de la mente de esos comentaristas.

Un segundo desliz que comete Marcos, es llamar a Herodes “rey” (6,14). En efecto, hubo dos Herodes en la vida histórica de Jesús. El primero es el famoso “rey Herodes”, que gobernaba el país cuando Jesús nació. Es el cruel monarca que, según Mateo, luego de recibir en Jerusalén a los Magos venidos de Oriente, ordenó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores buscando eliminar al Niño Dios. En cambio, durante la vida adulta de Jesús, quien gobernaba el país era un hijo del rey Herodes, llamado también Herodes, y con el sobrenombre de Antipas. Pero este Herodes no era “rey” sino sólo “tetrarca” (es decir, un título inferior al de rey; viene de “tetras” = cuatro, y “arqué” = gobernante; o sea, “el que gobierna la cuarta parte de un territorio”). Este “tetrarca Herodes” es quien hizo matar a Juan Bautista. Y más tarde participó en el juicio a Jesús (Lc 23,8-12). A este segundo Herodes, Mateo y Lucas lo llaman correctamente, es decir, “tetrarca” (Mt 14,1; Lc 3,1). En cambio Marcos lo llama “rey”, como su padre. Lo cual ha llevado a muchos lectores a confundirse, y a pensar que este Herodes de la vida adulta de Jesús es el mismo que el de la infancia.

Un tercer elemento dudoso del relato de Marcos es el motivo del arresto de Juan. Según el evangelista, Herodes Antipas lo arrestó porque el Bautista lo había criticado por su matrimonio irregular con Herodías (6,17). En efecto, en un viaje que Herodes Antipas hizo a Roma hacia el año 28, se alojó en casa de su medio hermano Herodes. Éste llevaba una vida privada tranquila en la capital del Imperio, viviendo como ciudadano común. Estaba casado con Herodías, mujer ambiciosa y de carácter, que no se resignaba a la oscura existencia que llevaba. Cuando Herodías y el poderoso Antipas se conocieron, se encendió la vanidad de ella y la pasión de él; y ambos se pusieron de acuerdo en que ella abandonaría a su marido de Roma y se iría con su cuñado; y que éste, apenas llegara a Galilea, despediría a su mujer. Este segundo matrimonio del tetrarca debió de producir gran escándalo e indignación en Galilea, ya que violaba abiertamente la Ley de Moisés (de Lv 20,21), que prohibía el casamiento con dos hermanos. Ahora bien, según Marcos, Juan el Bautista se atrevió a denunciar públicamente semejante inmoralidad, y por eso terminó con sus huesos en la cárcel.

Sin embargo, por Flavio Josefo sabemos que el motivo del encarcelamiento de Juan fue otro. El historiador judío escribe: “Grandes muchedumbres acudían a escuchar a Juan (el Bautista), debido a la enorme fuerza de atracción que ejercían sus palabras. Entonces Herodes tuvo miedo de que Juan aprovechara esta extraordinaria influencia que tenía para incitar a sus seguidores a una rebelión, pues parecía que todo el mundo hacía caso a sus palabras. Y consideró que era mejor eliminarlo a tiempo, antes que tener que lamentar más tarde las revueltas que este hombre peligroso pudiera ocasionar. Y de ese modo Juan, a causa de esta sospecha, fue encadenado y conducido a la fortaleza de Maqueronte, en donde fue ejecutado” (Antigüedades Judías, 18,5). Según Marcos, entonces, el motivo de la prisión del Bautista fueron sus críticas al segundo matrimonio del gobernante. Según Flavio Josefo, fueron los temores de Antipas a una rebelión.

La versión de Josefo parece más apropiada. Porque si bien Juan pudo haber criticado a Herodes por su situación matrimonial ilícita, como afirma Marcos, el tetrarca debió de haber tenido motivos mucho más graves para hacer encarcelar a alguien tan popular y querido por el pueblo, con el riesgo que eso significaba. Además, el mismo Marcos cuenta que Herodes frecuentaba al prisionero para oírlo, y que lo escuchaba con agrado (Mc 6,20). ¿Cómo Herodes podía escuchar con agrado a alguien que lo trataba de inmoral y pervertido? ¿Y cómo Juan accedía a platicar apaciblemente con él? Un cuarto elemento dudoso del relato evangélico es el extraño proceder de Herodes. En efecto, en el versículo 17 leemos que el tetrarca mandó a encerrar al Bautista sin consideración alguna; y que no sólo lo encarceló, sino que lo tenía “encadenado”. Pero a partir del versículo 19 el cuadro cambia. Ahora dice que era Herodías la que perseguía a Juan y quería matarlo. En cambio Herodes lo “admiraba”, lo consideraba “justo y santo”, lo “respetaba”. Incluso lo “protegía” y defendía de las asechanzas de su mujer (el verbo “synetêrei” significa literalmente “defender a alguien de daños y muerte”); la misma cárcel parece más una custodia protectora para Juan, que un suplicio.

Un quinto detalle problemático del evangelio es el lugar de la muerte de Juan. Marcos no dice dónde ocurrió; sólo señala que fue durante la fiesta de cumpleaños de Herodes Antipas. Pero por el contexto de su relato podemos deducir que fue en Galilea. En efecto, el evangelio dice que Antipas organizó su fiesta de cumpleaños “para los nobles, los oficiales y la gente importante de Galilea” (6,21). Lo cual resulta lógico, pues la ciudad de Tiberíades, en Galilea, era la capital donde vivía Antipas, donde tenía su palacio, y por lo tanto el lugar más adecuado para imaginar el festejo de su aniversario. Sin embargo, Flavio Josefo cuenta que Juan el Bautista no murió en la provincia de Galilea sino en la provincia de Perea, en una fortaleza llamada Maqueronte. Es que Herodes Antipas gobernaba sobre dos provincias: una era Galilea, al norte del país (en donde estaba la capital, Tiberíades), y la otra era Perea, al sudeste (en donde estaba la fortaleza de Maqueronte). Su jurisdicción era, pues, bastante incómoda, ya que gobernaba dos provincias separadas entre sí.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista

UN SANTO EN EL TITANIC

El Titanic no sólo albergaba a ricos, sino a un futuro santo. Esto será así si sigue adelante la campaña para beatificar al padre Byles, el sacerdote inglés que viajaba en el buque y que cuando éste empezó a hundirse se negó dos veces a ser rescatado para poder seguir estando con la gente. Rezó y estuvo con las víctimas hasta el final. El 14 de abril se han cumplido 103 años del hundimiento del Titanic en el que fallecieron 1.500 personas. El padre estaba en este barco porque iba a Nueva York a la boda de su hermano William.

En el barco había mayoritariamente cristianos (protestantes y católicos) y judíos, y el padre Byles prefirió asistirles espiritualmente –se le recuerda rezando el Rosario- a ser salvado. Es otro sacerdote inglés, el padre Graham Smith, de Saint Helen, en Chipping Ongar, condado inglés de Essex, quién está detrás de la petición para que Byles suba a los altares. Por ahora, el padre Smith pide a los fieles que invoquen al padre y en el caso que ocurra un milagro, se incoaría la causa de beatificación.

Una página web www.fatherbyles.com recoge la vida del padre Byles, así como sus escritos y los textos de su última misa, celebrada el día del hundimiento, el segundo domingo de Pascua del año 1912. La homilía es particularmente estremecedora: diserta sobre necesidad de un rescate espiritual mediante la oración y los sacramentos en caso de que se produzca un naufragio (físico o espiritual). Al cabo de pocas horas, el Titanic se hundió.

El padre Byles era hijo de un pastor congregacionalista y se convirtió al catolicismo en Oxford. Fue a estudiar a Roma y al regresar fue destinado a Saint Helen.

Fuente:
www.aleteia.org/es

TOMÁS MORO

Nació en Londres (Inglaterra) el 7 de febrero de 1478, hijo de John More, mayordomo del Lincoln's Inn, jurista y posteriormente nombrado caballero y juez de la curia real. En 1486, tras cinco años de enseñanza primaria en el Saint Anthony School, considerada la mejor escuela de gramática de Londres, además de la única gratuita, fue conducido según la costumbre entre las buenas familias al Palacio de Lambeth, donde sirvió como paje del cardenal John Morton, arzobispo de Canterbury y lord canciller de Inglaterra. Con catorce años, Tomás Moro ingresa en 1492 en el Canterbury College de la Universidad de Oxford, donde pasa dos años estudiando la doctrina escolástica que allí se impartía y perfeccionando su retórica. Sin embargo, Moro se marchó de Oxford dos años después sin graduarse y en 1494 se dedicó a estudiar leyes en el New Inn de Londres y posteriormente en el Lincoln's Inn, institución en la que había trabajado su padre. Posiblemente durante esta época aprendió el francés, necesario tanto para las cortes de justicia inglesas como para el trabajo diplomático, uniéndose este idioma al inglés y latín ya aprendidos durante sus estudios primarios.

En torno a 1497, comienza a escribir poesías, con una ironía que le valió cierta fama y reconocimiento. En esta época tiene sus primeros encuentros con los precursores del Renacimiento, conociendo a Erasmo de Rotterdam, con quien entablaría amistad, y a John Skelton. Hacia 1501 ingresó en la Tercera orden de San Francisco, viviendo como laico en un convento cartujo hasta 1504. Allí se dedicaría al estudio religioso y alrededor de 1501 traduciría epigramas griegos al latín y comentaría De civitate Dei, de San Agustín. A través de los humanistas ingleses tiene contacto con Italia. Tras realizar una traducción (publicada en 1510) de una biografía de Giovanni Pico della Mirandola escrita por su sobrino Gianfrancesco, quedó prendado del sentimiento de la obra que adoptó para sí, y que marcaría definitivamente el curso de su vida.

Al abandonar la Orden de los Cartujos, en 1505, contrae matrimonio con Jane Colt y ese mismo año nace su hija Margaret, quien sería su discípula. Habiendo abandonado la Orden de los Cartujos, recibido en leyes, ejerce como abogado con éxito, en parte gracias a su preocupación por la justicia y la equidad; más tarde sería juez de pleitos civiles y profesor de Derecho. En 1506 nace su segunda hija, Elizabeth. Ese año traduce al latín Luciano en compañía de Erasmo. Un año más tarde nace Cecily, su tercera hija. Tomás Moro es pensionado y mayordomo en el Lincoln's Inn, donde realiza conferencias entre 1511 y 1516. En 1509 nace su hijo John. Moro participa en gestiones entre grandes compañías de Londres y Amberes. Ese mismo año escribe poemas para la coronación de Enrique VIII. En 1510 es nombrado miembro del parlamento y vicesheriff de Londres. Un año más tarde muere su esposa Jane y se casa con Alice Middleton, viuda siete años mayor que Moro y con una hija, Alice.

En 1513 escribe History of King Richard III, libro que inspirará al personaje de William Shakespeare. En 1515 es enviado a una embajada comercial en Flandes. Ese año escribe el libro segundo de Utopía. Un año más tarde escribe el libro primero de Utopía y la obra completa es publicada en Lovaina. En 1517 es enviado a Calais para resolver problemas mercantiles. En 1524 es nombrado Administrador de la Universidad de Oxford; en 1525 Administrador de la Universidad de Cambridge y Canciller de Lancaster. En 1528 el obispo de Londres le permite leer libros heréticos para refutarlos. En 1530 no firma la carta de nobles y prelados que solicita del papa la anulación del matrimonio real. En 1532 renuncia a su cargo de canciller. En 1534 se niega a firmar el Acta de Supremacía que representa repudio a la supremacía papal. El Acta establece condena a quienes no la acepten y el 17 de abril del mismo año es encarcelado. Un año más tarde es decapitado, el 6 de julio de 1535.

Tomás Moro fue beatificado junto a otros 53 mártires (entre ellos John Fisher) por el papa León XIII en 1886, y finalmente proclamado santo por la Iglesia Católica el 19 de mayo de 1935 (junto a John Fisher), por el Papa Pío XI. Juan Pablo II, el 31 de octubre del año 2000, lo proclamó patrón de los políticos y los gobernantes, respondiendo así a la demanda que, en 1985, le presentó el Presidente de la República Italiana, Francesco Cossiga, y que recogió centenares de firmas de jefes de Gobierno y de Estado, parlamentarios y políticos. Mantuvo hasta el final su sentido del humor, confiando plenamente en el Dios misericordioso que le recibiría al cruzar el umbral de la muerte. Mientras subía al cadalso se dirigió al verdugo en estos términos: “¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo”. Luego, al arrodillarse dijo: “Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte”. Finalmente, ya apartando su ironía, se dirigió a los presentes: “Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios”.

martes, 16 de junio de 2015

IL VOLO SANREMO GRANDE AMORE

El álbum elegido para el programa de esta semana es: Il Volo con Grande amore

Il Volo con Grande amore ha sido el gran triunfador del 65º Festival Della Canzone Italiana, el popularmente conocido como Sanremo, y representarán a Italia en Eurovisión 2015. El trio se impuso en la súper final a Nek, multipremiado en las numerosas categorías del certamen, y a Malika Ayane, la gran sorpresa de la noche. El ganador de Sanremo 2015 tenía, por primera vez en 49 años, el derecho a representar a Italia en Eurovisión si aceptaba la invitación de la RAI. La gala ha estado formada por 16 participantes entre los que se encontraba Nina Zilli (Italia 2012) siendo la única eurovisiva en competición tras la eliminación en semifinales de Lara Fabian (Luxemburgo 1988) y Raf (Italia 1987). Un sistema mixto de puntuación de televoto (40%), jurado experto (30%) y jurado demoscópico (30%) ha sido el encargado de decidir el ganador en dos rondas de votación, la primera para elegir a los tres superfinalistas, y la segunda para seleccionar el vencedor.

Malika Ayane fue la opción favorita de los jueces expertos y Nek la propuesta preferida del panel demoscópico mientas que Il Volo arrasaron entre los espectadores con el 56.2% de los votos lo que determinó su victoria. Sanremo 2015 ha barrido en audiencia con un seguimiento medio en sus cinco galas de 10.829.000 espectadores y un 48.5% de share y un espectacular 54,2% y 11.843.000 en su gran final. El 65º Festival Della Canzone Italiana ha recibido numerosos elogios por la calidad de sus candidaturas, la mejor cosecha de los últimos años, así como a sus medios audiovisuales y técnicos, especialmente a su sobresaliente orquesta, lo cual lo convierte en uno de los grandes espectáculos musicales del mundo. Las críticas se centraron, una vez más, en la duración y el ritmo de la gala aunque Sanremo, sin su maratoniana escaleta, no sería Sanremo.

La gran final de Sanremo 2015 ha sido presentada por Carlo Conti, Arisa, Emma Marrone (Italia 2014) y Rocío Muñoz desde el Teatro Ariston de Sanremo a partir de las 20:50 CET. Nek e Il Volo partían como grandes favoritos al trofeo en las encuestas seguidos por otros artistas como Annalisa, Chiara, Dear Jack, Lorenzo Fragola o Nesli que aspiraban a dar la sorpresa. Italia, como miembro del Big 5, participará directamente en la gran final de Eurovisión el próximo sábado 23 de mayo en Viena, Austria.

Material gentileza de Jazz46
Para pedidos: jazz46@redesdelsur.com

Historia del Sagrado Corazón de Jesús - 1º Parte

El Sagrado Corazón es la devoción que en la Iglesia católica refiérese al corazón físico de Jesús de Nazaret, como un símbolo de amor divino. Esta devoción al enfocarse en el corazón de Jesús, de forma metafórica se refiere a la vida emocional y moral de Jesús, especialmente a su amor por la humanidad. Es simbolizado por una corona de espinas y heridas, simboliza en gran parte el amor y el dolor de Cristo hacia las personas que él no pudo salvar.

Tiene su origen medieval, siendo los escritos de santa Matilde de Hackeborn, santa Gertrudis de Helfta y la beata Ángela de Foligno uno de los testimonios más antiguos. Sin embargo la fuente más importante de la devoción en la forma en que la conocemos ahora, fue Santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación de Santa María, a quien Jesús se le apareció. En estas apariciones Jesús le dijo que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían algunas gracias divinas.

El confesor de Santa Margarita María Alacoque fue San Claudio de la Colombiere, quién creyendo en las revelaciones místicas que recibía, propagó la devoción. Los jesuitas aportaron lo suyo y propagaron la devoción por el mundo a través de los miembros de la compañía. A pesar de las controversias y de los opositores, entre ellos los jansenistas. A mediados del Siglo XX, el capuchino Italiano San Pío de Pietrelcina, y el Beato León Dehon promovieron y revivieron el concepto de la oración dirigida al Sagrado Corazón de Jesús.

Siguiendo una revisión teológica, el Papa León XIII en su encíclica Annum Sacrum (25 de mayo de 1899) dijo que la humanidad en su totalidad debería ser consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, declarando su consagración el 11 de junio del mismo año. Pío XII desarrolla en su encíclica Hauretis Aquas el culto al Sagrado Corazón que queda en parte plasmado en el siguiente punto del Catecismo de la Iglesia Católica:

En el punto 478 que "Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), "es considerado como el principal indicador y símbolo...del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres" (Pío XII, Enc."Haurietis aquas": DS 3924; cf. DS 3812).

TRES BESOS IMPORTANTES...

La Biblia habla de tres tipos de besos: el beso de lealtad, el beso de amistad y el beso de amor. Examinaremos cada uno brevemente.

EL BESO DE LEALTAD

Este tipo de beso indica el respeto hacia una figura de autoridad, como un rey o un gobernante. Después de ungir al rey Saúl de Israel, el profeta Samuel “lo besó” como signo de respeto (1 Samuel 10-1).

El beso de lealtad lo encontramos también en la práctica de la idolatría. Hablando de esta práctica pecaminosa, Oseas escribió: “Ahora siguen pecando: se fabrican estatuas de metal fundido, hacen con su plata ídolos de su invención. ¡Obra de artesanos es todo eso! Luego dicen: «Ofrézcanles sacrificios». ¡Hombres besan a terneros!” (Oseas 13-2).

Después de haber observado a gente besando a ídolos —ya que todo lo ve (Job 34:21) —, Dios le dijo a Elías (quién creía que era el único que servía a Dios): “Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron” (1 Reyes 19-18).

De todos los tipos de besos mencionados en la Biblia, el beso de lealtad es, sin duda alguna, el más importante de todos. Al resumir las instrucciones de Dios en dos mandamientos grandes: “Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas” (Marcos 12-29,30).

Si damos nuestra lealtad a Dios, Sus instrucciones guiarán las decisiones que tomamos acerca de los otros tipos de besos.

EL BESO DE AMISTAD

En el Antiguo Testamento, el beso era una forma común de demostrar  amistad. Los padres besaban a sus hijos (Génesis 27-27) y hay numerosos ejemplos de parientes que se saludaban o se despedían con un beso (Génesis 29-10,15; 31-55; 33-4; 45-15; Éxodo 18-7; Ruth 1-9). Este tipo de beso no romántico se ofrecía a todos los miembros de la familia extendida.

Además de los parientes que se besaban, también era costumbre besarse entre amigos (véase el ejemplo de David y Jonatán en 1 Samuel 20-41). “Cuando el servidor partió, David subió del lado del sur y se postró tres veces con el rostro en tierra. Después, uno y otro se abrazaron llorando, hasta que la pena de David creció más todavía” Siguiendo esta tradición de dar un beso como signo de amistad, Pablo alentaba a los hermanos cristianos del Nuevo Testamento a saludarse con un beso santo (Romanos 16-16; 1 Corintios 16-20). Por supuesto, esto no era solamente una tradición; era el seguimiento de la enseñanza de Cristo según el cual los hermanos espirituales deben amarse los unos a los otros (Juan 13-34, 35). Era un signo del amor de Cristo mutuamente compartido y de la paz y armonía que aportó a su vida.

EL BESO DE AMOR

El beso de amor es una experiencia apasionada que, muchas veces, estimula el deseo de tener más intimidad. En vez de un beso en la mejilla como uno lo daría a un amigo o a una amiga, este tipo de beso se da habitualmente en los labios. Como la novia del Cantar de los Cantares proclama: “¡Que me bese ardientemente con su boca! Porque tus amores son más deliciosos que el vino” (Cantar 1,2).

Debido a que este tipo de besos a menudo da lugar a una actividad sexual (Proverbios 7), este tipo de besos se debe reservar para el matrimonio. Como lo aconseja el Cantar de los Cantares 2:7, “¡Júrenme, hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertarán ni desvelarán a mi amor, hasta que ella quiera!” El mejor momento para aprender a besar de esta forma es estando casados. Como acabamos de ver, besar es un asunto bastante importante.

Nuestra Señora de la Consolata

La devoción a Nuestra Señora de la Consolata nació en Turín (Italia) en los primeros siglos del cristianismo. Cuenta la tradición que fue San Eusebio desterrado a Palestina por el emperador Constancio, en el año 354 quien al regresar, le trajo a su amigo San Máximo, una imagen de la Virgen María que -según se decía- había pintado San Lucas. Máximo colocó el cuadro en una capilla, al lado de una iglesia dedicada a San Andrés, y así, el pueblo de Turín comenzó a venerar a la Virgen María bajo el título de Consoladora que, en la expresión popular devino en Consolata.

Los obispos de aquel pueblo confiaron la imagen de la Consolata a los Padres Benedictinos en el año 840, dos acontecimientos contribuyeron a su desaparición. Primero, hubo que esconderla, debido a la persecución y destrucción de imágenes por parte de los iconoclastas. Una guerra, que destruyó el templo de San Andrés y la capilla donde estaba, sepultándola bajo los escombros y en el olvido. Pero permaneció viva en la memoria de sus fieles. Y muchos años más tarde, Arduino, por un tiempo rey de Italia, erigió una capilla para la Virgen Consolota, en agradecimiento a una curación milagrosa y respondiendo al pedido que la misma Señora le había expresado en una visión. Pero también esta capilla fue destruida y la imagen desapareció por segunda vez.

En el año 1104, la Virgen se le apareció a un ciego en Briançon, Francia. Era Jean Ravais (o Ravache), a quien le prometió devolverle la vista cuando llegara al lugar que Ella le indicaría, y donde encontraría la imagen perdida. Jean Ravais así lo hizo y luego de un largo viaje llegó a Turín. El lugar indicado por la Virgen era la torre de una Iglesia destruida. El 20 de junio, en presencia del obispo, sus sacerdotes y el pueblo, comenzaron las excavaciones. De pronto la imagen perdida apareció debajo de las ruinas. Fue el obispo quien la sacó de entre los escombros y la expuso a la vista de todo el pueblo allí congregado, exclamado: "¡Ruega por nosotros, Virgen Consoladora!", A lo que la gente respondió: "Intercede por tu pueblo" y en ese momento, Jean Ravais recobró la vista. Ante ese hecho cada 20 de junio se celebra el día de la Virgen Consolata. Poco a poco el pueblo turinés le construyó a su Patrona un santuario maravilloso, lleno de devoción y de arte que a lo largo de siglos reunió a sus hijos para encontrar consuelo y fuerza en los momentos de mayor dolor.

El cuadro de la Virgen Consolata es un lienzo pintado con estilo de "ícono" oriental-bizantino. Arte sacro, que representa los valores espirituales más que la belleza física exterior. Arte simbólico más que realista. Es de autor desconocido, pero rico en enseñanzas de devoción a la Virgen. Contemplando la imagen impresionan los dos rostros. El de María refleja una leve tristeza templada de suave esperanza. Tiene la mirada dirigida a quienes la miran, como infundiéndoles sus mismos pensamientos, y la cabeza inclinada levemente hacia Jesús, fuente y causa de todas sus grandezas, consuelo de la Humanidad.

La mano derecha contra el pecho pareciera indicar que asume como propias todas las penas de sus hijos, tarea maternal como consoladora de los afligidos. María Consolata nos presenta a Jesús, sentado sobre el brazo izquierdo de su Madre, lado del corazón. María sostiene a su Hijo, lo cuida como Madre, lo custodia, pero no lo retiene para sí. El vínculo de unión entre ellos son las dos manos izquierdas, levemente unidas, que expresan la unidad llena de cariño y de respeto, símbolo del amor más bello que une el corazón de Dios al corazón de una criatura.

El Niño con su mano derecha bendice al mundo a la manera oriental: dos dedos alzados (que significan las dos naturalezas de Cristo, humana y divina), y los otros tres doblados (que indican la Trinidad). Fiel al arte iconográfico, la imagen tiene en cuenta los colores: el manto de la Virgen es de un azul intenso que indica su gloria en el cielo; el borde dorado simboliza su participación en la gloria de Dios; el rojo, expresa la realeza: la de María, Reina de todo lo Creado y la de Jesús. Las tres estrellas sobre el manto de la Virgen (una de ellas oculta por la figura del Niño), son signo de la virginidad de María antes, durante y después de la concepción de Jesús.

El anillo en su dedo es expresión de autoridad y poder: Ella es la Madre del Salvador, vencedora de todo mal. Por último, las dos aureolas que manifiestan la santidad y la gloria de Cristo y de María obtenida por medio de la cruz. En definitiva, el cuadro presenta a María y su Hijo estrechamente unidos: quien encuentra a María, encuentra a Jesús, y quien encuentra al Hijo encuentra a la Madre.

miércoles, 10 de junio de 2015

¿Quiénes estuvieron presentes el día de Pentecostés? - Segunda Parte

Al morir Jesús, traicionado por Judas, los Once que quedaban pensaron que el movimiento fundado por el Nazareno había fracasado. Pero un día, mientras los Once estaban rezando junto a algunas mujeres y familiares de Jesús (es decir, los integrantes de la primera reunión), sucedió Pentecostés. O sea, se sintieron invadidos por una fuerza grandiosa y potente, que los llenaba de ímpetu y energía. Y animados por ella, salieron por todas partes a predicar la Buena Noticia. Después de Pentecostés, los Once, al ver crecer la comunidad, y con la intención de organizarse mejor, decidieron restaurar el antiguo grupo de los Doce. Así, en medio de una asamblea de 120 hermanos invocaron al Espíritu Santo y eligieron como nuevo integrante del grupo a Matías. Por lo tanto, primero debió haber ocurrido Pentecostés, y después la reunión de los apóstoles y los 120 para reconstruir el grupo de los Doce. Más tarde, cuando Lucas escribió el libro de Los Hechos, pensó que si contaba así las cosas sólo aparecerían Once Apóstoles recibiendo el Espíritu Santo. 

Y para él resultaba inadmisible que en un acontecimiento fundamental como ése no estuvieran presentes los Doce. Por eso decidió tomar la elección de Matías (sucedida después de Pentecostés) y contarla antes, a fin de que el grupo de los Doce ya estuviera completo cuando bajara el Espíritu Santo. La intención de Lucas, pues, en el libro de Los Hechos, no es la de relatar aquel suceso histórico, sino decir a los lectores que la Iglesia toda, simbolizada en el grupo de los Doce, estuvo íntegra y completa el día en que recibió la luz y la fuerza del Espíritu fundador.

Podemos concluir lo siguiente: luego de la muerte y resurrección de Jesús, un pequeño grupo de sus seguidores se mantuvo unido, perseverando firmemente en la oración comunitaria. Es el grupo que llamamos “de la reunión ordinaria” (de Hech 1, 13-14), formado por los Once Apóstoles, algunas mujeres que habían venido desde Galilea, y la familia de Jesús, con su madre y sus hermanos. Este grupo fue el que vivió la experiencia que llamamos Pentecostés (contada en Hech 2, 1-4). Pero el genio teológico de Lucas decidió colocar antes la “reunión extraordinaria” de los Doce con los 120 hermanos (Hech 1, 15-26). De esta manera, el suceso de Pentecostés quedaba como ocurrido en presencia de los Doce. La presencia, pues, de los Doce en Pentecostés no es una presencia “histórica” sino una presencia “teológica”, es decir, encierra un mensaje religioso.

Lucas quiso decirnos que la Iglesia cristiana, nacida en Pentecostés, es el nuevo pueblo de Dios, heredero y continuador del antiguo pueblo de Israel, y que toda ella goza de la garantía del Espíritu Santo. Por eso vemos en el libro de Los Hechos que, cuando más tarde vuelve a quedar incompleto el grupo de los Doce por la muerte de otros apóstoles, ya no se eligen reemplazantes. Porque el grupo hacía falta completo sólo para Pentecostés, para el inicio de la Iglesia, nada más. Está bien que en los cuadros, imágenes y pinturas de Pentecostés coloquemos a los Doce Apóstoles recibiendo el Espíritu Santo (y no a los Once, como probablemente sucedió), porque lo que importa es que el arte cristiano sea fiel a la teología, al mensaje religioso. Pero si ponemos a los Doce, no debemos olvidar que Lucas también puso, en su libro, a otros 120 hermanos recibiendo el Espíritu Santo ese día.

Y éstos lamentablemente jamás han aparecido en las representaciones artísticas. Si según Lucas en Pentecostés estaban “todos reunidos”, ¿cómo ignorar que para él estaban también los 120 hermanos? Si insertamos a los Doce en el escenario pentecostal, ¿cómo dejar afuera a los 120? Éste ha sido un grave error de la tradición iconográfica de la Iglesia. Porque estos 120 hermanos, que aparecen compartiendo junto a los Doce la vivencia de Pentecostés, representan a los miembros de a pie de la comunidad, es decir, a lo que llamamos la “base”, el pueblo simple y sencillo. De modo que, así como en Pentecostés la jerarquía estuvo representada por los Doce, la base de la comunidad estuvo representada por los 120 hermanos. El haber excluido a éstos de aquella experiencia pentecostal ha llevado a muchos a pensar erróneamente que “la Iglesia” es solamente la jerarquía. Para Lucas, el mismo día que nacía la Iglesia ya estaban germinalmente presentes los dos estamentos: la jerarquía y la base de la comunidad.

En Pentecostés, porque estaban “todos” reunidos, el poder del Espíritu Santo invadió con tal fuerza a la comunidad que ésta tuvo valor para lanzarse a predicar el Evangelio, a conquistar el mundo, y hasta a dar la vida por Jesucristo. Hoy vemos con tristeza cómo muchas de nuestras comunidades languidecen, llevando una vida mortecina, apagada, disminuida, con fuerzas apenas para subsistir, en medio de la indiferencia general del mundo que las rodea. ¿Qué ha pasado? ¿Qué les sucede a nuestras comunidades? La respuesta es sencilla: no estamos “todos” reunidos. En muchos lugares la jerarquía y el laicado se ignoran, los grupos y movimientos están enfrentados por rencillas insignificantes, las instituciones y los agentes de pastoral ven fagocitadas sus fuerzas y consumidas sus energías en peleas por cuestiones triviales. Quizá por eso el Espíritu Santo, presente sin duda en ellas, no puede actuar de manera eficaz. Choca contra la indolencia y la cerrazón de la comunidad.

Para que el Espíritu vuelva a actuar con el ímpetu pentecostal es necesario que estemos otra vez “todos” reunidos, sin divisiones ni discriminaciones, deponiendo las actitudes exclusivistas y autoritarias, abiertos al Espíritu de Cristo, para que Él nos muestre qué debemos hacer. Lucas sólo introdujo el Espíritu de Pentecostés cuando toda la comunidad estuvo reunida, sin que faltara ninguno. Hay que trabajar cuanto antes para lograr esta unión. Así el Espíritu dinamizará otra vez nuestras comunidades. Y podremos salir, como en aquel antiguo Pentecostés, a dar la vida en serio como testigos de Jesucristo.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista